Un equipo de antropólogos forenses trabaja para identificar a cientos de migrantes centroamericanos asesinados y enterrados en fosas comunes en Chiapas
Víctimas de abusos, agresiones y torturas sin nombre, muchos no viven para contar el final de su historia y sus cuerpos son enterrados, sin ceremonias ni nadie que los llore y que los despida, en fosas comunes de cementerios locales.
Ahora, un equipo de forenses argentinos puso manos a la obra en el estado mexicano de Chiapas, en la ciudad de Tapachula, paso obligado de los emigrantes que aspiran a llegar a California, Arizona, Texas o Nuevo México.
Su objetivo es identificar cientos de restos de inmigrantes, algunos de los cuales llevan años bajo tierra, e informar con tacto y con precisión sobre su paradero a las familias, que los esperan desde siempre y allá lejos, cientos de kilómetros al Sur.
"Los familiares no saben qué pasó con el ser querido, si está vivo o si está muerto. Pasan los años y se mantiene la angustia y el dolor de no saber el destino de su familiar", dijo a LA NACION el director del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Luis Frondebrider, con sede en un antiguo departamento del barrio del Once.
Esas palabras valen para México y para los 40 países en los que trabajó esta ONG creada en los ochenta para localizar a víctimas de la dictadura militar. Luego siguieron investigaciones de masacres en Bosnia, Croacia, Kosovo, Darfur, Congo, Colombia o Guatemala, por citar sólo un puñado de casos de la inagotable cantera del horror.
Esta vez trabajan en fosas comunes del cementerio de Tapachula. "Lo que estamos haciendo es exhumar los restos no identificados que fueron enterrados en los últimos doce años, en distintos momentos, y que podrían corresponder a migrantes centroamericanos", dijo, en diálogo telefónico, Mercedes Doretti, que dirige la misión en Chiapas.
Doretti y el equipo de 10 profesionales que la acompañan se quedarán hasta mediados de septiembre removiendo la tierra para poner nombre y apellido a los huesos. Esperan exhumar unos 80 cuerpos, aunque la misión podría extenderse. Según dijo, cada día en las fosas les trae "una nueva sorpresa".
"Chiapas es el primer punto donde los centroamericanos que van a Estados Unidos pueden perderse o les puede pasar cosas. Todo a lo largo del camino del migrante hay muchos lugares donde los restos se entierran sin saber a quiénes pertenecen", dijo Doretti.
¿Qué cosas les pueden pasar? Las consecuencias naturales de la precariedad y la indefensión que llevan a cuestas: algunos mueren ahogados al cruzar el río fronterizo, otros son asaltados en los caminos, y otros son secuestrados por el crimen organizado. Los secuestradores exigen un rescate de 1500 a 5000 dólares a los familiares de las víctimas.
LO PEOR, LA INCERTIDUMBRE
Los cuerpos de Tapachula serán sometidos a un sinfín de análisis en una morgue montada en instalaciones facilitadas por dirigentes locales, que también participan de la investigación. Con esas muestras los forenses trazarán el "perfil biológico" de la víctima, consignando datos como sexo, edad, estatura y las características dentales. También tomarán muestras de ADN.
Se trata de los primeros desentierros en Chiapas a cargo del EAAF. Pero ya hubo un trabajo previo al otro lado de la frontera, un estudio sobre el terreno en poblados de Honduras, El Salvador y Guatemala. Allí entrevistaron y tomaron muestras genéticas a familiares que jamás volvieron a saber de sus viajeros, y que al cabo del tiempo, sin noticias y sin indicios, denunciaron su desaparición.
Toda la información es ingresada en un banco de datos y luego se hacen cruces para obtener coincidencias. De hecho, Tapachula es el arranque de una tarea más amplia, el Proyecto Frontera, que aspira a centralizar los datos de cuerpos y familiares de América Central, México y Estados Unidos.
Tanto esfuerzo tiene sus recompensas. "Para los familiares de un migrante desaparecido, la incertidumbre es lo más difícil de soportar", señaló Doretti. "Te dicen: No puedo dormir, no puedo pensar en otra cosa, no puedo pensar en mis otros hijos porque estoy buscando a éste que se perdió".
ASÍ SE DECODIFICA LA BARBARIE
Exhumaciones. Los antropólogos forenses trabajan en fosas como ésta de la localidad de Los Plantares, en El Salvador. El año pasado exhumaron allí los cadáveres de una masacre cometida por el ejército salvadoreño contra cerca de 70 civiles en 1982.
Identificación. Guatemala fue otro escenario de matanzas, como el caso de Petén, en 1982, donde fueron masacradas 300 personas. Los familiares volvieron a enterrar a sus muertos una vez identificados, en 1995.
Búsqueda. Las investigaciones incluyen entrevistas y tomas de muestras de familiares de desaparecidos, como este hombre de Los Plantares, en El Salvador, que exhibe una foto de su hijo, una de las víctimas del ejército.
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