Desde las altas esferas de la seguridad aseguran que si se “caen” las pistas que viene siguiendo el fiscal Angel Quidiello, el esclarecimiento del homicidio se tornará una empresa “demasiado difícil”.
Pero por estas horas, lejos de saberse quién fue el autor de este brutal homicidio, que conmovió a la sociedad juninense y enseguida encontró eco en los medios nacionales, los investigadores parecen haber perdido la brújula.
Es cierto que semejante confesión no salió de la boca del fiscal Angel Quidiello, cultor de un silencio inalterable durante toda la semana, pero sí de distintas voces que están muy cercanas al proceso de averiguaciones que se viene llevando adelante desde hace diez días.
Son personas que no dudan en pronunciar su preocupación por la “debilidad” de las pruebas reunidas en todo este tiempo como para pasar la barrera de la simple sospecha, mote que obviamente no alcanza para detener ni mucho menos juzgar a una persona.
“Si no se descubre nada a través de las llamadas telefónicas y los mensajes de texto enviados y recibidos por Sandra en su celular, la veo muy difícil”, deslizó un alto funcionario de la seguridad juninense, bajo la condición de que su nombre no sea publicado para no abrir grietas internas en la pesquisa.
Y agregó: “Si esto en realidad no fue un acto pasional, una ira del momento, y fue, en cambio, la obra de un sicario, las chances de que se llegue a buen puerto son mínimas”.
De todas formas, dentro de un terreno fértil en teorías, la hipótesis del “escarmiento” como derivación de una relación amorosa sigue plenamente vigente.
En tren de impresiones, la calle no se queda atrás a la hora de emitir una visión un tanto escéptica del curso de la investigación. Sin ir más lejos, en la encuesta publicada por DEMOCRACIA en su página web, el 52 por ciento de los votantes descree que el hecho sea esclarecido. ¿Simplemente un dato? Por un lado sí, porque no influye en la cuestión de fondo, pero que no deja de reflejar la falta de garantías que el juninense siente recibir de sus funcionarios judiciales (ver páginas 4 y 5 de Domingo).
Se esperan resultados de pericias
El equipo de investigación encabezado por Quidiello espera que esta semana lleguen los resultados de más pericias. Se trata de análisis de índole genética y de nuevos informes de la empresa de telefonía celular que cubría el servicio contratado por Sandra Colo.
Cabe recordar que los padres y hermanos de Sandra aseguraron que el celular que le fue robado por su ejecutor en el instante del acto criminal siguió sonando hasta dos días después del brutal episodio, como publicó ayer este diario. Después, las llamadas realizadas desde el domicilio de Juan Colo (padre de Sandra) empezaron a recibir como respuesta que “el número solicitado no corresponde a un abonado en servicio”.
Los familiares de la víctima sospechan que el asesino mantuvo –u olvidó- el celular de Sandra encendido y que cuando sintió que lo llamaban lo desactivó y le quitó el chip.
Lo que deberá hacer el grupo capitaneado por Quidiello es lograr que esa situación no se transforme en una nueva ola de conjeturas y se constituya en un dato valorable o descartable.
En ese sentido, un hombre que sigue de cerca las averiguaciones adelantó que desde Junín se mandó a pedir a la empresa telefónica un estudio georreferencial para establecer el lugar en que se encontraba el aparato en el momento en que se realizaron esas llamadas.
“Eso fue pedido hoy a la mañana [por anteayer], dado que en el medio hubo algunas evaluaciones preliminares que se hicieron a nivel local, hasta que se decidió darle participación directa a la compañía a la que Sandra le había contratado el servicio”, le contó a este medio la misma fuente.
Un recorrido que no llega a destino
“Queremos justicia. Estamos destruidos, casi sin fuerzas, pero no vamos a parar hasta que se sepa quién fue el culpable de este asesinato”, dijo Soledad Colo a DEMOCRACIA, horas después de haber concurrido a la sepultura de su hermana. Era el viernes 17, 24 horas después del terrible suceso que ganó la atención de todos los medios de comunicación del país. La investigación recién se iniciaba, y dentro del dolor y la impotencia que se respiraba en el ambiente, la esperanza de tener al atroz homicida entre rejas empezaba a alimentarse.
Con el paso de los días, la presunción de un hecho pasional se fue erigiendo en la más firme. La presunta relación de Sandra con un trabajador de imprenta, que a su vez no habría convencido al fiscal cuando fue citado a declarar, trasladaron las miradas hacia ese sujeto y a gente de su entorno. Incluso a estas horas, ese individuo y dos personas de su círculo cercano son tres de los sospechosos seguros que hay en el caso.
Por otro lado, la conjetura de un ajuste de cuentas continúa vigente. En realidad fue la primera que invadió la mente de la mayoría. Motivos no faltaban: Claudia, la menor de los Colo, había sido asesinada con saña bestial doce años antes por un compañero de trabajo, José Luis Correa, condenado luego a cadena perpetua y con alojamiento actual en el penal de máxima seguridad de Sierra Chica. Pero en el medio, Correa fue beneficiado con salidas transitorias y, de no ser porque le descubrieron una mentira en uno de eso egresos, podría haber recuperado su libertad por completo. Hastiada de solo pensar que eso podía suceder, Sandra Colo salió a pedir el apoyo de la comunidad para manifestarse en contra de Correa. De ahí la fuerza que el fantasma del hoy presidiario recobró en la escena policial local, fuerza que conservará hasta que las aguas no estén claras.
El lunes empezó a adquirir relevancia el contenido de las cámaras de seguridad instaladas en las inmediaciones de “Abracadabra”, a la par de lo que pudieran aportar los mensajes realizados al celular de la víctima. Sin embargo, ayer se supo que ninguna de las dos vías entregaron evidencias de valor.
Por el relato de diferentes testigos también se sumó la búsqueda de una camioneta 4x4 y de una moto azul, vehículos que aún no fueron hallados.
En resumen, el recorrido realizado por policías, peritos, instructores y el propio fiscal amenaza con ser mucho más extenso y, a esta altura, adolece de garantías de éxito.
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