El referente de Unión PRO designa un jefe de campaña por año. Cree que la política es dinámica y debe adecuarse a los cambios. Los desencantados del “Colorado” y los que siguen a su lado. El backstage de la política denarvaista
Y como la política es dinámica, De Nar-váez considera que también tiene que ser dinámica su estructura. Desde 2006 a la fecha el líder de Unión-PRO nombró a cinco jefes de campaña para que lo posicionen, y recién logró su auge en 2009, cuando derrotó a Kirchner en Buenos Aires. En otras palabras, tuvo un jefe de campaña cada un año. ¿Por qué no mantiene la conducción de la estructura?
Los que están o estuvieron cerca del político empresario, y algunos que actualmente lo rodean, aseguran que “se deja llevar mucho por los técnicos de marketing”, mientras que otros, un poco más duros, arriesgan: “No tiene jefe de campaña, tiene gerentes”.
Según teorizan en el PJ anti Kirchner, “un sector de la militancia le tiene desconfianza”, y explican que el mes previo a la elección legislativa del año pasado fue de-terminante para “tener una actitud más suspicaz”. Es que 48 horas antes del cierre de lista los lugares de varios candidatos, que fueron lanzados en sus localidades y fogoneados por el propio De Narváez, no figuraron en las nóminas finales del espacio.
Los naipes que estuvieron detrás
El primero en comenzar a trabajar con el referente de Unión-PRO fue Carlos Brown, ex ministro de Eduardo Duhalde, quien, si bien no estaba oficializado en su cargo, fue el que se dedicó por un año a reclutar a los peronistas desencantados, para agrandar el plafón político del diputado nacional. Luego lo siguió, durante cinco meses, Luis Martínez Varela, un alakista que estuvo a cargo del Banco Municipal de La Plata, posteriormente candidato a diputado provincial. El tercero en llegar a colaborar con el Colorado fue Juanjo Alvarez, que sorteó diferentes críticas del propio denarvaísmo, y también del macrismo, por acercar a duhaldistas y popes locales del peronismo.
Más tarde ocupó el lugar Eduardo Amadeo, quien ahora intenta, junto a José Torello, reunir nuevamente a De Narváez con Duhalde y Mauricio Macri. Después tomó posesión Alfredo Atanasof, quien buscó a los candidatos denarvaístas en los distritos bonaerenses antes de llegar a las urnas el 28 de junio. Pero, con triunfo in-cluido, De Narváez designó definitivamente a uno de sus hombres de confianza: el diputado Gustavo Ferrari. Este comparte el camino con el Colorado desde el año 2000, cuando fue invitado al museo Renault a presentar su propuesta de reforma judicial. Allí se conocieron, y desde entonces el legislador se quedó del lado del denarvaísmo.
“El hombre de confianza de De Narváez es Gustavo Ferrari, los demás son circunstanciales”, resume Carlos Brown sobre las alternancias que tuvo el diputado nacional en las jefaturas de campaña.
De los cinco hombres, con tres está alejado y con dos sigue manteniendo relación. “La experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos”, decía Nicolás Ma-quiavelo cuando aconsejaba a los príncipes. A este enunciado De Narváez lo respeta a rajatabla.
¿Por qué renueva las conducciones?
Los que no entendieron el manejo político de De Narváez por diferencias ideológicas explican que “piensa que al colocar gente nueva el resultado es positivo”, pero advierten que “los nuevos muchas veces son más de desconfiar que los viejos”.
Según dicen en el entorno, el diputado nacional analiza minuciosamente los trabajos de marketing. “En algunas oportunidades ha medido a sus propios hombres para saber si los tenía que seguir teniendo a su lado o correrlos”, comentan los denarvaístas que el año pasado rompieron el acuerdo con el duhaldismo.
Es que tanto Carlos Brown como Jorge Sarghini, dos hombres del ex presidente, que ayudaron a la estructura del referente de Unión-PRO, fueron sacados de las listas de candidatos. Tal es así que ambos dirigentes argumentaron que habían sido corridos de las listas por su pasado duhaldista, algo que nunca desmintió De Narváez.
“Francisco cuida una imagen y una lógica”, se defienden desde el seno del Colorado. Y agregan: “¿Cómo se ma-neja? Simple. Les hace caso a las necesidades políticas actuales, analiza la oferta política, el marketing, y revisa la estrategia mes a mes, además de actualizar conceptos; después, decide”.








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