Su esposa y su hijo lo acompañaron. A sus íntimos les dijo que se iba “tranquilo” por haber cumplido el mandato popular de 2007.
Cobos había arribado a Capital Federal el viernes por la noche junto a parte de su familia y su grupo más cercano de colaboradores que le sirvieron de contención en todo momento. Se hospedó en un hotel céntrico y a las 9 de la mañana ingresó por última vez a la oficina que mantuvo durante cuatro años en el Senado nacional.
Junto a su esposa Cristina y su hijo Agustín, compartió un café con sus personas de mayor confianza, casi todos mendocinos. Entre ellos estaba la senadora nacional Laura Montero, su vocero Julio Paz y su lugarteniente Juan Montilla.
Cerca de las 11, el ex gobernador mendocino traspasó la puerta que comunica la Cámara alta con la Cámara de Diputados, en cuyo recinto se desarrolló la Asamblea Legislativa. El ingreso a este cuerpo fue el esperado: los tres pisos de palcos lo abuchearon e insultaron. Es que en su gran mayoría las bandejas estaban copadas por jóvenes kirchneristas de La Cámpora, la agrupación “Octubre” y la JP. Desde que en julio de 2008 Cobos desempató a favor del campo en el conflicto por las retenciones móviles a las exportaciones de cereales, el ahora ex vicepresidente se convirtió en blanco predilecto de la bronca oficialista.
El vice saliente debió reunirse con el titular de la Cámara baja, Julián Domínguez, y con la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkés de Alperovich, para esperar el ingreso de Cristina Fernández y Amado Boudou. Cuando el momento se produjo, a las 12 en punto, la Presidenta le dio fríamente la mano y no volvió a dirigirle la mirada. Estaba todo previsto para que esto no fuera necesario.
Cobos no pudo invitar a tomar juramento a los nuevos mandatarios, como establece el protocolo, y la ceremonia de asunción comenzó directamente con la jura del nuevo vicepresidente, quien a su término, convocó a Cristina Fernández a prestar el compromiso constitucional por cuatro años.
La Jefa de Estado y Boudou optaron por leerse a sí mismos sus juramentos y Cobos sólo debió acercarles el texto a modo de invitación, sin emitir palabra alguna. Para no incomodar, cumplió el rol de un edecán.
Luego de que Cristina Kirchner juró y su hija Florencia le puso la banda presidencial, el mendocino salió del recinto. Tampoco había podido pronunciar la fórmula con la que un vicepresidente entrega la presidencia del Senado y de la Asamblea Legislativa a su sucesor.
En la puerta del despacho que supo ocupar se reunió con su familia y con Montilla y partieron en un auto hacia el hotel. A las 18 abordaron el avión que anoche los depositó en Mendoza.
“Lo noté tranquilo. Estábamos todos muy aliviados porque se pudo poner fin con lo que se había prometido a sí mismo, que era terminar con el mandato que le dio la gente en 2007”, explicó Montero a este diario. “Para él el deber ser siempre fue muy importante”, agregó la senadora.






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