Los comerciantes, obligados a liquidar

En los negocios de Blanco Encalada y Cabildo hubo colas de clientes para comprar mercadería que se vendía a precio de costo; los afectados por la tormenta trataban de recuperar algo de las pérdidas
En la historia de inundaciones del barrio de Belgrano, como en todas las historias, algunos ganan y otros pierden. Eso quedó claro ayer en la esquina de Cabildo y Blanco Encalada, ya que mientras los comerciantes se lamentaban por sus pérdidas, cientos de personas sacaban provecho de la situación.

En Cabildo, la "liquidación por anegamiento" antes era una alternativa que llevaban adelante unos pocos comerciantes, pero ya se ha convertido en una costumbre de la que participan la mayoría de los negocios de la zona.

Y ayer esta triste tendencia volvió a hacerse fuerte. De hecho, los comerciantes la sienten tan consolidada que la mayoría de ellos llevan un registro de sus respectivas participaciones en la insólita temporada de ofertas. Así, cada uno recuerda si ya participó de tres, seis o más de estas liquidaciones. "Como nadie nos asiste, nos arreglamos entre nosotros", explicó Noemí Sousse, la mujer del dueño del local de telas Robert, sobre el surgimiento de la idea.

La liquidación de las telas en ese negocio empezó el lunes al mediodía, cuando los dueños empezaron a vender la mercadería todavía mojada a un precio muy bajo para recuperar el valor del costo.

Mucha gente que se acercó ayer ya había participado de otras liquidaciones durante otras tormentas y comentaba con los recién llegados la oportunidad que representaban las supuestas gangas.

A la caza de la oferta

"Yo vivo a la vuelta, y ahora vine porque siempre que llueve se que hacen estas ofertas. Está bueno porque unos zapatos que cuestan $ 250 te los podés llevar por $ 50", dijo la vecina Margarita Pires en la zapatería Marta Sixto, donde la mercadería se vendía entre $ 50 y $ 100.

El dueño del local, Ramiro, de 38 años, dijo que pensaban liquidar todos los zapatos que se mojaron: "Vamos a seguir con la liquidación hasta el sábado y esperamos vender todo", dijo.

El comerciante, como la mayoría en la zona , volvió a reclamar la asistencia del gobierno de la ciudad. Aunque muchas veces solicitó el subsidio, dijo que lo recibió una vez sola y hace más de diez años.

Noemí, comerciante de un local de telas, dijo que la única vez que le pagaron un subsidio "fue tan chico que no cubría el gasto en fotocopias para pedirlo", así que ni siquiera fue al banco a cobrarlo.

"Ayer vinieron del gobierno a ayudar, pero como en la inundación anterior no nos pagaron ahora decidimos recuperar la plata perdida de otra manera. Por eso hacemos la liquidación, para sacarnos de encima la ropa arruinada", explicó Eduardo, de 57 años, dueño de un comercio de ropa ubicado sobre Blanco Encalada.

En su negocio, las remeras de algodón pasaron de $ 80 y $ 60 a $ 20, y los jeans, de $ 60 a $ 30.

Silvia González, de 60 años, es una de las clientas que, cuando se entera de una liquidación post-tormenta, no duda en ir a ver si consigue algo.

"No me importa que los objetos estén sucios o dañados, porque los lavo y ya está. Para mí es una oportunidad buenísima, porque puedo comprar un montón de cosas. Ya había escuchado que hacían esto y una vez vine, aunque no me llevé nada", dijo, mientras salía del bazar Sheshu con bolsas llenas de artículos.

En ese local, sin embargo, los productos estaban tan sólo un 20% rebajados. El encargado, Hugo Kripiec, de 32 años, explicó que el descuento no era tan grande porque se habían arruinado los embalajes, pero no tanto los productos.

"Cada vez más comercios se suman a las ofertas por inundación. Cada vez que la hacemos recibimos mucha gente y la clientela crece con cada tormenta", recordó Kripiec.

Si bien gran parte de los que compraron dijeron que aprovecharon las ofertas, también hubo quienes criticaron los descuentos y argumentaron que podrían ser mayores.

"Yo vendo cosas en ferias de toda la ciudad, así que vine a ver si con esta mercadería puedo hacer negocio. Me compré unas chatitas marrones para cambiarles el moño por uno flúo y venderlas más caras. Pero la verdad es que en estas ofertas no se consiguen muchas cosas baratas. Me parece que es más ruido que otra cosa", aclaró Miguel Cruz, de 65 años.

"La gente responde bien a la propuesta. Se llevan muchas telas sucias y algunos también toman las que están en buen estado y se las compran. Ésas son las que nos dan ganancias. Lo bueno es que cada vez viene más gente, porque ya se enteran y saben que les conviene", explicó Laura Sousse, la hija de los dueños del local Robert

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