Pese a la recuperación de los precios tras la crisis internacional, la Municipalidad no logra generar más volumen de materiales para vender y evitar ser enterrados. Las causas, están en la poca mano de obra que clasifica la basura domiciliaria en el Centro de Disposición final y la falta de automatización del sistema, con la construcción de una planta de clasificación.
Sin embargo, la falta de compromiso de la comunidad para clasificar los residuos domiciliarios en orgánicos e inorgánico, también hace más difícil al negocio a la hora de generar volumen para la venta.
Durante el 2007 cuando los precios de los materiales eran rentables, Higiene Urbana lograba vender un chasis por semana en promedio, lo que representaba un enorme impacto positivo para el medioambiente, al colocarse en el mercado 32 toneladas de residuos domiciliaria mensuales en fardos de cartón, papel, pet, diferentes tipos de plásticos, nylon y hasta chatarra.
Durante el 2009, en los meses de enero y febrero no se vendió materiales, para poder hacer acopio, mientras se esperaba que los precios internacionales se acomodaran.
Es así que desde marzo a diciembre se dejaron de enterrar 55.307 kg, lo que significa que un poco más de 55 toneladas dejaron de enterrarse, pero el volumen es insignificante si se tiene en cuenta las 320 toneladas que se lograron colocar en el mercado durante el mismo periodo en 2007.
María de los Ángeles Gómez, técnica en medioambiente, quien trabaja en la Dirección, explicó que durante el 2009 "se careció de continuidad en la venta debido a que se nos dificultaba trasladar el material desde el centro de Disposición Final hasta Higiene Urbana por las lluvias".
Otra variable de la caída del volumen de materiales para la venta, fue el desánimo de los cooperativistas, a raíz de la caída baja de los precios de los productos.
Si se toma como referencia el pet cristal que se utiliza para la elaboración de escobillones, cepillos y la industria textil, para abril de 2009 el precio se ubicaba en 0,80 centavos el kg, cuando en diciembre de 2007, donde fue el boom para la industria del reciclaje, el precio máximo que alcanzó el pet fue de 1,30 pesos el kilogramos, llegando a un pico de 1,47 pesos el kilo en 2008.
No obstante, el precio se fue recuperando a lo largo del 2009, ubicándose en 1,15 pesos para fin de ése año y en marzo último el pet, superó al precio del 2007 y se ubica en 1,56 pesos el kilo, sin embargo el volumen de materiales no se incrementa.
"Estamos mandando un camión con acoplado por mes a Buenos Aires, es el 50 por ciento menos de lo que se vendía antes", reconoció Gómez.
En este momento hay 13 cooperativistas trabajando, seis personas trabajan en el Centro de Disposición Final, a los que se los conoce como "botelleros", y son los responsables de hacer la separación primaria del material a reciclar.
Los siete restantes desempeñan sus actividades en el galpón de Higiene Urbana, quienes son los encargados de darme valor agregado a ese material, al separar los plásticos por color, las tapitas y hacer los fardos de cartón, botellas pláticas pet, nylon, materiales demandados por la industria del reciclaje.
El proyecto comenzó a madurar en 2005, la administración Irigoyen pretendía ahorrar costos operativos al evitar el enterramiento de la basura al poder vender el material inorgánico y convertir en compuesto el orgánico, destinado como alimentos para lombrices y venta de humus. Pero su principal implicancia era medioambiente.
El proceso fue lento, costó mucho poder concientizar a la gente para que separara la basura en su domicilio, proceso que aún pese a las constantes campañas no se ha podido revertir.
Para el 2007, Higiene Urbana logró que el emprendimiento de reciclado se capitalizara en herramientas de trabajo, al obtener recursos, mediante los productos vendidos a la industria del reciclaje. Con ese dinero se invirtió en la compra de una prensa hidráulica, una camioneta Chevrolet modelo 80, un tractor y un acoplado compactador que cumplía la función de retirar los residuos de los centros de transferencias del barrio Guevara y la Cuchilla.
Además, gracias a los recursos obtenidos por la venta del reciclado se gastaron 33 mil pesos en relleno sanitario en el basural, cuando el entonces director de Higiene Urbana, Silvio Baffico terminó de tapar la basura que no pudo reciclarse, por haber sido depositada antes de que se iniciara el programa ambiental de clasificación.
