Un agudo observador de la realidad política trajo a colación lo que denominó una “extraña teoría” del suscripto respecto del rol actual de La Cámpora, el “patronazgo” de Yrigoyen. Apeló sin decirlo, con sutileza encomiable, al sentido más extendido de la palabra “burocracia”.
Se impone tratar de explicar entonces, la “extraña teoría¨. Advierto antes de empezar que nadie debe sentirse ofendido por lo que voy a decir. No hay detrás de este poncho, cuchillo alguno. Sólo aportar un minuto de reflexión entre tanta confusión a los que la realidad nos somete.
Fue claramente Perón en el 45 y sucesivamente el que descubrió la utilización al máximo del empleo público como caudal electoral y maquinaria al servicio de un partido. Vamos a saltear lo que vino después, para ser piadosos.
Por primera vez en esta década, la burocracia ingresante es la juventud. No se trata del patrimonio exclusivo del FPV. También el PRO pesca en esas aguas. La diferencia es clara, igual. La Cámpora apela a estudiantes universitarios de Ciencias Económicas UBA. La juventud del PRO, diseño de indumentaria. Es claramente más “Light” pero igual de comprometida con sus ideas. Es un avance porque los peronistas de los 90 y los padres de los jóvenes PRO ingresaban al Estado para destruirlo. Los jóvenes de hoy, de uno y del otro lado, ingresan como nueva “burocracia” para transformarlo. Para usarlo como herramienta indispensable en la búsqueda de una sociedad más justa.
Hace 20 o 30 años, cuando me recibí, el recién graduado sólo pensaba en conseguir un “puestito” a la mañana en alguna repartición pública para a la tarde escaparse a trabajar en su propio estudio si podía con los “clientes” que sacaba de ahí, un bloc de hojas y algunos ganchitos. De paso llamaba a toda a su parentela en el interior desde el teléfono oficial.
Los jóvenes que hoy se gradúan inician en el Estado una carrera. Saben que al final de la misma los espera un Ministerio o la presidencia de Tenaris. Algo a lo que jamás podrían aspirar ingresando en una actividad privada sin grandes contactos y con severas diferencias ideológicas. Súmenle a ello los sueldos del Estado que triplican a los privados. Más estabilidad. Un paraíso.
Y ahora viene lo difícil de refutarle a nuestro agudo analista. Hay que encuadrar a La Cámpora dentro de la magistral clasificación de la burocracia que hizo Max Weber hace años.
De entrada nomás afirmo que esta joven burocracia, nueva, derrotará a las instituciones. Está llamada a perdurar. Se irán los k pero quedará esta novedosa cría de excelencia. Ya lo dijo Lipovetsky refutando a Fukuyama. No hay un fin de la historia. Como a los cadáveres, le sigue creciendo el pelo y la uñas aún después de muerta. No lo dije yo. Lo dice Lipovetsky.
Y vuelvo a Weber. No es La Cámpora la “burocracia” en el sentido vulgar del término. La que le atribuye todos los males del Estado. La agrupación está en el segundo estadio. Conviven en esta nueva “burocracia”, al estilo francés dije antes, la “alta burocracia” de políticos y funcionarios de rango superior y la “baja burocracia” donde se mezclan jóvenes con ideales superadores y viejas capas de “cazadores” de puestos, destructores “camuflados”, amigos y punteros de la “vieja política” con muchos jóvenes a los que les importa más una Argentina nueva más justa. El kirchnerismo, permítaseme, es nada más que un instrumento.
Démosle a la juventud, no importa el signo ni el partido, esta oportunidad única. Con errores. Con torpezas. Están entrando al Estado para transformar la sociedad. Nosotros tenemos la obligación de conducirlos.
Porque todos, vos que estás leyendo esto seguramente más que nadie, queremos terminar con la inseguridad, con la ineficiencia al momento de distribuir riqueza, con las profundas desigualdades que cada día se amplían más, con ese Estado que dilapida crecimiento a tasas chinas desde hace nueve años porque sus funcionarios llegan al poder sin haber siquiera manejado una “parrilla” o un kiosko.
La “burocracia” de la que estamos asistiendo a su génesis es aquella que Weber definió como “organización legal perfecta y eficiente”. La que va a perdurar cuando se agote su dominación “carismática” para dar paso a la legal. Donde prime la “meritocracia” para ascender en la escala administrativa.
Algunos podrán tildarme de ingenuo. Yo prefiero sentirme, optimista.
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