El actual jefe de la Policía bonaerense fue ratificado en la conducción de la fuerza. Baratta, el superintendente de Coordinación Operativa, también pasaría a ocupar un rol clave dentro de la institución. Así, el gobernador Scioli se apoyaría en dos uniformados de alto perfil
"He hablado con el nuevo ministro acerca de la conducción policial, y no de funciones políticas", se limitó a decir Paggi ante la consulta de Hoy, desmintiendo los rumores que lo daban como nuevo secretario de Seguridad. Y se excusó en dar más precisiones hasta tanto se reúna hoy, a las 10, con el flamante titular de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, que anoche lo confirmó en el cargo.
"Paggi está trabajando en la conformación de una cúpula homogénea", dijo el nuevo superministro, durante una entrevista realizada anoche en un programa de cable.
En ese contexto, según pudo saber Hoy, pasaría a ocupar un rol relevante dentro de la fuerza el superintendente de Coordinación Operativa, Salvador Baratta. No sería, con todo, una casualidad, sino la decisión del gobernador Daniel Scioli de renovarle la confianza a Paggi, un uniformado de alto perfil que se maneja con comodidad en el cuerpo a cuerpo con las cámaras de televisión. También representa un paso más de Scioli en dirección opuesta al modelo de conducción civil que había instrumentado Carlos Arslanián durante la administración Solá.
Aunque el titular de la cartera seguirá siendo un civil, Paggi, por su alto perfil y por su temperamento, difícilmente será un colaborador decorativo. Todo lo contrario: teniendo en cuenta, además, que Casal sabe más de justicia que de seguridad, Policía sería una suerte de ministro sin ministerio. Ergo: la política de seguridad quedaría en manos de un hombre de uniforme.
En el plan B, en tanto, reflota un nombre que circuló toda vez que el rumor de la salida de Stornelli se esparció por la Provincia: Luis Irimia, ex juez Correccional porteño, vuelve a sonar como candidato a ser secretario de Seguridad, pero por ahora está en el banco de suplentes. El ensayo de poner la seguridad en manos de hombres de la Justicia (el tándem Stornelli-Paul Starc) no funcionó bien.
Paggi no es un policía común. El hombre acredita una frondosa formación académica (estudió Ciencias Políticas, se capacitó en el exterior y dirigió las escuelas de la Bonaerense) y es un astuto relacionista público. Jamás ha perdido la calma para atender a la prensa en las situaciones límite que ha debido enfrentar. Pero, además, ha sabido construir relaciones de confianza con los periodistas en innumerables horas de amenas charlas informales.
Baratta tampoco evita las cámaras de TV en momentos de máxima tensión. De hecho, ha sido, en los últimos meses, el vocero de la Bonaerense en el fragor de los casos más resonantes. Es, además, un policía de acción que encaja en el perfil que Scioli le imprimió a su gestión.
Desde que lo convirtió en ministro, Scioli se quejó de la baja exposición mediática de Stornelli. Y se cansó de pedirle "que salga más", tanto como les pide a los demás ministros. "Hay que defender la gestión en todos lados", suele reclamar el mandatario en las reuniones con su gabinete. Con el ex fiscal, nunca lo logró. Con el trío Casal-Paggi-Baratta, está convencido de que no tropezará con la misma piedra.
El golpe de los barones
"A Stornelli lo volteamos nosotros". La frase es un arranque de honestidad brutal de un intendente del Conurbano que, despechado como tantos otros, no soportó el maltrato. Según confiesan en el gabinete provincial, los desplantes del (ex) ministro, que ni siquiera les atendía el teléfono a los jefes comunales, había deteriorado severamente la relación de los caciques territoriales con el titular de la cartera de Seguridad. Y eso ponía a Scioli en aprietos mucho más de lo que el mandatario ya podía soportar. Pero, como suele suceder, una gota rebasó el vaso de la paciencia de los barones. Y la del gobernador.