Al llegar la actual administración municipal, Higiene Urbana se desprendió del centro de Disposición Final. Por falta de equipamiento para ampliar el servicio de recolección domiciliaria a los barrios con frecuencia 6, el programa de separación de residuos domiciliarios quedó en "stand by" durante todo el 2008, para reanudarse en 2009.
El centro de Transferencias pasó a manos de la Dirección de Medioambiente, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad, quien se hizo cargo de brindarle el apoyo logístico a las cooperativas.
"Cuando mejor clasificación se hace más se va a pagar ese producto, no es lo mismo hacer un fardo de pet cristal, que mezclado entre cristal y verde, pero todo esto depende de las necesidades del comprador", remarcó Noelia Indart, directora de Medio Ambiente.
"Hoy con suerte vendemos dos chasis de camión por mes, lo que sucede es que los cooperativistas son un poco rehaceos a la incorporación de más gente al emprendimiento, nosotros tenemos que ser flexibles ante las decisiones de los cooperativistas, debido a que son una mini empresa, donde el Municipio les ayuda con la logística de venta al contratar a los compradores y el transporte del producto".
Debido a la baja en la rentabilidad por la caída de los precios y el volumen a reciclar, los cooperativistas no quieren incorporar más gente al emprendimiento, debido a que el reparto de las ganancias se deberá hacer también con los nuevos socios que ingresen a la cooperativa.
De la venta que se cierran, el 60 por ciento se distribuyen entre los miembros de la cooperativa y el 40 por ciento queda para cubrir costos operativos, del programa de clasificación y reciclado.
Para tratar de romper este circulo vicioso, la Dirección de Medioambiente está trabajando con un grupo de profesionales para tratar desde lo social, reactivar el ánimo de las cooperativas y para que a su vez entiendan el importante rol comunitario que están cumpliendo al evitar que se siga enterrando más basura.
La clave de la sustentabilidad de esta empresa de la economía social está en la forma en que la gente en sus domicilios separe los residuos.
De acuerdo al relevamiento que hizo el año pasado la Dirección de Medioambiente, el 50 por ciento de los domicilios hace una gran contribución al respetar la separación en residuos orgánicos e inorgánicos, y el gran porcentaje de esos vecinos están en la zona céntrica, mientras que el otro 50 por ciento, de las familias aún no pudo asimilar la cultura de la separación de residuos.
Es en los barrios de la periferia, donde más difícil es concientizar a la gente, pese al haber incrementado la frecuencia de 3 a 6 por semana, pero el servicio aún no llega a todos por igual, debido que en zonas como los barrios del oeste, la gente deposita sus residuos en volquetes, donde inevitablemente la basura orgánica e inorgánica se entreveran haciendo más difícil su clasificación.
No obstante, ese 50 por ciento que llega al centro de Disposición Final en Costa Uruguay Sur, les facilita el trabajo a los botelleros.
La ciudad genera diariamente unas 80 toneladas de residuos, quiere decir que unas 40 toneladas llegan diariamente al predio sin ser clasificada en los domicilios. Un dato preocupante para el medioambiente de la ciudad, donde todos somos responsables.
La planta de clasificación
En 2007, la administración Irigoyen gestionó un subsidio ante el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación para la construcción de una planta clasificadora de materiales en el Centro de Disposición Final.
El dinero alcanzó para hacer las bases y hacer el tinglado del galpón, además de comprarse una cinta transportadora. No obstante la actual gestión no logró conseguir recursos para terminar el proyecto, de hacer el cerramiento con paredes del galpón y hacer el tendido de la energía eléctrica, hasta la planta, una obra costosa en la cual el municipio no está en condiciones de enfrentar.
Automatizar el proceso de separación de residuos en el basural, es la manera ideal para que el emprendimiento genere más volumen de materiales y optimizar los recursos humanos.
"Los fondos para terminar la planta se sigue gestionando, Martín Piaggio, (ex subsecretario de Salud) lo gestionó el año pasado y yo continué con los trámites este año ante Nación, pero no hemos tenido respuesta", dijo Indart.
El hecho es que a cinco años de haber comenzado el proyecto de enterramiento cero de residuos domicilarios, Gualeguaychú, la capital de la lucha del medioambiente a nivel nacional, está lejos de alcanzar esa meta.
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