Tomó como rehenes a tres bebés para exigir trabajo

Con una réplica de arma de fuego, Mauro Muñoz burló la seguridad privada de la Clínica del Valle, se dirigió hasta la sala de neonatología y tomó como rehenes a tres recién nacidos, dos enfermeras y un médico. Los guardias dudaron en cómo debían proceder mientras llegaba la policía. Incluso, cometieron la torpeza de dejar ingresar a un medio de prensa. Fueron dos padres de los bebés quienes lograron reducir al secuestrador.
Hace once días Pablo Torino fue padre de un bebé que junto a su esposa, Carla González, decidieron llamar Bastián Joaquín. Nació en Río Gallegos y fue trasladado en un avión sanitario a Comodoro Rivadavia para ser sometido a estudios en la Clínica del Valle.

Ayer Bastián permanecía junto a otros dos bebés en la sala de neonatología, en el sexto piso de la clínica ubicada en Alsina y Ameghino, cuando sobre las 12:40 ingresó Mauro Vladimir Muñoz (21), indicaron fuentes oficiales.

Portando lo que después se comprobaría que era la réplica de un arma de fuego que llevaba envuelta en un trapo, Muñoz se encerró en la sala y tomó de rehenes a los tres bebés, dos enfermeras y un médico.

Cuando a la sala de espera llegaron Torino, su esposa y también los padres de los otros niños, todo se convirtió en una situación por demás tensa. Muñoz estaba encerrado y no quería dialogar con el personal médico. Solo reclamaba hablar con dirigentes del Sindicato de Petroleros, o de Camioneros, para pedir trabajo. También solicitaba la presencia del periodismo.

De acuerdo a lo que comentó Torino a Diario Patagónico, “el dueño de la clínica no quería que ingresara nadie, ni la policía, capaz por el desprestigio”. De esa manera intentaron negociar las mismas autoridades de la clínica y el personal de seguridad privada con el secuestrador, según los familiares de los recién nacidos, “de una manera irresponsable”.

Ya sobre las 14:20, afuera de la clínica Norma Farfán pedía por favor que le dieran novedades de lo que ocurría en el sexto piso. Su hija, a través de comunicaciones telefónicas, le decía desde el interior del sanatorio que un “loco” se había encerrado con los bebés y que también tenía secuestrados a las enfermeras y al médico.

Personal policial de la Seccional Segunda tomó intervención después de que Norma llamara insistentemente a la comisaría, al igual que otros abuelos y padres de los niños que estaban secuestrados.

Mientras se vivían momentos de extrema tensión, Diario Patagónico y Canal 9 eran los únicos medios que cubrían la situación afuera del lugar. Lo curioso fue que otro medio gráfico llegó minutos después y el personal de seguridad privada de la clínica cometió la torpeza y la complicidad de dejarlo pasar antes de que hiciera su arribo el mediador de la policía, el comisario Alejandro Pulley.

A todo esto, un momento de descuido del secuestrador fue aprovechado por Pablo Torino y otro de los padres para tomarlo de la ropa y reducirlo. Lo sacaron de la sala y antes de entregárselo a la policía descargaron su angustia propinándole varios golpes.

PIDIO DISCULPAS A LOS PADRES

El secuestrador fue sacado por la puerta del estacionamiento de la calle Alsina. Mientras era trasladado, Diario Patagónico le preguntó a Muñoz por qué había decidido cometer un acto tan deleznable. Dijo que lo hizo para pedir trabajo y que les pedía disculpas a los padres.

También contó que tiene dos hijos y que en supermercados y otros lugares donde había ido a pedir trabajo no se lo daban. Y volvió a pedir disculpas por lo que había hecho.

Un dato que luego se conoció de fuentes policiales es que una pequeña hija de Muñoz había estado internada en la misma clínica días antes.

Afuera del sanatorio, Norma cuando lo vio salir esposado y conducido al patrullero, esbozó que lo entendía, pero que no era la manera de pedir las cosas. Las lágrimas ya se habían secado en sus mejillas, más tranquila porque su nieto estaba sano y salvo.

Mientras, Pablo Torino en medio del nerviosismo trataba de tomar aire en la vereda y era consolado por su padre luego de la situación vivida. La pesadilla había terminado. Bastián ya no corría peligro.

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