Allá, como en Formosa

El informe televisivo de un canal de la Capital Federal referido al otorgamiento de viviendas del plan federal de emergencia habitacional, donde manifestaciones como “lo primero es la familia”, “acomodo” y “privilegios” fueron continuamente pronunciadas, resaltadas y demostradas. Por momentos parecía estar describiendo la realidad formoseña, aunque se refería al municipio de José C. Paz y todas las maquinaciones sombrías en torno a las adjudicaciones, cada vez más inadmisiblemente injustas, a todas luces.
Evidentemente es el paradigma que se sigue a rajatabla entre los pregoneros embusteros de la igualdad de oportunidades, de integración social, de inclusión social y todas las palabras a las que le sigue el término “social” y que machacan continuamente, en todos los espacios de expresión del poder imperante, queriendo justificar la infamia que perpetran en cada acto de adjudicación de viviendas. O cualquier semejanza con la realidad formoseña es pura coincidencia? Podría pensarse que se referían al barrio “Evita”, pues las similitudes son indiscutibles y chocantes, pero no sorprendentes.

En el llanto de una joven madre y sus palabras entrecortadas se manifiesta lo que también sucede aquí, y lo que se niegan a reconocer y se empeñan en desmentir con divulgación engañosa en el canal oficial y otros medios, los responsables de la casa de la ignominia; quienes manejan a su voluntad y capricho; seleccionando con el dedo y decidiendo con otras partes de su anatomía, en algunos casos; en otros, devolviendo favores de todo tipo, y/o disponiendo magnánimamente de los bienes del estado para los amigos, adictos, aliados, amantes etc. aunque tengan propiedades más lujosas y valiosas; inmuebles o muebles, como los automóviles pomposos en los que se desplazan, más caros que las viviendas.

ESPERAS

La protagonista de esta investigación hablaba de un año de espera. Aquí, muchos llevan décadas y además como también lo expresara la mujer, no falta la prepotencia y el menosprecio de quienes atienden a los peregrinantes por el techo propio, cuando se les antoja. Quizá cansada de repetir el discurso guionado y desacreditado, una asistente social, optó por despedir a la “turbamulta” pues obstaculizaba los pasillos del IPV y solamente pretendía información sobre sus expedientes añosos como algunos de los reclamantes, expedientes quizá cajoneados por no tener parientes ni amigos ni amantes poderosos o por reclamar derechos.

Mientras que otras mujeres, en su mayoría de buen pasar económico, solteras algunas, sin hijos ni padres a cargo, hijas y ex esposas de altos funcionarios de los tres poderes, novias de empresarios, ex y actuales favoritas del más alto seleccionador de adjudicatarias, incluso a una de ellas se sabe que le levantó el muro y construyó el garaje, además de favorecerla en el trabajo; todo con fondos comunitarios; la defensora del pueblo y sus primos, etc.

INTERMINABLE

Un etcétera interminable que representa impotencia y estupor ante una arbitrariedad que parece no tener límites y que deja entrever la contraprestación pasada, presente y futura, por las adjudicaciones. Una realidad que espanta por la codicia y ambición desmedida de gente que no necesita una vivienda del IPV, que pasa a engrosar una generación a la que volvieron facilista y escabrosa, y que saca ventajas en forma insaciable, a como diere lugar, a costa del sufrimiento y postergación de otros formoseños humildes que ven con cada adjudicación, esfumarse sus sueños y que nuevamente se burlan groseramente de sus necesidades de la anhelada casa propia. Son los sempiternos aspirantes, a quienes el IPV repite como latiguillo: “Tiene que esperar, hay gente que necesita más”.

Es un golpe a la esperanza y de una crueldad inaceptable. En estos momentos se torna absolutamente necesaria una nueva visión del formoseño, no el de los slogans falaces, de los que excluyen a los menos favorecidos en este sistema. Porque si el barrio “Evita” representa la concreción de obras para el nuevo hombre y los proyectos que se declaman, es de un desprecio por la vida, más que preocupante.

Ojalá que quien tiene las atribuciones para hacerlo, empiece a escuchar otras voces. Y que el tenebroso entorno del que se habla, comprenda que la venganza es la espada que hiere al que la maneja; que las hostilidades, castigos y desquites demuestran inmadurez y debilidad. Que quien tiene las atribuciones para corregir lo que se denuncia tenga presente que alguien dijo que “No necesito amigos que cambian cuando yo cambio, y asienten cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mejor. Quien tiene las atribuciones puede y debe hacer algo urgente para que el IPV cumpla con los fines para los que fue creado. Los formoseños esperan cambios profundos y gestos de coherencia.

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