*La confusión anticipa el cambio

El gobierno neuquino está en plena transición, desde el federalismo de concertación hacia el federalismo rugoso más tradicional. El largo conflicto docente, una historia de insatisfacciones. El dilema salarial ¿tiene solución? Disparates en el ISSN.
Es evidente que el gobierno neuquino pasa por una etapa de transición llena de dudas. Es un quiebre entre una situación que fue inaugural y con muchas expectativas, de progresiva asunción de la realidad siempre ingrata, y de conclusión parcial en una reversión de algunas políticas y fuga hacia delante en otras.

En esa fuga hacia delante, se incluye el inexorable abandono formal de la Concertación K, algo que se cocina a fuego lento y que entra en el hervor cada vez que el gobierno nacional desilusiona expectativas.

Es prácticamente lo único que explica el nivel de confusión que se verifica en decisiones y actitudes en los distintos niveles de la compleja administración pública, que se ven acrecentados fundamentalmente por dos factores: la renovación política que proyectan las internas, y la presión ejercida por los sindicatos estatales, ya jugados desembozadamente a conquistar mayor margen de poder en esa administración del Estado.

Como ha ocurrido históricamente, el conflicto docente es el gran catalizador de las energías que pugnan por conducir el modelo de concentración económica en el Estado que emblematiza Neuquén. Los sindicatos no juegan un rol de transformación revolucionaria de esta realidad, sino al revés: son esencialmente conservadores, ya que procuran robustecer la matriz estatal omnipresente.

Cuánto más hace el MPN por modificar su propia concepción estatista, más se enfrenta con los gremios estatales.

En la Educación neuquina, las estadísticas son reveladoras de un desastre perpetrado en nombre de lo público y gratuito. A medida que se incrementó el nivel de inversión estatal en la educación, el sistema fue expulsando alumnos. Proporción inversa: más gastos, menos contención.

Es un factor que debería analizarse más cuidadosamente, despojándolo de neblinas ideológicas acuñadas en los clichés de una sociedad altamente hipócrita. Probablemente, la conclusión que puede sacarse es que en todos estos años se ha protegido el estatus quo de maestros y funcionarios, pero no el de los alumnos.

Los maestros tienen su gremio, poderoso, que es ATEN. El Estado tiene su estructura de poder, construida con paciencia burocrática a lo largo de 52 años, armada a un nivel prácticamente intocable, impune y sin control. Los alumnos no tienen sindicato ni corporación organizada. Muchas veces, sus propios padres alimentan el pecado original de esta concepción de que la escuela es una dependencia al servicio de los trabajadores y de sus ocasionales patrones, en la que el alumno es una especie de mercadería, un stock que baja o sube el precio de las transacciones.

Lo cierto y más actual es que en esta relación tan poco reglamentada, que no tiene convenio colectivo ni sistema de paritarias, sino de un lado asambleas y del otro una caja resguardada con candado por el gobernante de turno, es que se entró en el callejón cada vez más estrecho de los conflictos largos.

Las paredes se angostan, y las dos partes comienzan a perder. El gobierno hizo trizas su única herramienta, que era la legalidad, al dar por concluida culposamente la conciliación obligatoria que Trabajo provincial había dictado, y que el Ministerio nacional había respaldado, como un gesto (amarrete) del Estado K hacia una provincia que más que gestos políticos le está reclamando plata.

La puesta en escena de una eventual sanción al sindicato, con quita de personería, es un fantasma que ya se usó antes, pero que difícilmente se encarne en la realidad. Sobre todo después de permitir que se establezca una negociación oficial sin que se acepte la conciliación.

Así, el gremio pudo mostrar como un éxito relativo la reunión del viernes. Mantuvo su rechazo y salvó el honor. Pero no escapa de la lógica del conflicto largo. La sombra oscura del 2007 es el fantasma real. Aquel año, sólo la muerte de Carlos Fuentealba cerró una disparatada espiral de enfrentamiento en el que ninguna de las partes quería dar el brazo a torcer.

La lógica económica indica que el aumento posible oscile entre el 10 y el 15 por ciento. Así lo acordaron municipios importantes como Neuquén y Cipolletti. Así lo acaban de firmar en Tierra del Fuego. Es un acuerdo posible, sujeto a los vaivenes de la inflación nacional.

