Comentario Político Semanal: Una oportunidad para que todos ganen

La puesta en marcha este viernes de la 31º Fiesta Nacional del Pomelo en Laguna Blanca puso de manifiesto la situación por la que atraviesa el sector productivo formoseño. La mega-muestra formoseña con proyección internacional (por la cantidad de visitantes paraguayos, principalmente) se muestra como vidriera del trabajo que el gobierno realiza junto a los productores autóctonos.
Reiterado por la mayoría oficialista durante todo el año y ante cada micrófono sobre las acciones que desde el gobierno se hace en materia de ayuda hacia el sector productivo más vulnerable, ayer los resultados quedaron a la vista para sorpresa de muchos “desprevenidos”. A simple vista, muchos sucesos para elogiar. En el trasfondo, otras tantas para preocuparse.

Un simple recorrido por los diferentes puestos que tienen vínculo con el sector productivo de la provincia permite comprobar que en Formosa se puede producir mucho y, lo más importante, bien. Aunque se trate de una feria y el empeño de los feriantes esté puesto en la presentación de los logros, tranquiliza saber que hay productores de diferentes escalas (aunque predominan los pequeños) que se dedican gran parte del tiempo a trabajar la tierra y el campo.

Frutas y verduras de primer nivel están al alcance de la vista de todos, sumado a ellos los productos derivados que abre el abanico de posibilidades para pensar en una salida económica de aquellos que por voluntad propia o ajena están en el eslabón más desfavorable de la economía provincial.

Entre lo diferentes puestos, se destaca el del Instituto Provincial de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario (PAIPPA), donde productores “artesanales” encuentran la posibilidad de ofrecer sus producciones a los consumidores. Este tipo de productores sintetizan la generalidad o la gran mayoría de quienes se vinculan directamente con el estado provincial para lograr subsistir.

Se expone, pomelo, banana, mandioca, batata, tomate, morrones y hortalizas y sus derivados, entre otros tantos productos, todos de gran calidad, permitiendo sacar a flote el trabajo que los técnicos del Ministerio de la Producción, los CEDEVA y el INTA realizaron durante largos años con los lugareños de las distintas regiones provincial para intentar explotar un potencial productivo que hasta ahora no dio el salto necesario para dejar de ser meramente de subsistencia.

“Yo tengo treintas colmenas. Puedo tener más, pero se me complica el tema de la venta, porque para mi es muy caro poder salir al pueblo a vender. Si alguien pudiera vender lo que yo produzco el negocio sería redondo para los dos, pero no consigo alguien que quiera vender mis productos y yo no puedo dejar solo el campo mucho tiempo”, contaba la productora de miel de Naich Neck, que ofrece en el predio uno de los productos más reclamado por los visitantes. Al lado, doña Victorina, productora de dulce de mamón de Buena Vista, admite con énfasis, lo que su circunstancial vecina se animó a reclamar.

La cola del diablo

Lo que se ve en la faz productiva choca, lamentablemente, con un problema que en la simpleza de la charla con los chacareros puede percibirse: la necesidad de dar el salto cualitativo hacia un sistema formal y “despolitizado” de distribución y venta de lo que producen los campos o huertas formoseñas. Cualquiera que adquiera un producto, advertirá que en las etiquetas, en vez de hablar de las bondades y cualidades del fruto, sobresale ampliamente la palabra P.A.I.P.P.A. Si el esfuerzo por resaltar la institución fuera reemplazado por un código de barras (para nada caro, por cierto), estos productos estarían listos para reposar en las góndolas de cualquier supermercado nacional.

“Vine al predio para ver si consigo dos o tres productores que abastezcan mi verdulería para ver si abarato costos y reemplazo algunas frutas o verduras que compro en el Mercado Frutihortícola, pero no hay un sistema que permita que los huerteros puedan sacar sus producciones en forma sistemática si no es con la voluntad de algunos intendentes y en forma discontinua, salvo si es para llevarla a la feria del PAIPPA porque ahí las órdenes vienen de otro lado y con otro peso”, comentaba un verdulero que tiene su negocio muy bien ubicado en una zona privilegiada del sector sur de la capital.

Es en este tramo de la cadena donde todo comienza a trastocarse y la decisión política de impulsar a los pequeños productores se mezcla con los intereses mezquinos de los políticos que utilizan a los productores como botín de batalla internas en los niveles donde el control de los mandos superiores del gobierno muchas veces no llega a tiempo ni con la intensidad necesaria para evitar la distorsión.

Los esfuerzos en infraestructura que se concretaron durante la última década fundamentalmente podrían tener mejores resultados de los existentes en estos momentos si realmente todos los niveles gubernamentales superpusieran los intereses generales a los particulares. “El PAIPPA avanzó mucho este tiempo, pero nosotros nos sentimos tironeados por los intendentes o los dirigentes de las zonas, que vienen a visitarnos a nuestra huerta y muchas veces nos dicen que tenemos que ir a la feria y otras veces no dicen que nos quedemos porque no quieren ayudar a otros productores y que tenemos que pelear todos juntos. Nos confunden porque nosotros solo queremos vender lo que tenemos y a veces nos quedamos con los productos dañarse porque no nos vinieron a buscar”, cuenta un productor que detalla que con la venta en una de las ferias que se desarrollan en la ciudad subsiste en la semana, ayudado por el beneficio nacional de contar con un subsidio.

La descripción cruda y precisa del productor desnuda una situación que se multiplica por decena en el interior y que en muchos casos, quienes deben corregir las irregularidades quedan sumisos en peleas internas donde la lucha por espacios desvirtúa el discurso y el esfuerzo de los niveles más altos.

Objetivos perdidos

Las pugnas y las internas chicas también hacen perder de vista objetivos que podrían traer réditos inmediatos para la economía local. “Nosotros podríamos comprar estos productos sin ningún inconveniente si nos garantizaran un abastecimiento permanente, pero parece que hay intenciones que nadie crezca por si mismo porque dejaría de depender de la ayuda estatal. No hay otra explicación porque la producción se puede ver que existe”, decía un empresario “pesado” que recorría el sábado por la tarde los stands con frutas y derivados mientras afirmaba que los costos podrían bajar para los comerciantes y se podría ofrecer precios que beneficie a la canasta familiar.

Ante la incómoda pregunta, un miembro de la comitiva que aplaudía a rabiar cada acción del gobernador en la apertura de la Fiesta del Pomelo contestó: “No creo que haya intereses mezquinos, sino que los empresarios tampoco ayudan porque no quieren que todo el costo lo absorba el Estado. Están muy malacostumbrados y nosotros hacemos lo que podemos”, asegura el funcionario que circunstancialmente se hace ver en círculos de emprendedores.

Durante el mismo evento de apertura, el ministro de la Producción Raúl Quintana repitió que “el Estado ayudará a los productores de la provincia”. La pregunta es si esta vez la ayuda servirá para dar el salto necesario para pasar del asistencialismo a una profesionalización de la cadena de comercialización,una decisión política que los productores, los comerciantes y los consumidores esperan.

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