Transitar por las calles céntricas de la capital formoseña en horas pico es una verdadera prueba de nervios. Ninguna medida oficial parece surtir efecto contra la vieja costumbre de llegar, arriba de un vehículo o lo que se interponga en el camino, hasta el mismísimo lugar donde Jorge Luis Fontana fundó la ciudad, el 8 de abril de 1879.
En efecto, en los horarios de apertura y cierre de negocios, cientos de vehículos se amontonan en las arterias del microcentro y no existe semáforo ni inspector de tránsito que evite el caos.
Motos por millares
"El microcentro tiene sectores críticos en los que la elevada afluencia de vehículos, en horas pico, principalmente las motocicletas que son miles, torna al tránsito extremadamente lento", reconoció un agente municipal que en un breve instante pudo hablar con nosotros.
Un somnoliento conductor de remis nos explicó:"Tenemos problemas que no pueden ser solucionados de un día para otro.
Las calles son extremadamente angostas, no faltan los conductores desaprensivos que estacionan mal sus vehículos y los peatones y motociclistas parece que buscan que uno los pase por encima. Se te cruzan en donde menos los esperás. Este laburo no es fácil."
De todas formas, desde el municipio se intenta mejorar la situación emplazando más inspectores en dichos horarios, como se hace en la intersección de Rivadavia y España.
Además se busca la toma de conciencia de los ciudadanos a través de experiencias de intervención comunitaria, como la realizada con los alumnos participantes del Programa de Voluntariado Universitario de la Universidad Nacional de Formosa.
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