La combinación de drogas y delitos violentos se incrementa en Concepción del Uruguay

Un reciente informe de Naciones Unidas (ONU) indica que Argentina es el país de la región con mayores niveles de consumo de cocaína. Este dato se vincula con un estudio previo de la ONU que ratifica el estrecho vínculo entre delitos violentos y consumo de drogas, una combinación que lamentablemente se ha instalado en las calles de Concepción del Uruguay.
Carta blanca

El ranking de países con tasas más altas de prevalencia anual de consumo de cocaína (ciudadanos que consumen al menos una vez al año) en la región está liderado por Argentina. La prevalencia del consumo en nuestro país "es mayor que la media mundial" y los datos de la ONU indican que el consumo de esta droga ha venido aumentando en los últimos años, con un porcentaje de habitantes que se drogan que supera en tres veces el promedio mundial.

La Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD) ha calculado que en 2009, la prevalencia anual del consumo de cocaína en todo el mundo en la población de entre 15 y 64 años se situó entre el 0,3 y el 0,5 %, mientras que en Sudamérica ese índice aumenta al 1%, y alcanza el 10% si se contemplan todas las drogas ilegales, lo que supone la existencia de controles más laxos para quienes manejan el narcotráfico. Un negocio global que mueve alrededor de 800.000 millones de dólares a nivel mundial según las estimaciones de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de 2011, publicadas en Ámbito Web.

Del Star System a las calles

La cocaína es además "la sustancia citada con más frecuencia como causa de los fallecimientos provocados por drogas o relacionadas con ellas en América del Sur", se destaca en el informe.

El caso de la modelo Jazmín De Gracia, que falleció producto de una sobredosis en la bañera de su casa, es apenas uno de los costados de este asunto. Esta forma de consumo personal, propio del Star System (modelos, empresarios, niños ricos), se trasladó hace varios años a las calles de las ciudades, en que esta droga circula de forma masiva aún en los sectores de menos recursos que se contentan con cocaína de menor calidad “cortada” con medicamentos, efedrina u otras sustancias. Sumada a la aparición del “paco” que se elabora con los desechos de la cocaína, esta sustancia se ha instalado en los más vastos sectores sociales.

Más droga, más violencia

Recientemente, a fines de 2011 el plenario de Obispos de la Iglesia Católica elaboró un informe que indica que “el 60% de los delitos violentos son cometidos por adictos” a las drogas.

Frente a la creciente ola de inseguridad que afecta a ciudades tranquilas como Concepción del Uruguay –que se vio sacudida por el asesinato de Darío Ferrer–, el tráfico y el consumo de drogas parece explicar el agravamiento de los niveles de violencia en los delitos.

Mientras en el país 1 de cada 100 habitantes consumía drogas en 2001, hoy la cifra se ha incrementado a 10 cada 100. Un tema tabú que prefiere ser minimizado por el poder político de turno que apunta a incrementar la presencia policial como principal arma para disminuir la delincuencia, desconociendo públicamente que son las connivencias de la política, la policía y las redes de narcotráfico la que hacen posible la distribución de drogas en las ciudades y el consecuente incremento de la violencia en los delitos.

La movilización social

La Pastoral Nacional sobre Drogadependencia, que conduce Monseñor Jorge Lozano, advierte que este aumento del consumo de drogas responde a “la vinculación con las mafias del narcotráfico que se quieren instalar y controlar espacios de poder".

Un sector importante de la ciudadanía parece dispuesto a enfrentar estas mafias y presionar al poder político local y provincial para que no se haga el distraído. La movilización va dando sus frutos y parece depender de esa fuerza que el tema se mantenga en el centro de la escena y obligue a concretar las respuestas necesarias.

Aún así, en este asunto las soluciones de fondo parecen estar más cerca de la inclusión, la prevención y la educación antes que la exclusión, la represión y la reclusión.

La desigualdad es la base del crimen

Gastón H. Schulmeister, especialista en Seguridad, publicó un informe hace pocas semanas en el que destaca los principales resultados del informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODD). En el Estudio Global sobre el Homicidio (2011) se evidencia la vinculación entre el crecimiento de los homicidios y el accionar del narcotráfico y el crimen organizado.

Según el estudio, en 2010 a nivel mundial se estima que se cometieron 468.000 homicidios, de los cuales el 31% ocurrieron en América que duplica al promedio global, con 16 crímenes cada 100.000 habitantes.

El estudio también establece un vínculo claro entre el homicidio y el desarrollo. Se advierte una clara asociación entre altos índices de homicidios con bajo desarrollo humano y económico, al punto de establecerse que los países con amplias disparidades de ingresos tienen 4 veces más probabilidades de ser afectados por delitos violentos que las sociedades más equitativas.

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