"Como docente estoy espantada, el sistema educativo es un caos"

Cuando habla de política se apasiona, pero cuando se refiere a la docencia se le iluminan los ojos.
Mónica Garrappa, sunchalense de origen pero rafaelina por adopción, ha sido secretaria de Educación del Municipio y hoy es concejal por el PJ.

Antes de eso ha tenido -y aún la ostenta- una profunda militancia peronista, que se remonta incluso hasta sus primeros años de vida. Pero antes de todo eso ha abrazado una profesión, de la que nunca se ha alejado y con la que, asegura, seguirá hasta el final de sus días: la docencia.

Será por eso que su mirada se enturbia cuando tiene que evaluar la gestión educativa de la Provincia, y no tiene reparos en reprobar severamente el accionar de la actual ministra Rasino. De todos modos, la crítica a la Administración provincial excede la cuestión educativa, y al analizar la relación que el gobernador Binner ha entablado con el Municipio, las palabras discriminación e ineficacia afloran inmediatamente.

La antítesis de la Provincia, para la entrevistada, es la gestión de Omar Perotti, de quien destaca su "capacidad de anticiparse a las necesidades de la sociedad". Fiel soldado de la causa perottista, hoy reparte su tiempo entre el Concejo -que la ha sorprendido gratamente-, y el armado de la candidatura a intendente de Luis Castellano. Aunque aclara que a futuro no tiene aspiraciones políticas de ningún tipo, y que colaborará siempre y cuando haya un lugar desde el que pueda ser útil.

Sunchalense, rafaelina, hija, madre, militante, funcionaria, legisladora. Docente. Con ustedes, Mónica Garrappa.

¿Cuáles fueron tus inicios en la política?

Vengo de una familia justicialista. Mis viejos siempre fueron militantes del partido en Sunchales. Yo nací en el 56, es decir, después de la caída del segundo Gobierno de Perón. Y pude ver en mi casa como se vivió la resistencia. Recuerdo las reuniones que se hacían a escondidas, yo era chica pero me colaba para verlas.

De adolescente me involucré en la Unidad Básica donde estaban mis padres, y ya en la década del 70 milité en la Juventud Peronista en la UNL. Estuve en la plaza el 1 de mayo de 1974, fue la única vez que lo vi a Perón en vivo. No fue un momento feliz, pero sí trascendente que me marcó definitivamente.

Luego vino la época de la dictadura militar, donde termino de recibirme de profesora de Literatura y empiezo a ejercer como docente. En esa etapa la militancia empezó a pasar por otro lado. Hablaba con mis alumnas acerca de lo que estaba pasando en el país y trataba de mechar entre la bibliografía algunas de las obras que estaban prohibidas.

Después el trabajo me fue alejando de la militancia activa. Empecé a formar una familia, y me aboqué a dirigir una escuela que se estaba creando en la ciudad.

Hasta que se cruza Omar Perotti

Sí. A partir de esa tarea fue que me convocó Omar para sumarme a su equipo en 2003. Y lo acompañé en ese momento por la calidad de su propuesta. El modelo de ciudad que propone es el que yo quiero y en el que creo.

Pero me sumé sin tener expectativas de nada desde lo personal. Porque la vida me enseñó que lo fundamental es lo que vos puedas aportar y no lo que puedas esperar.

Cuando Omar me llama, yo iba como tercer candidato a concejal y no tenía ninguna expectativa. Termina la elección y me ofrece integrar su Gabinete. A mí me asombró notablemente. Porque confiaba en mi capacidad de gestión, pero nunca había trabajado en un cargo político. Fue un desafío grande para mí, porque tenía que dejar la escuela y dedicarme de lleno a esto.

Ahí empezó un trabajo más visible en lo político, que continuó a partir de 2007 en el Concejo. ¿Qué balance hacés de tu experiencia legislativa?

Primero tengo que aclarar que cuando miraba el Concejo desde afuera, como hacen muchos, no tenía dimensión de la trascendencia y la importancia del trabajo que se hace en el Concejo. Es una función que nos demanda a todos los concejales, aunque no todos somos iguales y cada uno lo asume a su manera, enorme responsabilidad. Porque las decisiones que tomamos ahí adentro impactan en la vida de la gente y de la ciudad.

En términos generales hay una fortaleza en el Concejo, y es que se ha logrado consenso en muchos temas, poniendo por delante lo que es importante para la ciudad. Lo partidario no tiñe tanto las decisiones.

No obstante me gustaría que alguna gente tomara más fuerza en el reclamo de los derechos de la ciudad, no importa a quién haya que ir a golpearle la puerta.

Desde lo particular, me gusta estar en contacto con la gente. Hoy en política todo el mundo habla de la importancia de los medios, de las nuevas tecnologías de la comunicación. Pero sigo creyendo que el encuentro cara a cara vale la pena. Por eso trato de recorrer bastante los barrios, charlar con la gente y conocer sus necesidades.

¿Por dónde pasan las principales diferencias con las otras fuerzas políticas que integran el Concejo?

Hay ciertos desencuentros. Nos hubiera gustado que la oposición encabezara el reclamo por las cloacas, que finalmente llegan en un momento electoralista. Y ese manejo es sucio.

La oposición no se borró, pero a mí me hubiese gustado una mayor energía. Ellos dicen que tienen escasa llegada al Gobierno provincial, lo cual puede ser cierto.

