Residen en las comunidades ubicadas al este de Tartagal, donde el verano pasado se produjo la muerte de al menos una decena de niños, como consecuencia de la desidia y la desatención de quienes,
Si bien el pronóstico del tiempo preveía para ayer una máxima de 41 grados, la realidad fue que a las 3 de la tarde el termómetro marcaba en Tartagal 46 impiadosos grados. Dos nenas de la misión Sachapera I jugaban con un chorrito de agua que salía del caño comunitario del patio de tierra de la humilde vivienda de Isabel, donde funcionaba el comedor infantil.
Pero como sucedió el verano pasado, y también el anterior, el comedor de la comunidad donde en febrero de este año murieron varios niños por desnutrición (deshidratación para los funcionarios de salud) a esta altura del mes dejó de funcionar. La razón es la misma de siempre: el dinero que envían desde Desarrollo Social de la Provincia no alcanza y, a pesar del esfuerzo de las humildes mujeres que estiran la mercadería lo más que pueden, solo sirve para la comida de dos semanas.
“Por todo lo que pasó (la difusión que en los medios de comunicación tuvo la muerte de niños aborígenes) nos aumentaron el importe que destinaban para el comedor; ahora recibimos $2.050 para 150 chicos, además de algunos abuelitos y mamás embarazadas que son muy pobres y que también vienen a este comedor. Pero igual no alcanza, así que damos comida dos semanas; ahora tenemos que esperar que llegue el próximo cheque, y así todos los meses”, explica Isabel, la mujer encargada del comedor de Sachapera I, comunidad que vive una realidad muy similar al resto de las misiones y barrios ubicados al este de Tartagal.
Como el comedor funciona de lunes a viernes, un chico, y con el importe que se envía, come con $1,30 diario, un poco más de los 0,70 centavos con los que comían hasta febrero pasado, como lo hizo público este medio. Pero el aumento en el precio de la mercadería y las verduras los dejan en la misma situación que antes.
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