Desde el año pasado, el Gobierno nacional transfiere fondos a los municipios para la compra de patrulleros, cámaras de monitoreo, sistemas GPS y celulares para fortalecer las policías distritales. El plan federal contempla una segunda transferencia de recursos, pero, para que los municipios pudieran recibir esa nueva tanda de dinero fresco, debían antes justificar los gastos del primer envío. Sucedió que muchos jefes comunales usaron esas partidas para infraestructura que sirve a la prevención del delito pero no estaba contemplado en el plan original (alumbrado público, por ejemplo). Y cuentan que Stornelli se puso muy quisquilloso y se negó sistemáticamente a certificar esos gastos, con lo que trabó la llegada de más fondos a las comunas. "Los intendentes se le pararon de manos y le hicieron llover las quejas directamente a Scioli", señalan.
Harto, el gobernador debió gestionar una ampliación del convenio con la Nación para destrabar la situación. Pero la gestión de Stornelli ya tenía fecha de vencimiento. Según pudo saber Hoy, la salida del fiscal no fue tan intempestiva como se ha dicho y escrito hasta ahora, sino que sus términos habrían sido materia de negociación con el propio afectado durante las dos últimas semanas.
La mesa de los ministros
La alianza que manda en el gabinete provincial y terminó imponiéndose con el ascenso de Ricardo Casal al superministerio de Justicia y Seguridad, bien contada por Hoy en su edición de ayer, se traduce en una versión mucho más cajetilla y menos bohemia de la mesa de los galanes del Negro Fontanarrosa. Es la mesa de los ministros.
Todos los sábados a la mañana, despojado de sus carísimos trajes de día hábil pero sin prescindir de buenos suéteres sobre sus hombros y chombas de marcas exclusivas, Casal se entrega a relajadas charlas de café en Blis, el bar de Cantilo y Jorge Bell, la esquina más coqueta de City Bell, con sus colegas Alberto Pérez (jefe de Gabinete) y Mario Oporto (director general de Educación).
En el reducto que convoca a la crema de la sociedad citybellense (políticos, empresarios, rugbiers), las tertulias sabatinas suelen atraer a otros vecinos caracterizados de la zona, entre ellos, algunos legisladores y algunos periodistas amigos del poder que no se las pierden nunca.
Cruce de declaraciones entre Pérez y Stornelli
La sonrisa del jefe de Gabinete, Alberto Pérez, junto al flamante superministro Ricardo Casal, minutos después de que la Gobernación anunció a través de un comunicado de prensa la salida de Carlos Stornelli, reflejó su triunfo político. "Acá lo tienen, el nuevo ministro", dijo Pérez a un par de periodistas presentes.
Ayer, el jefe de Gabinete dejó traslucir su distanciamiento con Stornelli en declaraciones públicas. Si bien señaló que las cifras de la Procuración muestran que el delito "ha bajado", esa merma fue "insuficiente" para lo que pretende la gestión de Daniel Scioli. A la vez, Pérez derribó uno de los principales argumentos del ex ministro de Seguridad: "Además, no bajó el delito violento".
Stornelli, en cambio, había pintado otra realidad en la mañana de ayer. Señaló que su gestión al frente de la cartera de Seguridad deja "una policía rejerarquizada, con más transparencia, con menos delitos graves, con el índice más bajo de homicidios de los últimos diez años".
Más allá de que Stornelli destacó que el martes al mediodía mantuvo una charla amistosa con el gobernador, también dejó un indicio de los motivos de su salida o, al menos, de lo que a su entender motivó al mandatario provincial. "Yo de alguna manera veía venir la decisión, porque había llegado el cumplimiento de un ciclo. Daniel (Scioli) necesitaba otro perfil para la etapa que viene, que es más electoral", disparó. Sabido es que Stornelli no es un ministro especializado en las "relaciones públicas", una "virtud" con la que sí cuenta Casal.





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