En su partido acusan a Cameron de liderar un gobierno elitista y alejado de la clase trabajadora.
Gran Bretaña ha pasado del “gobierno del sofá” del laborista Tony Blair al club de “amigos millonarios” del primer ministro David Cameron. Una de las peores críticas al gobierno conservador no llegó desde la oposición sino desde su propio partido y fue devastadora. Lord Tebbit, el ex líder de los tories durante los días de Margaret Thatcher, acusó al premier de “haber perdido contacto con los votantes” porque lidera “un gobierno de inexpertos y millonarios compinches” (c humps, como se dice en el “slang” británico).
El brutal análisis de Lord Tebbit llegó después de una semana abominable para el gobierno, con el papelón de Cameron ante el impuesto al popular “Cornish Pasty”, versión inglesa de las empanadas, que jamás comió, y la recomendación de estoquear combustible en los garajes de las casas por parte del ministro Francis Maude para una eventual huelga, que nunca se produjo. Pero que le costó a una mujer el 40% de su cuerpo quemado por seguir el consejo. Un error monumental para distraer de otro escándalo : el de los millonarios donantes al partido conservador como invitados del premier a Downing Street y Chequers, su casa de campo. Una lista que el laborismo les forzó a revelar.
Un diputado laborista le preguntó al ministro de Finanzas, George Osborne, cuándo había sido la última vez que comió un Pasty, almuerzo de miles de trabajadores en la Gran Bretaña en crisis. No se acordaba. Los conservadores creen que los “compinches” de Cameron “están alienando” a sus tradicionales votantes populares.
Lord Tebbit escribió sus opiniones en el diario The Times , porque el género epistolar es el elegido por los británicos para acusar y dejar sentado. El ex presidente de los tories dijo que Cameron no hace nada por disimular que ha nacido “en el privilegio ” y que se apoya en asesores que “sin ninguna experiencia o comprensión del partido o las necesidades políticas”.
“Mas allá de las relaciones públicas de ir en bicicleta al trabajo y posar con perros huskys, a lucir ecologista o ir sin smoking a comidas con smoking para parecer un ciudadano común, los votantes no se van a olvidar de la riqueza y el privilegio de David Cameron”, escribió Lord Tebbit.
Las feroces críticas estaban referidas al pasado de nobleza de Cameron, que es pariente de la familia real, se educó en Eton y en Oxford y está casado con la hija de una baronesa. Tampoco se salvó la fortuna de Osborne, el ministro más criticado de su gabinete, por permitir con sus recetas que el Reino se sumerja en otra recesión por sus recortes en el presupuesto.
Tebbit se quejó de que las mayores responsabilidades del partido conservador están dominadas por “ políticos que han tenido su camino lubricado con dinero desde el maternal al colegio, a la universidad y mediante relaciones públicas al pueblo de Westminster”, donde está el Parlamento.
“Después de una semana de improvisadas y enfermas iniciativas políticas y llamadas a acumular petróleo, muchos conservadores se están cuestionando este estilo de gobierno de compinches”, escribió Lord Tebbit, expresando lo que los diputados de su partido discuten en la Cámara de los Comunes y sus bares. “Es ampliamente legítimo preguntarse si la capacidad de relaciones públicas de David Cameron le ha desertado y si tiene la calidad intelectual y la determinación para liderar el país en tiempos difíciles”, agregó.
La presunción del ministro Maude de que cada británico tiene un garaje donde estoquear combustible, o la imposibilidad de Osborne de recordar cuándo comió un Cornish Pasty, son evidencias claras de que ellos no están en contacto con la vida cotidiana de los votantes. La élite que rodea al premier no tiene la menor idea de sus necesidades, según los miembros de su propio partido.
Esto es un serio dilema para las aspiraciones electorales de los conservadores . El partido está dividido, resentido en el más turbulento período de su nueva historia. El poderoso “Ejecutivo 1922” –un comité parlamentario conservador– le ha advertido a Cameron que los cambios “deben ser inmediatos” si tiene alguna esperanza de conseguir una mayoría en una futura elección y ganar votos de la clase trabajadora.


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