Por Leandro Dario.
El presidente aseguró anoche que se “reconocerá la voz del pueblo”. La oposición apuesta al batacazo. Los militares y el temor a la violencia.
Esta noche se develará un interrogante que le quita el sueño a Venezuela y a América Latina: ¿el presidente Hugo Chávez asistirá al fin de su encumbrada carrera política o arrasará nuevamente en las urnas con una victoria aplastante, como prometió en el cierre de su campaña? En una contienda electoral histórica, las dudas e incertidumbres coparon ayer Caracas, ante la posibilidad de una definición ajustada y por la mínima diferencia, y ante el rol que tendrán las Fuerzas Armadas bolivarianas en una eventual transición. El aspirante de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles Radonski, llega al 7 de octubre con posibilidades de desbancar al chavismo del poder, tras 14 años de mandato. Por su parte, el jefe de Estado, tras una campaña en la que superó dos operaciones en las que le extirparon un tumor maligno, colapsó el jueves el centro de Caracas con un aluvión de militantes dispuestos a regalarle su cuarta reelección consecutiva.
Durante los tres meses de campaña, los dos candidatos nunca debatieron, pero se interpelaron continuamente, con cuestionamientos y provocaciones. “El candidato burgués dice que 4 millones de venezolanos se acuestan sin comer, eso era cierto en 1998”, aseguró Chávez en julio. En otras ocasiones, apodó a Capriles de “majunche” (cerdo), lo vinculó con el imperialismo y dijo que era un “ricachón”. Además, se animó a calificarlo como “un analfabeto político”. Socialismo fue el concepto que más reiteró en su plataforma de gobierno –44 veces– y lo asoció a un “proyecto abierto y en dialéctica construcción”.
Por su parte, el líder de la oposición y ex gobernador de Miranda buscó erigirse como un candidato de unidad, para amalgamar a su amplia coalición de izquierda y derecha. “Voy a ser el presidente de todos los venezolanos”, destacó el 10 de junio, en el primer discurso que dio en su carrera para conquistar el Palacio de Miraflores. Y “el Flaco”, como se autodenominó en los actos de campaña, les envió un mensaje a los chavistas desencantados: “Venezuela va a amanecer el 8 de octubre unida. Yo también quiero ser el presidente de los rojos”. A diferencia de campañas anteriores –más centradas en confrontar con el chavismo–, la palabra que más pronunció durante su visita a 300 localidades en los últimos 3 meses fue “progreso”, que repitió 32 veces en igual cantidad de hojas en su programa de gobierno, presentado ante la Comisión Nacional Electoral (CNE).
Ante el crecimiento de su adversario, Chávez apostó por movilizar a la Venezuela bolivariana. “Nos estamos jugando la vida de la Patria”, arengó el jueves, ante cientos de miles de seguidores vestidos de “rojo, rojito”. Y, apelando a su mística y magnetismo personal, pidió “que no se escape ningún voto el domingo”, consciente de la trascendencia de las elecciones presidenciales.
“Presidente Chávez, desde aquí, en nombre de nuestro pueblo, le doy las gracias por lo bueno que usted haya podido hacer. Por lo malo y por lo que usted haya dejado de hacer, la historia se encargará de juzgarlo”, le respondió Capriles en su cierre de campaña, en el ex bastión chavista de Lara. Ante la posibilidad de 20 años de gobierno, la oposición cerró filas tras el joven de 40 años que se impuso en las internas del 12 de febrero. Con casi 19 millones de personas habilitadas para votar, el número mágico para ambas coaliciones es superar los cinco millones que cosecharon en las legislativas de 2010.
Con un ambiente caldeado, en el que ambas campañas sostienen que su contraparte apelará a denuncias de fraude para desconocer los resultados, las Fuerzas Armadas juran que respetarán el orden constitucional. “Estamos capacitados, equipados y motivados para cumplir una vez más con la misión de preservar la democracia en Venezuela”, aseguró ayer el ministro de Defensa Henry Rangel Silva, al tiempo que informó que 139 mil efectivos custodiarán los centros de votación.
Detenido en la cárcel militar de Ramo Verde, el general Raúl Baduel, ex ladero de Chávez y ahora ferviente opositor, afirmó que el 80% del Ejército es democrático y que el 20% restante es fiel a Chávez, dudando de la imparcialidad de Rangel Silva. “La amenaza de violencia es muy alta en un país que es la cuarta fuente más importante de petróleo de los Estados Unidos”, escribió el politólogo Javier Corrales en la revista Foreign Affairs, al informar sobre la tensión preelectoral.
Capriles acató la veda electoral, en cambio, Chávez dijo que “todos los actores respetarán la voz del pueblo”. Pase lo que pase hoy, habrán marcado la historia de Venezuela, ya sea por veinte años consecutivos del militar de Barinas en el poder o por el fin del chavismo.


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