El pan y circo daña al comercio salteño

La imparable ola (de alguna forma hay que decirlo) de feriados con la que el Gobierno kirchnerista decidió pintar el almanaque de los argentinos, y de las argentinas, tiene millones de festejantes que la aplauden agradecidos, y otros tantos, no menos numerosos, de descontentos que sienten que la mencionada ola los ahoga y recorta sus posibilidades.
Entre los primeros están la llamada industria del turismo interno, y sus colaterales, los negocios de la gastronomía y de la hotelería. Y del transporte. Y, por supuesto, los vagos profesionales que reciben subsidios por continuar ejerciendo.

Esa avalancha, más que ola, de días feriados, paraliza o limita a otras actividades que no sean las nombradas, como la educación en sus tres niveles, el comercio minorista en general, el quehacer bancario, sea éste oficial o privado, etcétera. Pero, sin duda, el más afectado es el país, que se estanca, cuando no retrocede.

Para muchas personas está claro que esta superabundancia de feriados que tiene adeptos y detractores, es impulsada por el afán demagógico que alienta al kirchnerismo. Algo así como pan y circo.

Se entiende que no estamos en contra del turismo, la hotelería, la gastronomía, ni del transporte, sino a favor de un apoyo ecuánime para todos, pues no es posible privilegiar a unos en desmedro de otros, por más que ello signifique una siembra para una dudosa cosecha electoral.

Y es evidente que la desmedida ola de días feriados tiene ese perfil de privilegio. Tantas jornadas de ocio injustificado resienten la tarea educativa, ya de por sí disminuida en su calidad; traba la gestión gubernativa, tanto provincial como municipal, daña al comercio minorista.

En Salta, por ejemplo, abril fue un mes “en rojo” que generó una notoria baja en las ventas comerciales.

La Cámara de Comercio e Industria de esta ciudad, a través de su titular, Daniel Betzel, expresó que los muchos feriados “terminaron por afectar a los comerciantes. En días no laborables la gente no se acerca al centro, y los locales venden menos”.

Por su parte, el secretario gremial del Sindicato de Comercio, Angel Ortiz, opinó que “el problema no es nuevo. El turismo mueve a determinados sectores, pero el resto se queda afuera. Por ejemplo los gastronómicos son los más beneficiados con los feriados”.

Y en un local de venta de ropa ubicado en la peatonal Alberdi se explicó que días feriados “la gente supone que los negocios del centro no abren. Además, si abrimos tenemos que pagar doble a cada empleado”. El problema no se presenta solamente en esta ciudad capital. Recientemente la Cámara de Comercio de Orán destacó “el perjuicio que sufren” sus asociados ante un calendario con demasiados feriados, “sobre todo en una ciudad que no es turística”.

La situación es seria para los comerciantes minoristas. Por eso llama la atención la tibieza con que Daniel Betzel, presidente de la referida Cámara de Comercio e Industria local, tomó el asunto. Sus declaraciones no traerán soluciones para el conjunto de sus afiliados. A lo sumo señalaron lo que sucede. Panorama que, inevitablemente, se pondrá más gris. Por esa tibieza bien merece este orsai.

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