Para las elecciones, los partidos locales quedaron totalmente dependientes de decisiones de Buenos Aires. El mejor panorama es para el peronismo.
En un abrir y cerrar de ojos quedaron fuera de carrera. Primero fue el vicepresidente Julio Cobos quien abdicó en favor de Ricardito Alfonsín.
El senador y presidente partidario en suspenso, Ernesto Sanz, pugnó algo más. Hasta su rendición definitiva, el jueves, tras darse un baño de realidad.
Mendoza, de esta manera, dado que el peronismo vernáculo es sólo subordinación y valor, desaparece por completo de los primeros planos de la política nacional, justo cuando el calendario electoral ingresa en fase de definiciones.
Orfandad peroncha
La ausencia de jugadores mendocinos con peso en el gran escenario del país ha hecho que las fuerzas locales, frente al desafío electoral, queden en extremo dependientes de lo que suceda afuera.
Así, pues, todos los partidos con alguna chance de competir por cargos provinciales en los comicios tienen su suerte atada, absolutamente, para bien o para mal, a fórmulas presidenciales que se decidirán en Buenos Aires sin ninguna consulta por estos pagos.
El carácter más subalterno (para bien) lo tiene el peronismo, cuya principal apuesta de triunfo se fundamenta en la capacidad de arrastre que haga la presidenta Cristina Fernández, en plan reeleccionista, desde la cúspide de la boleta sábana.
Tanta es la expectativa acerca del supuesto imán cristinista que algunos, como el renunciado –para alivio de Jaque– secretario Guillermo Carmona, amagan con ir “por afuera”, mediante una colectora, apostando a engordar con las migas que sobren del opíparo banquete.
No importa si eso compromete la suerte de la fórmula oficial Paco Pérez-Carlos Ciurca si la contienda se presentase reñida. El entusiasmo general autoriza aventuras individualistas, el cortarse solos.
Orfandad “gansa”
La peor dependencia nacional la padecen los demócratas. Lisa y llanamente porque no tienen ninguna. No tienen dependencia ni referentes ni un mero proyecto que valga la pena.
En algún momento era casi “natural” que siguieran la estela de Mauricio Macri. Pero el jefe de gobierno porteño ha quedado en un confuso stand by y está más cerca de bajarse que de continuar en la maratón presidencial.
Otra alternativa, muy interesante al comienzo, fue la del peronismo federal. Hasta el vicegobernador Cristian Racconto se anotó en ese club de amigos. Pero después del papelón que protagonizaron Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde, con una internita triste, trucha y trunca, el espacio quedó virtualmente abolido, salvo que algún “tapado”, como Felipe Solá, consiga el milagro de la resucitación.
¿Qué harán los gansos ante la cruel disyuntiva? ¿Terminarán aceptando una callada simpatía por Alfonsín? No les va quedando mucho más margen. Tentarse con un apoyo a Cristina sonaría vergonzante. “Sus bases no se lo perdonarían. Terminarían de perderlo todo”, dicen los entendidos.
Orfandad radicheta
El intríngulis radical no es menos enrevesado que el ganso.
Cuentan ellos con un par de ventajas iniciales: la gestión de Celso Jaque conforma un contrincante ideal para boxear, pues deja varios flancos al descubierto. Por otro lado, hay un puñado de dirigentes de la UCR muy bien conceptuados. Cualquiera: Cornejo, Iglesias, Fayad u otro por el estilo, califica para la gobernación
Pero el principal problema no estriba en la candidatura a gobernador sino en la franja presidencial. Caídos Cobos y Sanz de ese casillero, la figura de Alfonsín Jr. es más un peso muerto que una ayuda. Tracciona menos que Horacio Massaccesi en 1995.
Las distintas encuestas, con números duros y contundentes, coinciden. Santiago Alé, por ejemplo, viene de concluir una medición en Cuyo.
La intención del voto presidencial en el Gran Mendoza indica que Cristina Fernández recibe un apoyo del 44,6%, seguida por Alfonsín con 8,11%, Mauricio Macri 8,06% y Eduardo Duhalde 7,18%. Rodríguez Saá, Carrió, Binner y Solanas, directamente “no existen”, no califican.
Si bien no todo el prestigio y la tendencia electoral de Cristina se trasladan automáticamente a la fórmula del peronismo mendocino (Cristina-Paco Pérez junta 20,69% de adhesiones, según Alé), los guarismos en favor del Frente para la Victoria, en el techo de la boleta, son demasiado amplios.
Del \'83 a la fecha ninguna candidatura a gobernador en Mendoza ha sido indiferente a la “ola” que bajaba desde lo nacional, cuando el tsunami entró finalmente en acción: Alfonsín, Menem, De la Rúa, Cristina... terminaron direccionando el voto local.
Cómo salir del laberinto
La UCR mendocina necesita, sí o sí, un hilo de Ariadna que le permita salir del laberinto una vez que consiga matar al Minotauro.
Los imperativos, para enfrentar con alguna posibilidad al monstruo, son dos: achicar en algo la brecha abierta por Cristina. Y mostrar un frente unido, homogéneo, no pendenciero, que despierte la confianza del electorado en vez de su recelo.
Lo segundo, aunque suene paradójico, es hoy por hoy más difícil que lo primero. Los radicales no pueden lidiar con sí mismos. Se les ha hecho carne la tendencia suicida. Se les grabó en su ADN. Hasta tal punto que Mendoza es la única provincia, en todo el país, donde cuentan con una oportunidad de ganar la gobernación y aun así continúan sacándose los ojos.
Está en ellos, sólo en ellos, superar esa tara.
Ahora bien, ¿cómo descontarle terreno a Cristina?
Las herramientas aquí son dos. Una, militar empecinada y febrilmente el corte de boleta. Es una apuesta poco menos que desesperada, pero sin alternativa.
Segundo, necesitan el factor Cobos. Si el vicepresidente se sumase a la boleta, tanto como candidato a gobernador (es la mejor opción) como a diputado nacional, se lograría una polarización muy intensa de resultado incierto.
Cristina vs. Cleto, en la provincia, sería una batalla para alquilar balcones. La cosa tomaría color.
¿Cuál es el mayor riesgo de todo esto, además de que algunos, como Viti Fayad, van a refunfuñar? El propio Cobos, con sus indefiniciones, sus dudas, su escasa combatividad, esa que tienen los héroes y que los lleva a matar o morir por la causa.
“Un político que entrega el discurso es como un carnicero que entrega la chaira: se queda con la herramienta, pero no tiene con qué afilarla”, dictamina el inefable Aníbal en sus inefables (y tan chupamedias) Zonceras argentinas.
¿Cuál es el discurso, hoy, de Cobos, tras haber hocicado en la presidencial?
Sería bueno saberlo. No sólo por el radicalismo y la oposición, sino por él mismo. Para darle alguna línea de sobrevida a su cada vez más incierto destino político.










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