En todas encontraron fallas de seguridad que ponían en serio riesgo la vida de los operarios. El chequeo fue realizado por agentes de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
A este relevamiento hay que sumar otro: el que realizó ayer la organización de trabajadores de la construcción Manos a la Obra en una demolición que, en pleno centro, no cumplía con las normas de seguridad y fue clausurada por el municipio (ver aparte).
Con estas inspecciones se desvanece el concepto de "accidente" usado cada vez que un operario pone en riesgo su vida o directamente fallece en una obra. Ejemplo de ello son los tres casos que se vivieron este mes en la ciudad y que arrojaron el trágico saldo de tres muertos (dos fallecieron ahogados en una obra de cloacas de la zona noroeste y el restante tras caer del techo del Normal Nº 2) y el de otro trabajador que padeció traumatismos y estuvo a punto de morir de asfixia al derrumbarse el pozo donde cavaba.
Estos casos no sólo fueron conocidos públicamente sino que las condiciones deficientes de trabajo fueron denunciadas por las ART. Y si bien el poder de policía lo tiene el Ministerio de Trabajo de Santa Fe; la SRT, avalada por la ley de riesgos del trabajo, realizó acciones por considerar que "están en peligro la vida de los trabajadores y también por los altos índices de siniestralidad en ese sector económico", según se expresa en un comunicado del organismo estatal.
Si bien las direcciones de las obras clausuradas no fueron suministradas por la SRT, trascendió que gran parte están en la zona central de la ciudad. Las fallas más graves detectadas fueron riesgos de caída de altura, falta de puesta a tierra de las instalaciones eléctricas, ausencia de pantallas de protección para evitar caída de materiales, riesgo de desmoronamiento de las paredes de las excavaciones y carencia de puertas reglamentarias en el montacargas.
Las obras clausuradas están inhibidas de retomar sus actividades hasta tanto se demuestre que las fallas de seguridad fueron subsanadas y el bienestar de los trabajadores está garantizado.
No obstante, si se suma a esa radiografía de los trabajos la caracterización que hace de las condiciones laborales en la obras santafesinas el superintendente de Riesgos de Trabajo, Juan González Gaviola, se puede concluir que el panorama es poco feliz. "En Santa Fe el índice de accidentes en la construcción está un 50 por ciento por encima del promedio nacional", dijo el funcionario y agregó que "se accidentaron 162 obreros de la construcción por cada mil que trabajaron durante el 2009".
Esas cifras fueron rebatidas de inmediato por el gobierno santafesino y generaron un cruce entre Gaviola y el ministro de Trabajo de Santa Fe, Carlos Rodríguez.
Previo a las inspecciones realizadas, la SRT con sus 150 inspectores había suministrado información para la prevención de accidentes y enfermedades profesionales en el marco del año del "Trabajo decente, salud y seguridad de los trabajadores" instaurado por la Nación.
El organismo impulsa además la creación en Santa Fe de una comisión cuatripartita con el fin de lograr un trabajo conjunto de los actores del sistema de riesgos del trabajo "para cuidar la salud de los trabajadores", como ya se realizó en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.
Cronología. El 8 de junio murieron dos obreros al desmoronarse e inundarse una zanja de seis metros de profundidad en Herrera y Unión, al noroeste de la ciudad. Ceferino Crespo de 27 años y Julio Lucero, de 54, trabajaban para la Unión Transitoria de Empresas (UTE) Pecam S.A y Del Sol SRL, contratada por la Dirección Provincial de la Vivienda, que desarrollaba una obra de ampliación de la red cloacal.
Cuando aún no se había cumplido una semana del trágico caso de la zanja, un trabajador estuvo a punto de morir sepultado en una obra de un edificio de siete pisos de la empresa Construcciones Ferroviarias y Civiles, a cargo de Roberto y Diego Orlowski, en Montevideo 1980. Carlos Martínez, de 23 años, sufrió principio de asfixia luego de que se desmoronó el pozo donde trabajaba en la base de los cimientos.
El último caso, que terminó con la vida de Carlos Ramos, de 30 años, se registró el miércoles 15 de junio en el Normal Nº 2.
El hombre, contratado por una empresa que realizaba tareas solventadas por el Fondo de Asistencia Educativa (FAE), estaba trabajando un día de lluvia en el techo de 8 metros de altura del gimnasio, sin arnés ni soga, y falleció al caer.

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