San Martín y Unión protagonizaron un pésimo encuentro. Se cuidaron demasiado y el 0-0 marcó una tarde casi sin emociones.
No fue el comienzo esperado por San Martín. Es que la premisa de ganar la posesión del balón lejos estuvo de cumplirse por los dirigidos por Facundo Sava. El local, con un buen trabajo en el medio de Vidal y Miguez, se apoderó de la número cinco y la apatía en los metros finales de la cancha le impidieron ponerse arriba en el marcador. Ante ese panorama, en el Verdinegro crecieron las tareas individuales de los centrales Sosa y Landa. Unión generó riesgo por su costado izquierdo con los desbordes de Velázquez, un problema sin solución en la etapa inicial para el capitán Alvarez. Un zurdazo del once ‘tatengue’ fue justamente lo más peligroso debido a que Bustos tuvo que cruzarse con lo justo y la mandó al córner. San Martín careció de juego y así Carrusca no pudo hacer en su función de generar riesgo. Núñez quedó demasiado aislado en la ofensiva sanjuanina y ni hablar de Penco, al que no le llegó ninguna pelota clara como para asustar a Bologna.
La película cambió en algo en el complemento. Nunca dejó de estar carente de emociones, pero al menos se vio un San Martín un poco más adelantado en el terreno de juego. Núñez tuvo algunas oportunidades de quedar mano a mano con su marcador de toda la tarde, Maidana, y el ex Estudiantes hizo ilusionar con que alguno de sus centros terminara en la cabeza de Penco, algo que finalmente no sucedió. Con Carrusca demasiado marcado en el medio, Canuto debió contribuir más en la contención que en la generación de juego. Unión, ya sin tan clara la posesión del balón a su favor, fue hasta la media hora. Rosales solo tuvo apariciones esporádicas y el local se repitió en centros. Con la media hora del segundo tiempo cumplida en el estadio se dio como un acuerdo tácito de partes y nadie arriesgó aunque sea un poquito más. Se cuidaron más todavía de lo que ya lo habían hecho y el pitazo final de Toia, de pobre labor, sirvió para el cierre de un juego donde el miedo fue el principal protagonista. Y el buen fútbol, el gran ausente.
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