Por Mariano GrondonaPlutarco fue un historiador griego que escribió en el siglo I después de Cristo, en plena civilización grecorromana, sus famosas Vidas paralelas, en las cuales comparaba a grandes personajes de la Antigüedad, generalmente uno griego y otro romano (Alejandro Magno y Julio César, por ejemplo) para subrayar sus semejanzas y sus diferencias. A él le debemos, por eso, la difusión del "método comparativo". ¿Será posible extender el método de Plutarco a figuras actuales como, por ejemplo, el venezolano Chávez y el argentino Kirchner? Aun cuando alguien podría objetar que estos personajes son pequeños y efímeros al lado de los gigantes de la Antigüedad, estudiarlos "de a dos", como lo hizo Plutarco, sería útil y atractivo.
El "semichavismo" de Kirchner pareció confirmarse por dos razones. Una es que, en tanto que Chávez logró una proporción ampliamente mayoritaria de bancas pese a su derrota electoral porque distorsionó por completo el diseño de los distritos electorales, esto no ha ocurrido en la Argentina. La otra es que Kirchner se animó a sugerir a Chávez que, a la vista del resultado adverso de los comicios, ensayara una autocrítica de su gestión. Contra este argumento podría alegarse que Kirchner no ensayó ninguna autocrítica después del 28 de junio, exhortando al contrario a sus seguidores a "profundizar el modelo", y que su propia esposa elogió además sin reservas a Chávez en su Twitter después de su derrota, registrándose aquí, por primera vez, opuestas actitudes en la pareja del poder.
Tanto el ciclo de Chávez como el de Kirchner, ¿están apuntando hacia abajo? ¿Han iniciado ambos su cuenta regresiva? Chávez, cuyo poder nació en 1998, intentará su reelección en 2012 y todavía atrae a casi la mitad de los votantes. Kirchner, por su parte, nació al poder en 2003 y aspira a lograr en nuestra propia elección presidencial de 2011 un 40 por ciento de los votos, una meta que todavía suena distante. Chávez, por consiguiente, ha durado más y todavía tiene más votos que su émulo argentino. La intención de los dos ha sido idéntica: tener todo el poder por todo el tiempo. Ninguno ha obtenido esta ambiciosa meta. Con una duración y un respaldo diferentes, en todo caso, tanto el "maestro" como el "discípulo" se están topando con un obstáculo común: la creciente vocación republicana de nuestros pueblos.
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