De todos modos no hay mala voluntad hacia el Ejecutivo Municipal. No se hacen zancadillas, o cosas sucias, para desprestigiarlo. Aunque ahora viene recrudeciendo un poco más la pelea, con este tema de las auditorías.

Te queda un año como concejal ¿Cuáles son tus expectativas para el 2011, que es un año electoral?

Mi fuerte expectativa es que Luis Castellano sea el intendente de la ciudad. Confío plenamente en su capacidad como dirigente. Y comparto el modelo de ciudad que plantea para Rafaela, que está basado en el desarrollo. Sabemos que hay nuevos desafíos. La sustitución de las energías no renovables, los empleos verdes, la tenencia de la tierra, la innovación social. Y estamos trabajando para eso.

Después se verá dónde puedo estar. Si soy útil en algún lugar, hacia allí iré. Y sino, no pelearé por ningún lugar, porque no es mi estilo.

¿Te interesa seguir como Concejal?

Aunque tengo un perfil ejecutivo, descubrir el Concejo fue muy interesante. Pero estoy dispuesta a correrme, si es necesario, o a asumir responsabilidades. No quiero mezclar aspiraciones personales. La política necesita de gente que le ponga el hombro al trabajo, dejando de lado las expectativas personales.

Hace siete años que formás parte del proyecto de Perotti ¿Qué balance hacés?

El balance de alguna manera te lo da la aprobación altísima que tiene la gestión. Basta con recorrer la ciudad para que la gente te exprese su adhesión al trabajo de Omar. Hay muchísimas obras iniciadas. Se ha transformado la cara de muchos barrios, fundamentalmente de los más humildes. Y el Presupuesto Participativo ha permitido una gestión de los recursos mucho más abierta y equitativa.

Perotti tiene, además una habilidad política destacada. No por nada va a ser, ojalá, el futuro gobernador de la Provincia. Y es su capacidad de anticiparse a las necesidades de la sociedad. Nosotros por ahí nos hundimos en cosas más chicas, y él puede verlo desde lo macro e insertar a la ciudad en un contexto regional, provincial y nacional.

Luego de dos décadas de gestión justicialista, desde el 2007 la Provincia está siendo dirigida por otro signo político. ¿Cómo ves al Gobierno de Binner?

Con una escasísima gestión, poco desarrollo efectivo, pero una excelente comunicación. Cuando ves los materiales que publica parece ser el Gobierno que más ha trabajado en la historia del país. Y los que lo vivimos sabemos que muchas de esas cosas son apenas maquetas o dibujitos.

Por otra parte hubo para con Rafaela una fuerte actitud discriminatoria. Las demoras fueron permanentes. Con las lagunas de Retardo, la ley de expropiación se votó junto con la expropiación de El Cairo. En El Cairo ya están haciendo funciones de cine, y nosotros tuvimos que pedir una prórroga de dos años porque no vino el dinero para expropiar. Y lo de El Cairo es una actividad cultural, cuando las lagunas de retardo es una actividad de seguridad, para evitar que se inunden barrios de la ciudad.

Es una manera mezquina de hacer política, porque antepone el interés particular al interés de la gente. Hablan de honestidad, transparencia y participación, y les preocupa más inaugurar las cloacas en 2011 que lograr que los vecinos las tuvieran en 2008, que era cuando deberían haberlas tenido.

Es un Gobierno ineficaz, que gasta demasiado, pero no en tareas de Gobierno sino en construcción de su propia estructura política. Un ejemplo es lo de los Nodos, que no han sido creados por ninguna ley que los avale. Pero esos nodos son estructuras territoriales de las cuales el Socialismo va a hacer uso electoral.

Sos docente y directora. No puedo dejar de pedirte tu opinión acerca de la política provincial en materia educativa.

Como docente estoy espantada. Y no sólo yo, muchísimos de mis colegas están espantados. Teníamos mucha expectativa. Porque en la campaña Binner planteó como uno de los ejes el de la educación. Y es un caos el sistema educativo. La ministra de Educación -NdlR: Elida Rasino- es una persona inaccesible si uno no piensa como ella. A mí me ha pasado, ya que he recibido agresiones en reuniones que hemos tenido.

Nadie sabe cuándo empiezan ni cuándo terminan las clases. Tenemos a los futuros docentes formándose con planes de estudio que han cambiado y que incluyen materias que no se cursan nunca.

Han incluido algunas cosas que teóricamente no son malas, como por ejemplo unos itinerarios por el mundo de la cultura, que implica que las estudiantes participen de distintos talleres en comunidades de la ciudad. Pero algunos talleres son de teatro, de cine, lo cual me parece sumamente entendible, y otros son de hockey, de salsa, de danzas españolas. No sé hasta dónde jugar al hockey hace que vos seas mejor maestro. De todos modos no sería del todo malo si no fuera que estos talleres interfieren con otra actividad importante como la observación y práctica en las escuelas. Muchos alumnos faltan a las observaciones para participar de estos talleres.

En definitiva estoy desilusionada. Porque sentimos presión. No podés crear ni imaginar distintas cosas en la docencia. Todo viene marcado.

Hay un autoritarismo muy fuerte, que te impide tener soluciones alternativas para los problemas que se van presentando.

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