Clima enrarecido en el Gobierno por los ataques a los medios

Randazzo y Aníbal Fernández se opusieron; hay críticas a Moreno, a Mariotto y al propio Kirchner
Los ataques a la prensa enrarecieron como nunca el clima interno del gobierno de Cristina Kirchner. Ministros y secretarios de Estado expresan puertas adentro su malestar por el daño que sufre la Casa Rosada, pero no lo expresaron en público porque están convencidos de que el propio ex presidente Néstor Kirchner estuvo detrás de algunos hostigamientos.

"Son libres iniciativas de grupos amigos. No las impulsan de acá, pero sí las autorizan...", ironizó a La Nacion una alta fuente oficial. "¿Quién autoriza? Kirchner", agregó.

El ministro del Interior, Florencio Randazzo, lo negó. "Hacer cargo al Gobierno de afiches anónimos es una canallada. Y no tenemos nada que ver con la marcha de Madres de Plaza de Mayo", dijo a La Nacion. Se refería al "juicio popular" a periodistas que Hebe de Bonafini realizó el jueves último en Plaza de Mayo.

Subrayó que "si Kirchner quiere decir algo sobre los medios, o sobre el Grupo Clarín, lo dice abiertamente; no necesita anónimos".

Otras fuentes, en absoluta reserva, sospechan que el ataque en la Feria del Libro a Gustavo Noriega, autor de una investigación sobre el Indec; los afiches contra periodistas de Clarín, y el juicio de las Madres estaban avalados desde Olivos.

Por lo del Indec, desde altos despachos culpan al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, un soldado de Kirchner. No lo ayudó su foto con Nahuel Ochoa, uno de los 15 jóvenes, muchos de la barra brava de Nueva Chicago, que repartieron sillazos en la Feria del Libro (de lo que se informa en la página 16). Se trata del hijo de Fabian Ochoa, secretario general de la Asociación del Personal del Mercado de Hacienda. De esa foto, nadie ayer en el Gobierno pudo explicar nada.

Muchos en Balcarce 50 criticaron al titular de la Autoridad Federal de Medios, Gabriel Mariotto, que justificó la pegatina anónima y debió desdecirse. Randazzo y el jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, los más preocupados por la escalada, condenaron en público esa campaña.

Un alto funcionario se acercó a Kirchner en Olivos y le deslizó: "Con todo esto, Néstor, no hacemos más que perder la imagen que veníamos ganando". El jefe del PJ lo despachó risueño: "No... No somos nosotros. Los afiches los puso Magnetto (Héctor, CEO del Grupo Clarín)".

En muchas oficinas del Gobierno cundió y repitieron esa hipótesis.

Poco después, Kirchner denunció a Clarín de ser una "concentración mediática" que actúa como "la principal oposición". Repitió ayer el concepto. Y la Presidenta planteó anteayer que "en la Argentina debe haber libertad de prensa para todos".

Sobre el acto de Bonafini, el Gobierno tomó distancia. "No tenemos por qué opinar: es un acto político de una agrupación autónoma", aseguró Randazzo. Pero la Casa Rosada debió frenar al segundo de Mariotto, Luis Lázzaro, para que no asistiera. Y se olvidó de avisarle a Abel Fatala, subsecretario de Obras Públicas, que no debía asistir.

En la Casa Rosada vinculan con las Madres a otro soldado de Kirchner: Rafael Follonier, operador clave con despacho en Balcarce 50. Para algunos, Kirchner buscaría con esta escalada exhibirse como "el único jefe político capaz de contener el conflicto" y como garante de gobernabilidad con miras a las presidenciales de 2011.

Pero el malestar interno crece debido a que se alteró la "agenda positiva" del Gobierno; a que se "logró abroquelar" a los periodistas con los dueños de los medios ?división que Olivos alienta?, y a que "se le hizo prensa gratis" a un libro, que ahora venderá más ejemplares que los que se creía antes de los disturbios.

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