El nuevo diputado radical Walter Molina, quien asumió el sábado pasado, manifestó que Closs perdió legitimidad cuando no respetó la legalidad de la Constitución provincial.
Molina expresó que la legitimidad se enjuicia en la capacidad de un poder para obtener obediencia sin necesidad de recurrir a la coacción, de tal forma que un Estado es legítimo si existe un consenso entre los miembros de la comunidad política para aceptar la autoridad vigente. Pero al no respetar la legalidad que implica, en primer lugar, la supremacía de la Constitución y de la ley como expresión de la voluntad general, frente a todos los poderes públicos, “Closs perdió toda legitimidad”.
Paralelamente el legislador analizó que si bien “Closs obtuvo un amplio margen en las elecciones del 26 de junio, no fue por mérito propio, fue porque coexistió una oposición fraccionada” que facilitó la reelección del renovador radical. Recordó además que el fallido intento para la conformación de un frente opositor (entre el radicalismo y Unión Popular) también allanó el camino del aristobuleño hacia la “rosadita”.
En los comicios provinciales del 26 de junio de 2011, Maurice Closs logró la reelección con más de 300 mil votos. Este respaldo de “legitimidad” por parte del pueblo misionero suponía al primer mandatario tomando las riendas de la Renovación. Esto nunca sucedió, ya que el rovirismo se encargó de marcar los límites.
Relacionado a este punto, propios y ajenos a la renovación piensan que: “Closs no le ganó a nadie”. Coincidiendo con Molina, consideran que no había una oposición, había opositores dispersados en nueve candidatos a gobernador, más Closs. Tal fue la dispersión de postulantes a gobernador que el voto en blanco se convirtió en la segunda opción más votada por el electorado misionero, con más de 40 mil sufragios.
Todos estos argumentos hacen recapitularse: donde está la legitimidad de Closs en el Gobierno; paralelamente forja preguntarse también ¿Dónde está el verdadero poder hoy dentro de la renovación?

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