Concentrarse en las variables locales para mantener el ritmo de crecimiento

Transcurridas las elecciones presidenciales, las turbulencias en el mercado financiero local parecieran no amainar. La demanda por dólares continuó siendo intensa y la incertidumbre pareciera no disiparse. Como es sabido, dentro de este panorama están influyendo tanto factores externos, como factores locales.
En el plano externo, la crisis de la Eurozona no encuentra un camino de resolución en el corto plazo, la economía estadounidense permanece estancada y Brasil --nuestro principal socio comercial-- disminuye mes a mes sus expectativas de expansión y devalúa progresivamente su moneda respecto al dólar. En este contexto, el precio internacional de las principales materias primas que exportamos se encuentra en baja.

En el plano local, la evolución de diversas variables clave de la economía marca una inconsistencia que genera niveles de incertidumbre cada vez más elevados hacia el futuro. En este sentido, se observa un desnivel difícil de sostener en el tiempo a través del comportamiento de variables “madre” de la economía: el nivel de devaluación del peso respecto al dólar pasó de 0,5% mensual entre enero y julio a casi 1% mensual entre agosto y octubre; la inflación en torno al 24% anual (para el promedio de diversas provincias con cifras no intervenidas); la expansión de los salarios formales promediando el 34% y la emisión monetaria creciendo al 38% en doce meses. Estos procesos sin duda enturbian las expectativas cambiarias.

En conjunto, las turbulencias internacionales y las inconsistencias macroeconómicas locales aceleran la demanda por moneda extranjera en el mercado financiero local. Esto se observa en el gráfico adjunto, que sintetiza la diferencia entre las divisas liquidadas por el conjunto de exportadores e industriales de cereales y oleaginosas (CiaraCec) y la compra-venta de dólares que realiza el central.

En este sentido, un resultado negativo de este indicador marca la “desacumulación” de divisas por parte del Banco Central, mientras que un resultado positivo o cercano a cero es compatible con una situación en la cual la autoridad monetaria logra hacerse de las divisas liquidadas por los exportadores.

Como se observa, para el acumulado mensual, la compra-venta de divisas por parte del BCRA ha sido cada vez más negativa, marcando la trayectoria en aumento de la fuga de capitales. Esto es, mientras que durante el primer trimestre del año rondaba los U$S 500 millones negativos mensuales, hoy se ubica en una salida de casi U$S4.000 millones mensuales.

La intensificación de la fuga de capitales tiene diversas consecuencias negativas. Entre las más relevantes se encuentra la dolarización de las carteras de los bancos y la suba de las tasas de interés a nivel local. Por un lado, los depósitos del sector privado en pesos han pasado de crecer al 38% interanual a mediados de año a 27% en octubre.

Por el otro, las colocaciones privadas denominadas en moneda norteamericana pasaron de expandirse al 10% interanual en junio a 17% este mes. Asimismo, la tasa de interés que pagan los bancos a los depositantes de plazos fijos en pesos minoristas pasaron de promediar 9,7% en la primera mitad de año a 13% este mes y, la de plazos fijos mayoristas (BADLAR) pasó de promediar 11,2% anual en el primer semestre a 20% durante octubre.

Como se mencionara en informes anteriores, si bien todavía no se observa un impacto sobre el mercado de crédito, es posible que el mismo se vea afectado por estos fenómenos en el corto plazo. De hecho, ya se observa un significativo aumento del costo de capitales en diversas líneas crediticias.

El futuro del mercado financiero local depende entonces tanto de la evolución de los vaivenes de las principales economías del mundo como de la dinámica de las variables locales mencionadas anteriormente. Este escenario plantea un desafío grande para las renovadas autoridades nacionales en el plano de la política económica.

Considerando que no hay mucho para hacer en el plano internacional ya que no depende de nosotros, las fuerzas deberían concentrarse en encausar la política monetaria, cambiaria y salarial, mediante un plan consistente que permita reacomodar las expectativas, reduciendo el nivel de incertidumbre si es que se desea continuar con el vigoroso ritmo de crecimiento de los últimos años.

Comentá la nota