El Consejo de la Magistratura está en condiciones de votar el dictamen que habilita el inicio del juicio político a Miret por haber asegurado “la impunidad” de los responsables del terrorismo de Estado. El caso de una menor secuestrada es uno de los que lo comprometen.
–¿Cómo está? –le preguntó un hombre de traje.
–Dolorido –respondió Tomini.
–Hay que aguantar –le recomendó el visitante.
Tomini pensó “que era una payasada de la policía”. “Pero mi sorpresa grande es cuando días después voy al juzgado y era el juez (Miret)”, relató. Desde su pequeño calabozo –dijo– no veía, pero escuchaba. Así conoció la voz de Luz Faingold, que estaba en el calabozo vecino. La oyó “implorar” que no la violaran. Luz tenía 16 años, estaba en quinto del secundario y era delegada. Su madre, Luz Casenave, la buscó con desesperación. La mujer también declaró en el Consejo. Al enterarse de que estaba en el D2 corrió a sacarla invocando su condición de menor, pero el juez “había prohibido la restitución al hogar” con el argumento de que sus padres, divorciados, no daban “garantía moral”. A la semana pudo entrar a tribunales, cuando Miret estaba indagando a Luz. La vio en una silla como “un pajarito vencido, un ser arruinado”. Quiso abrazarla y se lo impidieron.
–¿Quién es usted? No se puede entrar acá –le gritó el juez. “Yo le dije: ‘Soy la madre de la persona que usted está indagando (...), usted está cometiendo un delito, a una menor se la interroga delante de los padres, del tutor o de un abogado’”, revivió Casenave.
Luz Faingold fue llevada por orden de Miret a una institución para niñas sin hogar y prostitutas. Desde allí le escribió una carta a una amiga contándole que había sido violada durante la detención. Esa situación había sido denunciada ante el juez por León Glowosky, pareja de Luz, también detenido en el D2 junto con otros jóvenes. Todos denunciaron torturas. Uno de ellos, Prudencio Mocchi, tenía un disparo en una pierna.
Estos casos sustentan parte del dictamen contra Miret que elevó el consejero Héctor Masquelet (representante del Poder Ejecutivo), en base a la denuncia de organismos de derechos humanos, para que lo votase la Comisión de Disciplina y Acusación. Le imputa haber adoptado “un papel absolutamente pasivo frente a la denuncia de torturas, violaciones y vejaciones” que recibía cuando tomaba declaración y que “tuvo la posibilidad de constatar en forma personal” con Tomini.
El dictamen tiene otras dos imputaciones: la “falta de imparcialidad” de Miret por no excusarse en el juicio por la verdad en el que se juzgaba al general Juan Pablo Saá, jefe de la represión en Mendoza, de quien se jactaba ser amigo personal; y el archivo, en 1987, del expediente en el que se investigaba la apropiación de Rebeca Celina Manrique Terrera, hija de un matrimonio desaparecido en julio de 1977, que de ningún modo podía considerarse alcanzado por las leyes de impunidad. Cuando otros jueces reabrieron la causa, la chica recuperó su identidad.
Miret está imputado penalmente por 31 casos de desapariciones, secuestros, robos y homicidios durante la dictadura. Ayer llevaba su tercer día de indagatoria ante el juez Walter Bento. Aun así sigue siendo camarista federal. En situación similar está el camarista Otilio Romano, que era fiscal en los ’70 en las mismas causas en las que Miret era juez. Romano interrumpió su indagatoria alegando problemas de salud y ahora es revisado por el Cuerpo Médico Forense. También está denunciado en el Consejo de la Magistratura, pero consiguió frenar el proceso de remoción con un amparo que le concedió un juez ad hoc, Carlos Parellada, designado por la Cámara que él integra.
La Comisión de Acusación debería reunirse hoy al mediodía para decidir si pide la apertura del juicio político, que deberá ser votada después por el plenario. Los votos kirchneristas y del radical Ernesto Sanz por la acusación estarían asegurados. En la comisión alcanza con mayoría simple y basta la presencia de cinco consejeros. “Estaré ahí sentado para apoyar la acusación”, le dijo Sanz a Página/12. La duda es si los jueces darán quórum o si pedirán una postergación: no les convence acusar a un juez justo en vísperas de la elección de consejeros jueces, que es la semana próxima. Masquelet insistirá con la urgencia. Si no es hoy, sería el jueves que viene.

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