Hernán de GoñiBuena parte de los dirigentes que hoy corporizan al kirchenirsmo se reunieron ayer en Mar del Plata para empezar a discutir cómo darle continuidad al segundo ciclo de poder de Cristina Kirchner.
El planteo más resonante lo hizo el vicepresidente Amado Boudou, quien ante una propuesta de una legisladora bonaerense de La Cámpora, reconoció que no hace falta esperar para discutir una reforma constitucional que permita la re-reelección de la Presidenta.
Lo que el oficialismo no quiere es dar lugar a que la falta de perspectivas que aún tiene el armado opositor, termine por instalar las internas dentro del propio gobierno. Ese deseo no implica preservar el rol del gobernador Daniel Scioli. Todo lo contrario: la movida incluye dar un salto sobre su propio territorio.
Aunque la Presidenta dijo en su momento que no aspira a una Cristina eterna, el planteo mismo ya es funcional al objetivo. Mientras esté abierta la potencial continuidad de la jefa del movimiento, cualquiera que desafíe su liderazgo se vuelve un disidente.
El riesgo que tiene este debate es que en lugar de acercar la política a las necesidades reales del país, que todavía son muchas, termine generando rechazo sobre la ambición de poder de muchos dirigentes.



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