Se complica la unidad en el oficialismo del Senado

Crece el malhumor en el bloque que conduce Miguel Pichetto
Lejos de tener la situación controlada, el kirchnerismo en el Senado sufre un lento proceso de desgaste que amenaza con complicar los planes de la Casa Rosada y agudizarse a medida que avance el año y el tablero político peronista comience a convulsionarse de cara a los comicios presidenciales del año próximo.

Una muestra de esa situación ocurrió en la última sesión, cuando la oposición logró asestarle dos duros golpes al oficialismo, al sancionar una ley que permitirá tomar el salario mínimo, vital y móvil como parámetro para las paritarias y aprobar una resolución que obliga al director de la Oncca, Juan Manuel Campillo, a explicar ante dos comisiones de la Cámara alta la política de subsidios del organismo.

A las grietas que abre la interna del PJ se suma el malestar que producen en varios senadores las presiones de la Casa Rosada en favor del matrimonio homosexual, un proyecto que muchos rechazan de plano.

El panorama para el oficialismo cambió con la repentina decisión de la senadora Adriana Bortolozzi (Formosa) de romper el alineamiento automático con las órdenes de la Casa Rosada que el bloque mantuvo desde el recambio parlamentario de diciembre. Desde entonces, la estrategia de hacer fracasar las sesiones por falta de quórum debió ser dejada de lado por el bloque que conduce Miguel Pichetto (Río Negro).

El caso Bortolozzi es, en realidad, la punta de un iceberg. Su ruptura con la estrategia oficialista obedece al alto voltaje que ha tomado la interna peronista de Formosa, convirtiéndose así en una muestra de cómo las rencillas distritales pueden impactar el seno del oficialismo de la Cámara alta.

Sobre todo porque este tipo de disputas podrían multiplicarse en los próximos meses en otras provincias, a medida que en el peronismo empiecen a sonar los tambores de guerra interna entre kirchneristas y disidentes.

Así, por ejemplo, hay por lo menos un par de casos que preocupan a la conducción de los senadores kirchneristas. Se trata del misionero Luis Viana y del salteño Guillermo Jenefes, que tienen aspiraciones electorales para el año próximo que chocan con los intereses de los oficialismos en sus provincias.

Más problemas

Además, existe una fuerte corriente crítica de senadores que cada vez se muestran más reacios a aceptar sin cortapisas las órdenes de la Casa Rosada. El grupo, integrado por media docena de legisladores, suele contarle sus quejas contra las estrategias del Poder Ejecutivo a uno de los referentes kirchneristas de la Cámara alta, que viene oficiando de dique de contención ante cada amago de pegar un portazo de esos senadores.

Pero el panorama es más complicado aún, ya que el senador Horacio Lores (Movimiento Popular Neuquino), uno de los habituales aliados de la Casa Rosada, también decidió dejar de negarse a dar quórum.

Si bien hasta ahora el senador neuquino votó en línea con el kirchnerismo, su decisión de asistir a las sesiones favorece a la oposición, que sólo tiene que preocuparse por reunir más votos que el oficialismo. Eso fue lo que ocurrió en la última sesión con la ley de salario mínimo, que es rechazada por la administración de Cristina Kirchner.

Esa sesión, además, desnudó otro flanco débil del kirchnerismo: los proyectos laborales. Por primera vez en mucho tiempo los fueguinos José Martínez y María Rosa Díaz (ex ARI) votaron en contra de la opinión del Poder Ejecutivo.

Ambos legisladores son de extracción sindical, responden a ATE, y nunca se sumarían al rechazo de un proyecto que fortalezca los derechos de los trabajadores. Esa fue la veta que explotó el arco no oficialista hace diez días y que prendió una luz de alarma, otra más, en el tablero de mando de la Casa Rosada.

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