Pero en el gobierno no hay certezas de cómo enfrentar esta situación. Porque arreglar con ATEN sería un paso importante, pero no a costa de pulverizar el presupuesto con un aumento igualmente proporcional de toda la masa salarial.

Desafortunadamente, será difícil esquivar el fatalismo. Cualquier opción será interpretada como un ajuste. En el actual contexto político, suficiente como para que el sector opositor peronista K, UNE, el radicalismo K y otros satélites de esta misma órbita, hagan una churrasqueada olorosa con el MPN y su "modelo agotado".

Es una situación perversa: el MPN no quiere hacer ajuste, mucho menos obligado por un gobierno nacional que esquilma a las provincias con el discurso de que "jamás usaremos el ajuste" como método, y para beneficiar al sector político que usa de pantalla esa generosa K gigante a la que se siente poco en el corazón pero mucho en el bolsillo.

Sapag está así atrapado por dos frentes de la misma batalla. Los sindicatos juegan a la política, y la política juega al sindicalismo. Es la única confluencia para un gobierno que ha cambiado de eslogan justo en el momento en que la sociedad apunta a la divergencia de las opciones, antes que al amontonamiento en una sola jugada.

Por eso el gobierno tiene comportamientos raros. En la semana que pasó, el funcionario Facundo Gaitán firmó, según el gremio UPCN, dos actas con distintos sectores (una con los porteros, otra en Desarrollo Social). En una rechazó una mesa salarial única. En la otra, la avaló y le puso fecha: el miércoles 5. Los dos comportamientos se dieron el mismo día, con diferencia de horas.

En el ISSN, el gobierno permitió que los sindicatos pudieran mostrar como el trofeo del triunfo la no renovación del contrato con Conexia. Enarbolando la bandera contra la corrupción y el gasto que se va hacia empresas privadas (lo que para los sindicatos es un pecado mortal), que es de 4 millones de pesos al año según los mismos sindicalistas dicen, se entrará en una situación que puede durar hasta dos años, de un increíble pero cierto retorno al papeleo manual de cualquier trámite que los usuarios tengan que hacer con su obra social.

Este drástico retorno a un sistema APC (antes de la PC) se justifica en que había que destruir la corrupta tarjeta Confiable, y en que se demorará en poner en marcha un sistema más o menos parecido, pero con software made in casa, es decir, hecho desde el propio Estado.

Entre la expulsión de un sistema y la aplicación del otro se demorará lo suficiente como para perjudicar seriamente a los afiliados. Es decir, a los propios empleados públicos que tanto el gobierno como los gremios dicen representar y defender.

No necesariamente esta historia debería haber tenido este final. El sentido común indica que podría haberse cambiado de empresa sin producir una hecatombe. Pero el sentido trágico de la vida en el planeta estatal necesita el escarmiento, la expiación del pecado original.

Estas cosas ocurren en medio de un vendaval político en el que se intenta transmitir a los ciudadanos que lo que está en juego (¡otra vez!) es un modelo "agotado" que necesita un cambio, o por lo menos una renovación. Este vendaval lo único que consigue, o ha conseguido hasta ahora, es inmovilizar.

Las escuelas no funcionan. Los hospitales lo hacen deficientemente. El transporte en Neuquén sigue sin licitarse, con una prórroga no avalada por el Deliberante. Los lavacoches siguen gastando agua y los caños del EPAS revientan todos los días. El estacionamiento medido sigue sin licitarse. Los accesos al tercer puente siguen sin construirse. El acueducto Mari Menuco-Neuquén sigue sin regar la meseta y sin poder inaugurarse plenamente. Cutral Co espera a la selección de Maradona mientras la cerámica Estefani agoniza. Los feriantes de la Vuelta de Obligado tienen monotributo, y anticipan lo que puede pasar con los lavacoches (¿futuros monotributistas?).

Neuquén deberá buscar salidas, este año y el que viene, que sólo la política puede otorgar. Pero antes, urgentemente, los políticos deberán definir planes de opciones diferenciadas, y salir de un menú en donde todo se parece, y donde nada satisface.

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