El colapso municipal, también hacia dentro

Las calles de la ciudad piden a gritos obras y servicios, pero la infraestructura de la administración no les va en zaga. Tres de cada cuatro dependencias tienen problemas.
Las expectativas –y demandas– del 1,3 millón de vecinos para con el intendente de Córdoba, Ramón Mestre, fijan prioridad en la realización de obra pública y prestación de servicios esenciales (limpieza, transporte, salud, educación).

Nadie ignora que en esos 
ítems hay una deuda pendiente desde las últimas gestiones. Pero también existe un marcado déficit que los vecinos no ven y es el que se produce puertas adentro del municipio, en rubros como infraestructura, seguridad e higiene laboral.

Según relevamientos de las propias autoridades, sobre 130 dependencias, hay “por lo menos 100 con problemas” –en algunos casos gravísimos– de funcionamiento y edilicios.

El retraso, por una prolongada desinversión, es particularmente notorio en las áreas de comunicaciones y automotores. Una recorrida de este diario en una decena de dependencias junto al secretario de Coordinación, Sergio Torres, permitió verificar ese panorama.

Desconectados. En la era de las innovaciones tecnológicas permanentes, ingresar al subsuelo del Palacio 6 de Julio, donde está el generador eléctrico, implica un viaje al atraso. Cualquier baja de tensión en el servicio de Epec (esos episodios son cada vez más frecuentes), deja al municipio sin energía y atado de pies y manos, porque no tiene autonomía en ese rubro.

El generador tiene más de 10 años y serios problemas operativos. “Se recalienta, se apaga, y caen todos los sistemas”, graficó un funcionario de la Subsecretaría de Tecnologías de Información y Comunicaciones. Además, los dos bancos de baterías que están agotados.

Cuando los sistemas dejan de funcionar, se caen las líneas de cajas, la impresión de cedulones y no se pueden hacer trámites. “Se paraliza todo”, graficó un técnico municipal.

La obsolescencia tecnológica también se verifica en el propio centro de cómputos. Se compró en 2003 y empezó a funcionar un par de años más tarde, pero contiene desarrollos que IBM lanzó al mercado ya en 1999. Y otro dato peor: para liquidar sueldos dependen de un programador de lenguaje Cobol y esa tarea está a cargo de un empleado de 72 años, a quien nadie quiere dejar que se jubile.

Montañas de chatarra. Otra postal inigualable de abandono son los talleres de la Dirección de Automotores, en Observatorio. El lugar es un cementerio de ambulancias, utilitarios y vehículos. Las mayoría de las unidades lucen desmanteladas, por la lógica de la precariedad: al no disponer de stock de repuestos, desarman varias para armar una.

Las vedettes entre ese montón de chatarra son las “cebritas”, las Cherokee pintadas de verde y blanco que en 2000 compró Germán Kammerath. De ellas, sólo queda un par en circulación; el resto, son carcasas.

También se registran situaciones absurdas, como las de una Kangoo modelo 2009 que después de una estadía de un año en un taller volvió... pero sin su tapa de cilindro.

Al lado, la escena se repite en Higiene Urbana, donde reposan tres palas mecánicas que nunca fueron reparadas y también una Toyota Hilux. Los mecánicos aseguran que con unos 10 mil pesos alcanza para ponerlas de nuevo en circulación y apuntan otro dato: el alquiler de una pala privada para suplir el faltante de propias se paga a razón de 500 a 700 peso la hora.

También hay dos Trafic paradas por problemas menores: falta de batería y rotura del tren delantero. Y el panorama se completa con un “agujero” en el techo, por chapas que se volaron, paredes electrificadas y cielorraso a punto de caer.

La recorrida termina en la planta de cloacas de Bajo Grande. Baño y vestuarios para los 86 empleados muestran condiciones de higiene sólo comparables a las de los piletones donde se procesan líquidos cloacales.

“¿Con qué cara les exigimos a los empleados que trabajen? Si no recuperamos internamente el municipio, no hay forma de prestar servicios”, resume Torres

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