Un colapso, dos colapsos, tres colapsos...

Otra vez se rompió un acueducto en pleno centro. Pero lo mismo ocurre en los barrios, con el agua potable y con el servicio de cloacas. El colapso es más político que técnico.
No se rompe en cualquier lado, sino en la zona más céntrica, donde está la sede del Municipio, donde los fines de semana se reúnen miles de personas. Este sábado, el panorama era tremendo: agua por doquier, barro, la imagen de una ciudad colapsada. Se había roto (¡otra vez!) uno de los acueductos principales.

Las pérdidas de agua potable, y las de aguas servidas por deficiencias en las cloacas, baten récords patéticos en la capital provincial. La principal responsabilidad es, ineludiblemente, del Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS).

Pero también están en mora los políticos en general, que no consiguen dar el paso necesario para aprobar de una vez por todas un sistema de concesión, con un ente de control, un marco regulatorio, y todo lo que hace falta para hacer avanzar a Neuquén de un sistema estatal casi salvaje (por la ausencia de controles y mecanismos institucionales) que sirvió al principio pero que ahora es obsoleto, a un sistema más moderno, con o sin intervención de capitales privados.

Mientras, se derrocha el agua y se contamina con desechos cloacales en muchos barrios, no solo en el centro. Una lástima. Porque debería tenerse en cuenta que lo que está colapsado no es tanto el sistema de distribución del agua, sino el sistema político-sindical que lo mal administra.

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