Las ciudades intermedias como esperanza

Las ciudades intermedias como esperanza
El Colegio de Arquitectos con los Municipios proyectaron la recuperación de espacios urbanos. Ahora el desafío pasa por diseñar políticas de crecimiento.
Cuando Saskia Sassen presentó sus hipótesis acerca de “La ciudad global”, y por ende el crecimiento en importancia de las aglomeraciones urbanas, sus capacidades de decisión global, la emergencia de las economías de aglomeración, la localización de las corporaciones, el surgimiento de transnacionales urbanas, también estaba denunciando el acrecentamiento del grado de inequidad espacial y socioeconómica que existe en las mismas. Los centros de poder se han trasladado a las mismas, el mismo poder que las ha hecho objeto de atentados, pero también de reclamos callejeros. Fundamentalmente, también lo han sido de oportunidades, inventivas, estudios, alternativas, tendientes a objetar el status quo y generar propuestas para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

Junto a esas denuncias, los estudiosos han puesto la mirada en las ciudades intermedias, y en las pequeñas, todas con el objetivo de no seguir alimentando los grandes aglomerados, como es el Conurbano Bonaerense, a punto de constituirse en una de las megalópolis del mundo, cuando el continuo entre La Plata y Rosario se conviertan en una unidad.

El Instituto de Estudios Urbanos Distrito 7 del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires ha diseñado una metodología de trabajo en conjunto con los municipios.

Se acaba de realizar el encuentro en Bolívar. Mariano Martín, el máximo referente público en la materia, Director de Planificación, consideró como “muy importante el trabajo conjunto con el Colegio. Justamente la problemática abordada es lo que vivimos día a día con los problemas que nos ha traído el crecimiento de la ciudad en sectores sin planificar, con un montón de inconvenientes. De nuestra parte estamos trabajando prácticamente en la misma temática, con un desarrollo de una nueva Ordenanza de Planificación, para planificar la ciudad a largo plazo. Casualmente, el proyecto desarrollado el año pasado sobre el ferrocarril ha sido uno de los proyectos fundamentales que abordamos al inicio de la gestión”.

Pedro Llamedo explicó que el Instituto de Estudios Urbanos Distrito 7 “es una institución formada dentro del Colegio de Arquitectos que agrupa investigadores de las ciudades de Trenque Lauquen, Pehuajó, Bolívar, 9 de Julio, Daireaux y Villegas. Cada uno funciona con una lógica propia, con tres arquitectos que representan al Colegio y dos a la Municipalidad de cada distrito”.

Raúl Sotelo, del Colegio local, expresó que “como conclusión y reflexión está muy bien lo de pensar la problemática urbana vinculada con la gestión municipal. Me parece que es muy positiva la propuesta del Distrito 7 para vincularse con los Municipios y establecer estrategias de colaboración para trabajar los arquitectos que se desempeñan en la función pública y privada. Acá hemos trabajado las cinco ciudades en forma común, en esto el Colegio invierte recursos, en noviembre, se produce el cierre en 9 de Julio con la presencia del arquitecto catalán (Josep María) Llop. Él tiene una trayectoria mundial, ha intervenido en la ciudad de Barcelona, que es un referente mundial, ha trabajado en Latinoamérica, es representante ante la UNESCO y ha desarrollado situaciones urbanísticas en África; principalmente ve ciudades como las nuestras porque tiene toda una estrategia sobre ciudades intermedias y cómo ve a la política urbana como un generador de riqueza. Muchas veces hay muy buenos proyectos, pero como los municipios o la política no generar recursos a través del crecimiento de la ciudad, siendo partícipes de esos emprendimientos no tienen capitales a la hora de hacer, como por ejemplo viviendas”.

Durante todo un año, un grupo de arquitectos estuvo trabajando en propuestas para Bolívar, por el Colegio lo hicieron Javier Agrelo, Julián Gómez y Mauro Peret, y en representación del Municipio, Roxana Carretero y Justo Robledo (ver infografía).

