La Mesa Local de Proyecto Sur efectuó duras críticas a las autoridades gubernamentales por lo que considera una “exasperante desidia e indiferencia” para solucionar los serios problemas que afecta, desde hace años, al Hospital Regional, a su personal y a la población usuaria.
“Es un lugar común, cuando nos encontramos con algún amigo, o cuando trabamos conversación con alguien, el comentario “Lo importante es tener salud, lo demás va y viene”. Fuera de lo banal, del comentario, debemos decir que es una de las pocas certezas que tenemos. Casi un axioma (o casi una verdad de Pero Grullo).
Bien. Al parecer, quienes nos gobiernan no opinan lo mismo y a las pruebas nos remitimos:
Ya ni recordamos desde qué época los trabajadores de la salud de la provincia vienen reclamando y exigiendo mejoras en el sistema. Lo mismo ocurre con los usuarios (o pacientes) del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia, quienes protestan porque no quieren resignarse a la desidia y al maltrato. Lo mismo ocurre en otras instalaciones sanitarias, como el Hospital de Diadema Argentina, donde muchas veces no hay ni médicos ni anestesia. En el Hospital de Sarmiento, hay solo dos médicos.
Si los funcionarios se vieran obligados a atenderse en el sistema público, entenderían perfectamente la situación. Pero ellos recurren al sistema privado, en el que, con la plata en la mano, uno puede acceder a ciertas comodidades (y solo a “ciertas” comodidades, porque, por ejemplo, la cantidad de salas de parto e incluso la cantidad de camas son insuficientes para la zona).
La situación en el Hospital Regional es doblemente grave porque no se trata de un hospital más, sino de un centro de alta complejidad, un orgullo de la región -en otros tiempos-, que desde hace tiempo está sumido en una crisis global producto del abandono e indiferencia de las autoridades. La responsabilidad cabe al propio gobernador, al ministro de salud, a los funcionarios del área y a los mismos directores de turno del nosocomio. Acá no hay azar: hay una política deliberada y sistemática de abandono.
Entre las muchísimas falencias que podríamos enumerar, mencionamos una a modo de ejemplo: la terapia intensiva infantil no funciona (después que presentaron con bombos, platillos y redoblantes un “equipamiento de última generación”, “nuevas salas” y “la incorporación de nuevos profesionales” para el área). Pese a que es la única UTI infantil de la ciudad, no funciona.
En este contexto, la renuncia masiva de los profesionales del área de cirugía no debe ser entendida, según propone el gobierno, como la actitud caprichosa y egoísta de algunos médicos. Ahí hay algo más, pero las autoridades, en vez de solucionar el problema de fondo, se limitan a poner parches y fusibles que duran unos pocos meses, con suerte.
El gobierno de la provincia se maneja con una conducta fraudulenta, maliciosa e ilegal, dado que incumple de modo flagrante la ley de carrera sanitaria que se incumple. El mecanismo se viene repitiendo desde hace bastante tiempo y podemos resumirlo de ésta manera: la provincia “contrata” profesionales de otras ciudades o provincias, de palabra, prometiéndole un salario X más vivienda, condiciones que parecen atractivas. Cuando el profesional llega a la ciudad, se encuentra con que tiene que alquilarse su vivienda con la promesa de reintegro de los valores abonados. Además, se tiene que inscribir como monotributista, lo que es casi decir que cobrará “en negro”.
Lo que tampoco sabe el profesional es que tardará entre 3 y 6 meses en cobrar su primer haber, razón por la cual la mayoría opta por renunciar y volverse totalmente frustrado por el engaño a su lugar de origen. Y así, de esta condenable manera, repitiendo una y otra vez el procedimiento, se van cubriendo precaria y perentoriamente los puestos tan necesarios en el hospital.
El sayo también le cabe al gobierno municipal, que lo mira por TV.
Desde Proyecto Sur, denunciamos esta situación lamentable, que no se debe a otra causa que la exasperante desidia e indiferencia de este gobierno, el cual, subestimando a la población, anuncia como una solución la construcción de un nuevo hospital. Sabemos del incumplimiento crónico de los anuncios grandilocuentes de este y de otros gobiernos anteriores y de sus inclinaciones por la inauguración de “cáscaras vacías”. ¿Con qué profesionales, con qué personal suficiente y conforme con su salario, con qué presupuesto se pondría en funcionamiento el (necesario, pero inverosímil) proyecto de nuevo hospital?
Con el sistema de salud pública enfermo, más que nunca, la salud de los comodorenses depende de la providencia divina o del azar…”.

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