Comienza a puertas cerradas, el que será el juicio del año

Este lunes por la mañana comenzará en los tribunales del Campamento YPF el juicio oral con acceso vedado al público, contra David Emanuel Ojeda de 20 años y el menor D.M. de 17, ambos acusados del brutal homicidio de los ancianos Héctor Techeira y Delia Briz, en su casa del barrio de Chacra XIII. El hecho será juzgado a puertas cerradas en un caso de aristas escalofriantes que conmocionó a Río Grande.
El homicidio ocurrió el 24 de abril del año pasado a las 4.30 de la madrugada aproximadamente, en el interior de la vivienda de Paso de los Andes 3586 de Chacra XIII, con los imputados que estaban con otro menor -que fue sobreseído en la causa- y dos jovencitas en una vivienda cercana a la de las víctimas, en calle Mazzarello 644.

David Ojeda se retiró 15 minutos y luego volvió para insistir a DM de ir a una casa, el cual se resistió pero finalmente accedió a ir, reconociendo haber tomado un cuchillo de la cocina.

Así, tras caminar 50 metros, golperaron a la puerta de la casa de sus victimas, y Delia Briz fue a abrirla, irrumpiendo los jóvenes en el acceso a la misma, tirando hacia atrás a la mujer, forcejeando con ella en el comedor, para luego obligarla a entrar en la habitación matrimonial en busca de dinero.

La masacre

A pesar que la mujer les entregó la suma de cien pesos que extrajo de un libro, la atacaron ferozmente con las armas que portaban, infligiéndole 38 heridas entre puñaladas, cortes y lesiones corto punzantes.

Luego se dirigieron a la otra habitación cuyo acceso era obstruido por Techeira, quien intentaba resistir el ingreso de los jóvenes en un último y desesperado intento por conservar la vida, dejando las llaves del lado de afuera, por lo que no tuvo oportunidad de trabarla.

Los jóvenes totalmente fuera de si comenzaron a clavar las armas blancas atravesando la puerta placa, y con patadas, finalmente lograron atravesar la puerta para un brutal homicidio en el que le infligieron al hombre 48 heridas de arma blanca, en un descabellado y aberrante baño de sangre.

Allí el menor DM sufrió un severo corte en su antebrazo, que señaló se lo hizo su consorte de causa accidentalmente, mientras este sujeto -David Ojeda- sufrió cortes en dos dedos, uno de los cuales quedó “prácticamente colgando”, relatarían después algunos testigos.

Los asesinos se hicieron allí de cien pesos, un celular y una billetera, pero no conformes con ello, se prendió fuego al mantel de una mesa y se dejaron abiertas todas las perillas de gas de una cocina, a fin de generar una explosión que borrara todas las pruebas. Un milagro quiso que el fuego no prosperara, en un detalle que agrava más la criminalidad de la acción.

Numerosos testimonios y pruebas objetivas como análisis de ADN mantienen seriamente comprometidos a ambos jóvenes, que a puertas cerradas comienzan a jugarse su suerte en un hecho caratulado como “homicidio doblemente calificado”, que puede valerles hasta la pena de reclusión perpetua, dadas las circunstancias del brutal hecho.

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