Llamedo destacó que al “trabajar en un tema común”, lo que han desarrollado durante todo un año se centró en “áreas vacantes dentro de las ciudades, o áreas en reconversión, es decir que están abandonados, sucios o no utilizados. Durante un año, cada equipo producía un trabajo que tenía que ver con las ideas que representaran un destino para el sector ferroviario. No llega a ser un proyecto, sino que trabajan a escala de plan maestro, son ideas que después se pueden cumplir. El objetivo es plantear ideas para sostener políticas públicas, alejados de los vaivenes políticos de los cambios partidarios, son políticas de Estado”. Agregó que aunque “los problemas no eran iguales, tenían características muy similares. Entre ellos estaban los problemas ambientales” o su total abandono. En consecuencia “se estableció una propuesta que como núcleo tenía como eje que el tren siga pasando, con mejor frecuencia y servicio, por eso es que no se levantan las vías. En segundo lugar, la ley de uso del suelo le da al Municipio la posibilidad de fijar una política para el sector, por lo cual no está lejos la posibilidad que los Municipios puedan negar el uso de actividades que generen contaminación ambiental; a pesar que la tierra sea propiedad del Estado nacional, el Municipio puede fijar la política urbana del lugar. Por último, como potencialidad está la idea que es tierra del Estado, que puede tener un beneficio claro para la gente y dejar de ser una barrera como es el histórico detrás de la vía, que segrega, estigmatiza, divide, y que en definitiva genera desigualdad social en el territorio”.

El desafío para el año en curso es el del “crecimiento de las ciudades, cómo reencausarlo, sin que quede librado al azar, que no es tal, sino que hay especulación inmobiliaria, presiones” y otros actores que condicionan o potencias un área. Llamedo insiste con que “para eso se analiza la ciudad, sus ejes de crecimiento, se generan propuestas para que el Estado pueda volver a ordenar el crecimiento. Cuando a Bolívar le fijaron las pautas que les dieron dieciséis manzanas por dieciséis al casco fundacional, ahí se fijó la estructura de crecimiento. Una vez que se desbordó, nunca volvió a tener una idea general para decidir la ciudad”. Por ello la planificación estratégica es una de las herramientas ordenadoras del caos urbanístico del subdesarrollo, donde “nuestros arquitectos, que son los que conocen las ciudades, para poder presentar propuestas que generen políticas de Estado que tengan en cuenta la justicia territorial sin dejar hacer, que generan gran inequidad. Bolívar tiene problemas importantes, ya la ruta pasa por el medio de la ciudad, no tiene en cuenta algunos vectores de crecimiento que debieran potenciarse para equilibrar el crecimiento de su territorio, se ha desarrollado mucho en el eje que va del camino que viene desde Buenos Aires hacia el cementerio”.

Los proyectos desarrollados por los arquitectos fueron presentados a delegados del Departamento Ejecutivo y del Concejo Deliberante.

Preguntado sobre la real viabilidad de concreción y sobre los condicionantes económicos, Sotelo adujo que igualmente es “importante, porque a la hora de ejecutar el tener proyectos, si uno no tiene una cartera de proyectos no puede salir a buscar los recursos. Esto abre puertas para conseguirlos”.

La importancia de las ciudades representa un desafío para los diseñadores. Llamedo sintetiza que “no necesita apuntar hacia una gran utopía, sino a hacer un territorio más justo. La mitad de la población mundial vive en ciudades de menos de 500 mil habitantes. Siempre se habla de los grandes conglomerados urbanos que encierran tragedias peores que las nuestras, pero lo cierto es que cada ciudad tiene que generar su propio territorio, sin estigmatizar, sin generar barrios de ricos y pobres. Muchos de los problemas que vemos nosotros en las ciudades del conurbano, la convivencia de sectores enormemente precarios con ghettos para ricos están en el horizonte en el que alguna vez nos pueda pasar. Ya lo vemos en chiquito, algo debemos hacer por los barrios detrás de la vía, para que no sobreviva un barrio al que uno no quisiera ir. Por eso trabajamos en propuestas para que sea digno, agradable y que la gente quiera ir”.

Sobre el mismo aspecto, Sotelo recurre al “ejemplo Llop, que dice que en realidad uno tiene una falsa concepción de dónde vive la gente. Uno piensa que se vive en las grandes urbes, pero él ha demostrado que la gran franja vive en ciudades intermedias. Ciudades como la nuestra son un gran recurso de articulación y generación de recursos, por lo que es sumamente interesante a la hora de definir escalas de ciudades”. Finaliza aseverando que “las ciudades intermedias tienen el beneficio de ser mucho más medibles, tienen una perspectiva muy rápida para ver lo que tenemos y lo que podemos hacer, tienen una prospectiva muy rápida tanto en proyectos como en lo existente”.

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