La situación de inseguridad en esta ciudad es un tópico diario. No una cita del aburrimiento, ni una cuestión de debate ideológico: los hechos se suceden sin que haya una acción, fuera de la propagandística, capaz de acorralar al crimen y no dejar que el crimen nos acorrale a nosotros.
En la charla que mantuve con él hace pocos días, manifestó que “las autoridades de la Asociación Hotelera, ante este tema (inseguridad/secuestros virtuales), prefieren que se hable lo menos posible”. Estamos otra vez frente al “síndrome Tiburón”, aquel famoso film de Steven Spielberg que revelaba que los intereses económicos pueden tomar un sesgo de mayor peso que la vida misma cuando existe un peligro inminente. Aquí ocurre lo mismo.
Otro tema. Esta semana puede leerse en la página web de Carburando, bajo el título “Los números no cierran”, que “los gastos del Gran Premio de Europa de Fórmula 1 en Valencia ascendieron en 2012 a los cerca de siete millones de euros, mientras que los ingresos superaron los 5,2 millones. La competencia recibió durante el fin de semana de su celebración a 105.419 personas. Así consta en una respuesta parlamentaria de la consejera de Cultura, Turismo y Deporte, Lola Johnson, tras una pregunta de la diputada del grupo parlamentario socialista en las Corts Valencianas”. Lejos de la algarada mediática que se celebró para que Pulti pudiera pontificar sobre la importancia de realizar el GP F-1 en Mar del Plata, este espejo (el fracaso valenciano) es prolijamente evitado de citar en la comunicación local. Porque no se trata sólo de disponer fondos para hacer un circuito, sino que hay que pagar cada año y luego recaudar para sostener el esfuerzo. Queda claro que no es sencillo. Debo agregar que en 2013 no habrá Fórmula 1 en Valencia. Ecclestone informó que por mejores ofertas en EEUU, en España sólo se correrá el Gran Premio de Madrid. Como amargo botón que revela que la F1 no trae el progreso, la comunidad valenciana anuncia que para el próximo año expulsará de su registro laboral a 3.000 agentes públicos.
Tuvo suerte Pulti de que sólo fueran palabras, que nada más fuera otro capítulo del relato sin consistencia envuelve la realidad hasta que ésta se expresa con todo su peso. Tal como ocurrió con la movilización del cordón frutihorticola, cuyo riesgo de desaparición surge ante la aplicación de una norma ambientalista que en nada soluciona problemas ambientales y sí puede fracturar por muchas décadas la vida económica del partido de Gral. Pueyrredón.
No es bueno esconder lo que ocurre. Si el tiburón está, seguro que ataca. Y muerde feo, en el mejor de los casos. O mata.

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