Impulsó préstamos entre los organismos públicos para financiar al Tesoro y shocks de confianza entre los acreedores.
Estos últimos dos, tal vez los más polémicos, los preparó en tiempo récord, en 2009, cuando tras perder “por dos puntitos” el oficialismo las elecciones legislativas de junio, se los entregó en mano al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. El mismo Néstor Kirchner los había pedido y Lorenzino sabía que se jugaba con eso su cargo. En julio, el flamante ministro de Economía, Amado Boudou, tardó más de dos semanas en designar su gabinete. El problema era que no sabía cómo reemplazar al abogado chubutense experto en deuda, que había llegado de la mano de Carlos Fernández al Palacio de Hacienda.
Boudou ternó para la secretaría de Finanzas a Javier Mutual y Sebastián Palla (ambos ex subsecretarios de Financiamiento) y hasta el abogado Marcelo Etchebarne. Pero ninguno fue aceptado en el círculo de confianza presidencial. Lorenzino, mientras tanto, trabajaba en su despacho contrarreloj. Las ideas de Néstor Kirchner eran colocar un bono en dólares a los bancos para aprovechar el encaje que tenían en el Banco Central y que no podían utilizar como rémora de la convertibilidad.
El otro era aún más crítico: gravar la renta financiera. Lorenzino planteó varios escenarios intentado aminorar el impacto de las medidas: propuso que el bono no sea compulsivo y que las nuevas tasas no reduzcan el crédito. Nunca se llevaron a la práctica, pero su fidelidad y lealtad para con “el modelo” lo había mantenido en el puesto.
Raspar el fondo de las ollas es otra especialidad de Lorenzino. El nuevo ministro no va a pedir dinero si realmente no lo necesita. La lección la aprendió a días de asumir en la secretaría de Finanzas, el 27 de abril de 2008, cuando Carlos Fernandez, su amigo, lo subió a un avión rumbo a Caracas para colocarle a Hugo Chávez un bono con tasa de 15%, “de locos”, según pensaba.
Por eso, a su vuelta se dedicó a estudiar fondos alternativos sin caer en “papelones”. Así, el 20 de agosto de aquel año de crisis, diseñó uno de los primeros esquemas de financiamiento creativo intra-Estado. La colocación se hizo con la AFIP a una tasa de 9,9%. Sería la primera de una larga serie de pedidos a la Anses, PAMI, Banco Nación y otras. Sólo este año, la hábil lapicera del secretario consiguió para el Tesoro $ 43.500 millones, sólo de fondos públicos.
El ahora ministro tiene en su haber también la habilidad para “sacar la cabeza de los números”. El 17 de febrero de 2009, se lució con un plan de “hipotecas para todos”, basado en el modelo norteamericano: los bancos prestarían y luego las deudas se securitizarían y serían adquiridas por la Anses.
Lorenzino también garantiza creativos “shocks de confianza”. El plan de recompra de deuda en agosto de 2008 y el pago anticipado del Boden en 2009 fueron jugadas de costo cero del ahora ministro.





Comentá la nota