A nueve meses de los comicios en los que el presidente Hugo Chávez se juega la tercera reelección y la continuidad de su proyecto político, el líder izquierdista afirmó ayer que estaba dispuesto a reconocer una eventual derrota y exigió a la oposición a que se comprometa a lo mismo.
Destacó en su discurso, que se transmitió en cadena de radio y televisión, que el 2012 será un “año de pruebas” y de “confrontaciones de ideas”, pero aseguró que estaba confiado de que se impondrá la “institucionalidad”.
“Estoy parado, completo, y entero”, expresó Chávez, al asegurar que había superado el cáncer que enfrentó a mediados del año pasado. “Me hacía falta el cáncer. Le doy gracias a Dios”, dijo el gobernante al señalar que el padecimiento lo ayudó a “frenar en seco”.
El gobernante, de 57 años, acudió ante el congreso, dominado por los aliados del gobierno, para exponer la “Memoria y Cuenta” de su gestión del 2011, en un país afectado por la creciente delincuencia y galopante inflación.
El mandatario aprovechó el acto para defender la visita que realizó a comienzos de semana a Caracas el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, la cual fue cuestionada por los opositores y Estados Unidos.
Señaló que el líder persa es “un buen hombre. No es ningún fanático religioso”.
Defendió a su vez el programa nuclear iraní, destacando que “no hay ninguna prueba” de que Irán está desarrollando armas atómicas.
Al rechazar los cuestionamientos que han hecho opositores a su gestión por la creciente criminalidad que enfrenta Venezuela, Chávez dijo que “no es política” que se utilice ese problema para confrontarlo. “La responsabilidad de todos los problemas del país es de todos nosotros”, agregó.
Bajo la consigna “el pueblo lo sabe y tiene razón, aquí el que manda es Chávez y la revolución”, varios miles de seguidores del mandatario y empleados públicos, con sus características franelas rojas, se concentraron en los alrededores de la Asamblea Nacional para acompañar desde las calles al gobernante.
En medio de una fuerte custodia, Chávez salió del palacio presidencial en un vehículo descapotado y recorrió en caravana algunas calles del centro de Caracas hasta la sede del congreso.
La alta delincuencia y galopante inflación son considerados por la oposición como las mayores debilidades del gobierno de Chávez, quien empero mantiene su popularidad sobre 50%, según estimaciones de las principales encuestas locales.
El diputado oficialista Darío Vivas admitió ayer, durante una entrevista en la televisora estatal, que un “punto débil” de la gestión de Chávez es el problema de la criminalidad.
“Hay un problema de inseguridad que se ha venido dando, y en este sentido el comandante (Chávez) tiene muchas cosas que decir, desde el punto de vista de cómo ha enfrentado el gobierno esta situación”, expresó el congresista.
El bloque opositor objetó en un comunicado la gestión que cumplió Chávez durante el 2011 en materia de seguridad, economía, vivienda, y salud, y dijo que era lamentable que el mandatario siga “desconociendo los problemas de la gente por estar ocupado en perpetuarse en el poder”.
La llamada “Mesa de la Unidad Democrática” señaló que la corrupción, la falta de elementos científicos, técnicos y operativos para enfrentar el fenómeno de la criminalidad, la politización de las instituciones y la asignación insuficiente de recursos, han agravado la inseguridad personal, que es considerada por los venezolanos como su mayor problema.
De acuerdo a cifras de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), durante el 2011 fueron asesinadas 19.336 personas, lo que representó un aumento de 10% respecto al año anterior cuando se registraron 17.600 homicidios.
Entre 1998 y el 2010 la tasa de homicidios casi se triplicó, al pasar de 19 a 57 homicidios por cada 100.000 habitantes, lo que convierte a Venezuela en uno de los más violentos de la región, agregó.


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