Clima de guerra entre los concejales de la oposición

Crecieron ayer las acusaciones cruzadas entre bloques y aun en el seno de algunas bancadas
Un clima enrarecido, cargado de versiones encontradas, rumores y duras críticas y acusaciones cruzadas envuelve por estas horas a las fuerzas políticas que integran la oposición en el Concejo Deliberante, luego de la aprobación en ese cuerpo del proyecto de reforma al Código de Ordenamiento Urbano propuesto por la administración Bruera para cambiar, entre otras variables urbanísticas, la altura de los edificios que se construyan en el futuro.

abre comillas'Se vota con la mano pero también con la cola', resumía un observador, en alusión al "valor" de las bancas vacíascierra comillas

Diferentes observadores coincidían ayer en que esos "malos aires" que soplan en el arco opositor tienen que ver con la responsabilidad que le cupo a los ediles que no bajaron al recinto en el inicio de la sesión del miércoles último. Es que las ausencias de las aristas Sánchez y Larcamón; de los alakistas Urriza y Tangorra; del nuevoencuentrista Caferra; del radical Duva y del "margarito" Crespo, jugaron a favor del oficialismo, porque le permitió reunir dos tercios de los votos presentes que exige el reglamento para aprobar un proyecto sobre tablas, con apenas 10 manos alzadas, frente a las 24 que integran el cuerpo.

"Se vota con la mano pero también con la cola", resumía ayer un observador, en alusión a que una banca vacía puede tener tanta importancia como una ocupada.

Si hubieran estado los 24 concejales en su sitio, el oficialismo hubiera necesitado 18 votos para tratar el proyecto sobre tablas, un número del que estaba lejos. Pero en la sesión de la discordia, sólo los felipistas Tritten y Chaves; el macrista Irurueta y el denarvaísta Arteaga mantenían en el recinto la oposición al nuevo Código. Eran cuatro contra 12, y como era de esperar, en la votación perdieron.

Y ahí empezaron los reproches entre los opositores que no bajaron al recinto y los que sí dieron quórum.

El bombardeo lo inició la arista Susana Sánchez, que dijo que veía "el signo pesos" en los ojos de algunos concejales y cargó con imputaciones sobre la felipista Tritten, que llevarían luego al otro felipista del Concejo, Chaves, a denunciar amenazas a su compañera.

Pero la munición gruesa la aportaría desde el exterior el diputado provincial "del ARI Oscar Negrelli, denunciando un presunto "pacto Bruera-De Narváez" con el que le disparó directamente aunque sin nombrarlo sobre el concejal denarvaísta Arteaga.

FACTURAS Y MAS FACTURAS

En ese fuego cruzado, sería el denarvaísta Arteaga quien le imputaría al ARI y a los alakistas no haberlo escuchado cuando "les advertí -dijo- que bajaran al recinto porque esto (que el oficialismo aproveche el quórum para tratar un proyecto) ya ocurrió alguna vez".

Lo cierto es que las peleas entre opositores habrían alcanzado también al seno de Peronismo Federal-Pro, donde el macrista Irurueta, que votó en contra del Código en disidencia con sus compañeros felipistas, habría dado ayer señales de querer romper un bloque donde abundarían los cortocircuitos. "Con Tritten no se toleran", arriesgó un confidente. En ese espacio, por si faltara algo, ayer Tritten desmintió a Chaves, afirmando que no recibió amenazas de Sánchez.

Los cruces incluyeron a Larcamón, la otra edil arista que el miércoles llegó tarde a la sesión porque, se habría justificado, "tenía cita con el médico". Larcamón se habría enojado por la supuesta "lectura" que, de esa tardanza suya, habría hecho su compañera de bancada Sánchez ante un dirigente nacional cercano a Horacio Piemonte, el referente de Larcamón. Así, en el ARI ayer también corrían rumores de ruptura.

De ese intercambio de ironías y suspicacias parecían quedar a salvo, al menos por ahora, el radical Duva, el margarito Crespo y Caferra (NE), que optaron por el silencio. Y parecía también haber salido "ileso" el dirigente camionero Forte, integrante de un bloque kichnerista con los alakistas. Forte votó a favor del nuevo Código, afirmando que lo hacía por los empleos que la nueva norma generará en la Ciudad, según el diagnóstico de los gremios y las entidades vinculadas a la construcción. Por esta razón, aseguró una fuente sindical, "a Camioncito -como se lo conoce en el ambiente gremial- nadie le pasó factura".

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