Pocas ocasiones como esta se presentaban tan propicias para que Maurice Closs concretara decisiones de política social suficientemente coordinadas para afrontar las sombrías amenazas que pesan sobre las localidades misioneras. El hambre, la desigualdad… en fin las condiciones que el misionero vive día a día
No es fácil, pero es muy necesario, compatibilizar estímulos a corto plazo y saneamiento en la distribución del presupuesto. En los papeles el dinero está, pero no se refleja en la realidad de los misioneros, quienes viven de la caridad que Nación envía a través de los planes.
Pero estas son las consecuencias de un gobernador que tiene que pedir permiso para todo y que solo piensa en sus negocios. Poco le importa el bienestar común de la sociedad, poco importa que mueran chicos por no tener el pan sobre la mesa en Misiones.
Paralelamente Closs lo único que demuestra en el día a día de su “gestión” es que: es posible creer en algo y no estar a la altura. Él cree que es gobernador, pero no está a la altura de la circunstancias. Lo malo es que más de un millón de misioneros lo sufren.

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