La partida de Carlos Vicente del Frente Cívico no se forjó con el ruido mediático de fondo que si tuvieron, en su momento, los portazos que dieron a ese mismo espacio político Héctor Campana y Daniel Giacomino.
Tarde o temprano, quien cuestiona el rumbo (ideológico, electoral) fijado por el líder, se termina yendo. En algunos casos, a buscar su propio lugar bajo el sol de la política, como eligió ahora Vicente; o bien en un pase sin escalas a la vereda contraria que Juez definió para el Frente Cívico, como ocurrió con Campana y Giacomino, que recalaron en el PJ y el kirchnerismo.
Las diferencias políticas de Vicente con Juez fueron siempre evidentes y se acumularon sin solución de continuidad desde 2007. Quizás el perfil componedor y parsimonioso del primero demoró más de la cuenta una partida que todos veían como inevitable.
Entre las disidencias más notorias, hubo varias ligadas a la gestión municipal.
Vicente renegó de la "guerra" que se declararon Juez y Giacomino y jugó al equilibrio, invocando una "institucionalidad" en la que los dos contendientes casi ni reparaban. También se distanció de Juez cuando hace un año rechazó encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales, la misma que luego encabezó Gumersindo Alonso y que perdió ante la UCR.
Las diferencias se plasmaron, además, en la creación de un bloque de concejales vicentistas, que rompió la bancada juecista. La lista podría seguir y serviría sólo para afirmar la percepción de que la ida de Vicente del Frente Cívico no sorprende a nadie.
En cambio, sí deja más margen para las especulaciones el futuro político del viceintendente, que no oculta su aspiración de ser intendente. En el juecismo tenía muy pocas chances de llegar a esa candidatura. ¿Lo intentará por afuera? ¿Con qué aliados políticos?


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