Sin luz, sin cámaras, sin acción

La Municipalidad volvió a fracasar en la concesión de un servicio de dudosa eficiencia. El costo, lo pagamos todos.

De pronto se apagaron las luces. De pronto se bajó el telón y se acabaron los desfiles. De pronto se esfumaron los reflectores y los brillos y las magníficas proyecciones sobre edificios históricos. De pronto salimos de estar frente al televisor viendo casi atónitamente cómo la fiesta, la gran fiesta se desarrollaba en una sola avenida. De pronto pasó el tan esperado y anhelado Bicentenario, los primeros 200 años de la Revolución de Mayo, los primeros 200 años de la Patria. Y después del Bicentenario...¿qué?

La magnificencia del espectáculo fue tal vez tan grande que hasta a más de uno -incluso aquí en La Rioja- se le cruzó por la cabeza la ilusión de que algo cambiaría en lo inmediatamente sucesivo o posterior.

Pero el día después nos encontró prácticamente de la misma manera porque prácticamente nada ha cambiado. Nosotros, los de entonces -en marcado contraste con uno de los poemas más bellos de Neruda-, seguimos siendo los mismos. Los dirigentes, también.

Con la única diferencia tal vez que por unos días, que por unas horas pudimos al menos unirnos en el sentimiento patrio, tan poco frecuente, tan poco arraigado y más vinculado con la pasión futbolera que por estos días previos al Mundial de Sudáfrica 2010 comienza a fluir, que a cualquier otra cosa.

Y entonces nos preguntamos, por ejemplo y casi con algún atisbo de sorpresa, cómo es que 30 barrabravas viajan a Sudáfrica junto a la Selección Nacional de Diego Maradona y en el mismo vuelo, dejando de lado quizás que muchos de esos individuos de dudoso prontuario cuentan con la complicidad de algún sector del poder político, del mismo poder político que días atrás aportó también a la celebración de una fecha histórica.

Pero, al igual que ocurrió con el Bicentenario, la magnitud de lo que se viene (el Mundial de Fútbol) hace perder de vista algunos detalles y entonces simplemente las cosas pasan y así las dejamos pasar. Ocurre en casi todos los niveles de una sociedad que, acostumbrada ya a la observancia de lo extraordinario como lo más común y cotidiano, convive con lo llamativo sin que casi nada llame la atención, a menos que se trate de un nuevo romance del empresario chocolatero Ricardo Fort.

O acaso alguien se pregunta, por ejemplo y a esta altura de los acontecimientos, ¿cuántos accidentes de tránsito -con diferente magnitud y consecuencias- se producen por día en La Rioja? ¿O si se incrementa o no el consumo de drogas al mismo ritmo y proporción que se incrementan los operativos para frenar el flagelo?

O sin ir más lejos y ya con el Bicentenario en la espalda ¿acaso alguien cuestiona el permanente fracaso quintelista en relación a las concesiones de servicios como en este caso el de las fotomultas y anteriormente el del tratamiento de la basura? ¿Alguien brindará, en todo caso, un detalle del costo que esto tiene para el riojano capitalino? Los antecedentes hacen suponer que no.

Apenas si el intendente Ricardo Quintela -quien debería brindar todos los detalles- intentó una leve explicación para la cuestión al sostener que la empresa buscaba recaudar y no mejorar el tránsito en la Ciudad, como si semejante cuestión sólo se pudiera exigir a una empresa que, en rigor de verdad, y por si el intendente Quintela -ingenuamente, vamos a suponer, lo que agrava sustancialmente la situación- no lo sabía, tiene intenciones recaudatorias.

De la misma manera que también las tiene la empresa concesionaria del servicio de estacionamiento Emicar, que -se sabe- tampoco pone su estructura al servicio de la educación vial.

¿Cómo se explican entonces las "explicaciones" del Intendente?

Tal vez desde la cotidianeidad misma de una comuna que se caracteriza mucho más por la improvisación que por la seriedad y responsabilidad.

