Chávez, un campeón electoral bajo acecho

Por Daniel Lozano |

Con el suspiro final, el comandante se vistió de cordero. En la última entrevista emitida en tiempo límite, Hugo Chávez profundizó en su autocrítica, planteó la amnistía para Pedro Carmona (presidente durante el golpe de Estado de 2002), y dijo que también lleva a los opositores en su corazón. El famoso "corazón del pueblo" convertido en territorio común a última hora y a la fuerza. Algo estaba pasando.

Durante las jornadas de reflexión de ayer y anteayer, se reprodujeron los síntomas. Aprovechándose de la docilidad del Consejo Nacional Electoral (CNE), el oficialismo vulneró la tregua electoral con un operativo relámpago, de evidentes tintes proselitistas, para entregar cientos de viviendas a damnificados de las inundaciones. Chávez se animó a gritar en su Twitter: "Viviendas dignas para nuestro pueblo. ¡Cuán feliz me siento!".

Una de ellas, Carmen C., fue avisada a mitad del día para que fuera corriendo a toda velocidad a recoger la casa tantas veces prometida. Eso sí, debía comportarse revolucionariamente en la retransmisión televisiva.

En el trasfondo, muchas dudas sobre el resultado electoral y una sola evidencia: Chávez, campeón electoral de América latina, ha llegado a la instancia final más vulnerable que nunca en las elecciones más reñidas de la historia reciente de Venezuela. Un pulso tan apretado que todavía hoy se repite la misma pregunta en panaderías, cafés o en la calle: "¿Cómo ves la vaina?".

Los sondeos predicen una lucha urna a urna nunca vivida antes. Al oficialismo, pese a contar con un 40% de chavismo duro e incondicional, le cuesta sumar más votos. Así lo demuestra el listado de resultados electorales desde que, en 2006, Chávez arrasara con el 62% de los votos.

El cierre de Radio Caracas TV y el desembarco en la lucha social de jóvenes universitarios provocaron la derrota gubernamental en el referendo de 2007. Un año más tarde, caían en las regionales Caracas y los estados más grandes del país. Las grandes ciudades castigaban la pésima gestión del gobierno en asuntos urbanos clave y los constantes casos de corrupción. En las parlamentarias de 2010, se confirmó la tendencia: el Partido Socialista Único de Venezuela (PSUV) conquistó 5.400.000 votos frente a los 5.300.000 de la MUD. A Chávez le empezaba a doler su talón de Aquiles: la ineficacia administrativa y el desgaste de poder.

"La vulnerabilidad de Chávez es producto del desencanto con su acción de gobierno, con políticas que desconocen las libertades y los derechos ciudadanos, autocrática, antiobrera y militarista." Las palabras de Vladimir Villegas son de las que estremecen el palacio presidencial de Miraflores. Aliado en la primera etapa, Villegas milita hoy en Avanzada Progresista, el ala de la izquierda opositora.

Un factor nuevo e imprevisto apareció en junio de 2011: el cáncer de Chávez. La solidaridad inicial repercutió en las encuestas; luego, vinieron las dudas, que hoy persisten tras una campaña atípica, marcada por ausencias intermitentes del líder bolivariano. "Se trata de la campaña de un gobernante que se despide y está afectada por una doble enfermedad: su gravísimo problema de salud y la enfermedad de un Estado colapsado", explica Villegas, buen conocedor de las entrañas del oficialismo.

Cada mitin venía acompañado de un día de desaparición. De ser un huracán electoral, Chávez paso a convertirse en lo viejo, lo cansado y lo de siempre, frente a lo nuevo, lo vigoroso y el cambio representado por Henrique Capriles. Mientras Chávez pasaba encerrado en Miraflores las últimas horas, Capriles trotaba por la ciudad y no paraba de recibir ovaciones de sus seguidores. La ola imparable de fervor popular ni siquiera quiso descansar en la jornada previa.

En el otro lado, los diluvios cayeron, sin paraguas. En agosto, la tragedia de Yare sumó 26 muertos a las cárceles más violentas del planeta. La caída del puente de Cúpira incomunicó al país durante días. La rebelión de sindicalistas en Bolívar fue retransmitida en directo, y sin querer, por la televisión pública. El accidente de Amuay y sus 44 muertos golpearon a toda la sociedad.

Y Chávez, uno de los oradores más divertidos del planeta, capaz de mezclar las técnicas de un predicador evangélico con la arenga militar y populista sin caer en errores de bulto, comenzó a cometerlos. En el funeral de Amuay, afirmó fríamente que "la función debe continuar", para añadir que "todos los muertos resucitan cada día con la victoria de la patria". Semanas más tarde se emocionaba pidiendo más vida. Para él.

En un mitin en Vargas encadenó, fuera de sí, once insultos seguidos contra Capriles. En cuatro ocasiones distintas, apeló a la guerra civil en caso de victoria opositora. Y en Monagas dejó boquiabiertos, incluso, a sus seguidores: "Lo que está en juego no es si la calle está asfaltada o no, si me dieron la casa, si estoy bravo con los dirigentes. ¡Nos estamos jugando la vida de la patria!".

Dos patrias muy distintas para un solo país. Venezuela decide hoy con cuál se queda..

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