Por: Roberto García.Desde los empresarios hasta Moyano buscan seguir la partitura presidencial. La “nueva” AEA light. De Vido, como Grondona.
De ahí que, mentes superiores o intuitivas, se anticipan por acercarse al rayo soleado del poder. Al que está y al que se recicla en los próximos cuatro años. En esa meteórica carrera por la iluminación y sus ventajas, entre los empresarios, José Ignacio de Mendiguren, de la UIA, ya superó, por ejemplo, a Adelmo Gabbi, de la Bolsa, lo cual constituye una notable hazaña. Puede denostar el período en que él mismo fue ministro (Duhalde) como un ciclo oscuro al tiempo que, por añadidura, halaga el actual y el narcisismo femenino de Cristina. Un piropo no se le niega a nadie, puede decir. Supone, tal vez con razón, que esa dialéctica –de algun modo habrá que llamarla– lo habilita para que Ella lo reciba en exclusividad, otra proeza en relación con personajes con menos talento que darían un brazo por esa posibilidad. Así ocurrió y, según cuentan, aparte de lisonjas, la empapó con inquietudes empresarias y políticas (desde el tipo de cambio hasta la situación de Techint con el Gobierno). Pero no pudo horadar otro misterio: cuando insinuó un diálogo sobre Clarín, tuvo que apartarse: le dijeron que el horario del encuentro había caducado. Igual, De Mendiguren es la máxima estrella del sector y será clave en eventos venideros del oficialismo, siempre de la mano de quien lo instruye y orienta, el ministro Julio De Vido, para muchos el futuro jefe de Gabinete (casi un Julio Grondona, siempre exhausto, enfermo, inestable, más interesado en su colección de pájaros que en la obra pública, pero imposible de remover).
Otros, como uno de los Karagozian, del sector textil, han lanzado señales de ofrenda a la administración cristinista y, en AEA (entidad de los más poderosos, presuntamente), aseguran que esta semana encabezó la fronda contra el titular de la entidad, Jaime Campos, convirtiendo a quien no representa a ninguna compañía en particular (aunque muchos lo suponen delegado de Clarín) en el responsable de la pésima relación de la agrupación con el Gobierno. Se registró una batahola entre los prohombres, algunos consideraron la medida como demasiado felpudista (a pesar de los créditos y obras que reciben) y, por último, estimaron saludable postergar cualquier decisión contra el reelegido titular. AEA se había destacado, merced a la influencia de Héctor Magnetto (Clarín) y Paolo Rocca (Techint) en un reducto de autonomía y fortaleza frente a determinadas medidas oficiales. Se diferenciaba del resto de las cámaras empresarias, pero ya no se advierte ese criterio. Han disminuido ciertos pesos específicos y sus integrantes también han comenzado a actuar de acuerdo al film Volver al futuro, a ubicarse según las condiciones de lo que ha pasado sin que haya pasado. Sólo les resta albergar, en medio de la polémica, el ingreso o no de YPF en la entidad: como se sabe, esa multinacional tiene un odioso enfrentamiento con La Nación y, si bien antes se decía que el diario no permitiría el ingreso de Sebastián Eskenazi, ahora se comenta que éste jamás aceptaría participar en una organización que tiene de socios a los Saguier.
Más que alineación de planetas, lo que se advierte es un ajuste para tocar –desde el sector empresario– la misma sinfonía que Cristina. No es un episodio aislado ni responde a un único rubro. Del mismo modo que Felipe Solá no ha sido una isla en el trasvasamiento en la política –se observará con nitidez en el ejercicio parlamentario que seguirá a los comicios de mañana–, más bien indicativo de otros pases y de una eclosión en las estructuras partidarias que facilitará la diáspora. No se ignora que, por cuestiones de dinero, hubo desencuentros inimaginables entre candidatos y socios, quizás el más notorio envolvió a Ricardo Alfonsín con Francisco de Narváez, quien de acuerdo a las versiones había contribuido con determinados aportes para salvar contingencias menores en la UCR, desde la renovación del vestuario hasta la financiación de ciertas deudas. Al parecer, esos adelantos se iban a compensar con las retribuciones de campaña, las que luego no ocurrieron debido a la magra performance del aspirante. Y, para cubrir sus gastos, se afirma que el pelirrojo candidato a gobernador igualó su contabilidad con los pagos del Estado por los votos obtenidos en las elecciones para las primarias. Parece un acto de justicia, pero tuvo sus bemoles, intervención de abogados, apoderados y un malestar habitual en las discusiones crematísticas. Con otras condiciones, aunque siempre bajo el mismo signo de los pesos, naufragaron las expectativas de Duhalde con Mario Das Neves, quien, quizá por los avatares que padeció luego de que lo abandonara el elegido gobernador de Chubut, no estuvo en condiciones de satisfacer las demandas. Esos revuelos de plata afectaron a otros partidos, hay quienes señalan que determinadas giras no precisamente políticas fueron el fruto de quienes advirtieron que de poco servía gastar en las estructuras cuando pendían ciertas necesidades o placeres personales. Mejor no hacer nombres.
También en el sector sindical se observa una actitud consecuente, secesiones, conflictos y discusión de intereses. De ahí las angustias de Hugo Moyano, quien supone que su mejor destino –si se lo asemeja a un perro guardián– es conservar el chip que el Gobierno le ha puesto en el cuello, el cual le transmite una descarga eléctrica cada vez que burla un límite, sea físico u oral. Tal es el adiestramiento que podrá quedarse aun si a ciertas empresas del transporte les quitan los subsidios, si debe firmar un acuerdo social que determine aumentos salariales que no son de su gusto o, a regañadientes, aceptar como testigo en primera fila de un avance estatal sobre el flujo dinerario de las obras sociales. Moyano está vacío, devaluado, aunque convencido de que las causas judiciales en su contra no derivarán en un final carcelario, ya que supone la continuidad de un precepto atribuido a Néstor Kirchner, quien podía herir, lastimar, ofender, pero nunca condenar a la prisión. Al menos eso decía cuando se refería a sus reyertas con Eduardo Duhalde, al cual le imputaban carpetas comprometedoras pero jamás una acción en su contra. Incluso a Moyano, como en el caso del ex jefe bonaerense en su momento, hasta le vendría oportuna una designación en foros internacionales, salir del cuadro local, ilustrarse y hasta aprender cómo se ha globalizado el mundo. Concluyendo, quizá Cristina está en todo, como la mujer de la casa.











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