Las calles del centro puntano hicieron de pista para los deportistas. Distintas generaciones participaron de la maratón.
Esta fue la primera vez que organizaron una carrera bajo este lema. “La idea surgió hace un mes atrás. Queríamos sintetizar el espíritu de fiesta del deporte que representan los Juegos”, contó Ramón Cabrera uno de los organizadores.
El resultado fue exitoso. El centro vivió por completo la alegría de las Olimpíadas, incluso hubo una antorcha y más de 150 premios para entregar a los que completaron las etapas. “Cinco atletas veteranos, mayores de 70 años, dieron el fuego a las nuevas generaciones como un símbolo de la trascendencia de este evento a nivel mundial”, explicó y agregó que participaron chicos con discapacidades diferentes que fueron “los encargados de izar la bandera olímpica y la argentina”.
“Quisimos resaltar la importancia de la actividad física bajo un buen clima, que no sea de competencia sino que sea una herramienta para derribar la barrera del “yo no puedo” y animarse a participar”, agregó. Por eso, hubo espacios para las distintas edades y niveles.
Una categoría infantil que agrupaba a los chicos de 3 a 15 años que consistía en girar alrededor de la plaza Pringles; una promocional de dos millas que iba por la calle San Martín hasta la avenida España y luego volvía a Junín y Rivadavia; y una oficial de 10 millas que iba por la avenida Illia hasta Lafinur, regresaba y repetía el recorrido tres veces.
La maratón terminó a las 18 con la satisfacción y la felicidad de haber hecho una buen trabajo, de haber logrado una meta.
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