Tanto es así que tras una concesión que apenas duró 88 días y que en realidad nunca funcionó como tal, ya se está pensando en una nueva concesión, cuando ni siquiera se sabe cuánto se deberá pagar a la ignota y desconocida empresa Radar Control por el "servicio" prestado. Al parecer, lo que falta en la Municipalidad son ideas y lo que sobra es plata.

De no ser así, difícilmente se podría explicar el reciente anuncio de un nuevo incremento para aquellos empleados de planta permanente con responsabilidad por la función que desempeñan (directores, subdirectores y profesionales con categoría 21 o superior) sin que haya certeza sobre quién financiará dicho aumento que, se entiende, no será la Municipalidad que ostenta ya un importante déficit mensual como producto de otro aumento que se otorgó a los funcionarios de la comuna y que cada mes alcanza los 800 mil pesos.

Todo esto hace suponer que la carga caerá -como casi siempre ocurre- pesadamente sobre la Provincia que ya debió financiar también la mejora salarial para los beneficiarios de programas laborales (400 mil pesos mensuales). Así cualquiera, ¿no?

Mientras tanto, el intendente Ricardo Quintela juega a mover los "soldaditos" en un gabinete que se parece mucho más a una calesita por las vueltas que dan siempre los mismos funcionarios (por caso, Hugo Vera, ahora Secretario general de la comuna) que a una estructura política que tenga bien en claro el camino a seguir, cuando el final del camino ya está cerca.

En este caso, la nueva cara del municipio -por así decirlo- es la de Gabriela Pedralli, ex funcionaria mazista que supo desempeñarse en el área de Cultura y ahora se hizo cargo de la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad, una de las áreas más sensibles y caracterizada, fundamentalmente, por los malabarismos que deben realizar quienes allí se desempeñan por la paradójica y permanente escasez de recursos.

Lo que habrá que ver de aquí en más es cuánto y de qué manera le reditúan al intendente Quintela estas "nuevas" -Pedralli es también una "vieja" conocida del Intendente- incorporaciones a su gabinete y de cara a lo que queda de su segunda gestión, a medida que el descontento de los capitalinos se va haciendo cada vez más palpable y latente en cuestiones tan básicas como lo son, por ejemplo, las intransitables calles o veredas de la ciudad, la deficiente recolección de residuos y su igualmente deficiente posterior tratamiento, las luminarias, etc.

¿O acaso alguien puede dudar de que la gestión Q está mucho más cerca de las pesadillas diarias de la Ciudad que de aquellos sueños prometidos en campaña? ¿O acaso alguien puede suponer que con la remodelación de la Plaza 25 de Mayo como caballito de batalla alcanza?

Crisis de identidad

El vicepresidente Julio Cleto Cobos pasó por La Rioja, invitado por el diputado provincial Guillermo Galván, quien festejó su cumpleaños en el Club Riojano de esta Ciudad. Lejos de los privilegios que supondría su investidura, el mendocino llegó en auto, tras un extenso viaje que primero lo trajo a esta Capital y luego lo llevó hacia Villa Unión, donde realizó algunas declaraciones.

Y fue en ese contexto que el funcionario nacional, al mejor estilo mundialista que se viene, gambeteó la posibilidad de candidatearse como presidente, al afirmar que no se ve como tal y que aún falta mucho tiempo para eso. Y es lógico. A esta altura de los acontecimientos, el aún Vicepresidente, mínimamente, debe padecer una fuerte crisis de identidad.

Fuera del Gobierno aún estando dentro; fuera del radicalismo aún siendo un confeso radical; dentro de una oposición que tampoco lo contiene como tal y que teme por sus aspiraciones personales; y con Ricardo Alfonsín (h) sacándole ya algunos metros de ventaja en la carrera presidencial.

Cabe preguntarse aquí entonces hasta qué punto la movida del radicalismo local para traer al Vicepresidente a la Provincia no se traduce también en la misma crisis de identidad cobista.

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