Colegios tomados

Realmente así como nos produce pena y desconcierto la prolongación de este hecho nuevo de los colegios tomados (antes en la ciudad de Buenos Aires, ahora en la ciudad de Córdoba, mañana en zonas rurales) sin capacidad oficial de previsión y respuesta, es mucho mayor nuestra perplejidad ante la pobreza e ignorancia sarmientina de todos en este debate (salvo ilustres excepciones que seguramente se tuvieron que ir del país o están trabajando en una noble y digna verdulería, taxi, quiosco o panadería porque, entre nosotros tiene más posibilidades "el que trae un Fiat 600 lleno de votos" que licenciaturas, maestrías, idiomas y tal... o no?).
Si bien algo se ha escrito y publicado sobre este grave problema, en general nadie abordó más allá de sus efectos desdeñando o desconociendo sus causas.

En efecto, pareciera que nadie sabe ni ha leído nada (o no le conviene) hablar de Educación a partir de nuestra espléndida Ley N° 1.420.

Es que casi todos alguna vez nos llenamos la boca hablando de esa ley pero, ¿cuántos la hemos leído, cuántos la han aplicado o se han inspirado en la misma?

Ya a partir de la misma se habían previsto visionariamente todos los recaudos, todos los remedios e incluso su generoso financiamiento (porque, ¡el interés es la medida de la acción!) al que, todos sumaban, por ejemplo: si se lee lacarta orgánica fundacional de los bancos provinciales de hace más de cien años de Córdoba, se podrá verificar que en las mismas se destinaba no menos del 5% de sus ganancias para Educación.

Hoy, ante cada colegio tomado "y no tomado", cómo no releer entonces nuestra sabia Ley 1420 la que en su artículo 36 inc. 5) previó dos Inspectores Maestros por cada Colegio con dos visitas anuales, mínimamente para asegurar el estado de los edificios, de su mobiliario, disponibilidad de material didáctico, etcétera.

Más aún en su artículo 38 se instrumentó un inapreciable Consejo Escolar por colegio conformado por cinco padres de alumnos, quienes debían ocuparse de observar en cada colegio su higiene, la disciplina, el estado y la conservación edilicia, etc.

Este debate tampoco debe ser cuantitativo, no debe consistir sólo en castigar con "faltas" (adonde no se puede prudentemente concurrir), tampoco debe ser sólo recuperar días de clases sino que se trata y se tratará de garantizar contenidos en humanos ambientes educativos aptos y propicios para la transmisión y aprehensión de conocimientos por parte de los alumnos; sin perjuicio de reivindicar abnegadas asistencias de alumnados a establecimientos educativos en pésimas condiciones los que no por eso fueron tomados.

Preconclusiva y lamentablemente, después de los logros de "la pedagogía piquetera", sólo el "ruido social" y la sonoridad de las protestas -algunos pocos de todo el alumnado precozmente usados y politizados- atropellando "todos los derechos de todos los demás", sólo ellas, extravagantemente, tienen aseguradas respuestas satisfactorias para cualquier reclamo desnudando simultánea y concomitantemente la incapacidad y la corrupción político-administrativa.

Dice Sábato: ¡todos quienes se ponenen el bolsillo el dinero de las licitaciones (para nuestros colegios) no pueden ser saludados!

Final y cívicamente, ante la ruinosa asignación de recursos públicos súper estadios, sofisticados, carísima y tilinga marketinería turística, refacciones a fachadas de cierto patrimonio cultural, etc., que sin desmedro estructural pueden esperar su turno) con calamitosas implicancias y derivaciones socio-educativas interanuales "pruebas al canto", deberíamos añadir todos nosotros que los funcionarios responsables últimos, directos e indirectamente involucrados antes y ahora -por acción u omisión- tampoco deben "ser reelectos", esto último ya como sociedad civil "despierta", menos complaciente, menos neutral y más aplicada con sus deberes (no sólo con sus derechos), singularmente ante "la prudencia" de los defensores del pueblo y la de sus agentes fiscales.

Al menos habrá aquiescencia con esto para no dar razón a la afirmación del genial Bernard Shaw: "interrumpí mi educación a los cinco años para ingresar al colegio".

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