Chivilcoy: La inseguridad que se viene

El delincuente profesional opera como un sociólogo capaz de leer a su comunidad. Parte del “éxito” de su tarea dependerá de la inteligencia previa que realice, acción que excede el simple hecho de estudiar la vida y el comportamiento de las víctimas potenciales.
El cepo al dólar y los intentos de pesificación forzada, hacen que la gente esquive los bancos y, en algunos casos, hasta las cajas de seguridad (nos volvimos paranoicos con razón). Arrinconada por los cuatro costados, la población queda expuesta a una deducción delincuencial lógica: ¿Dónde está la plata? De ahí a pensar en el colchón no hay demasiada distancia ni se necesita hacer un curso en Harvard. Peor aún, ¿cómo evitar la sesión de torturas si de verdad no hay dinero en la casa? Son varias las personas que guardan algo “por las dudas”. Claro que casi nunca alcanza para saciar la voracidad de los maleantes que, como todos en la sociedad que supimos construir, pretenden hacerse ricos en un día. Para colmo de males, vivimos dentro de un clima que parece atacar a quienes poseen algo, culpabilizándolos por generar riquezas en una comunidad con carencias. Sin entender que la única forma de salir del pozo es, justamente, dejando que la gente crezca. Ahora bien, en comparación a Chivilcoy, Junín es un paraíso. De todas formas, deberíamos detenernos un poco en esa realidad con el objetivo de prevenir lo que tarde o temprano llegará a estos pagos.

La situación en Chivilcoy va camino a convertirse en un verdadero escándalo que no está siendo reflejado por los medios en su real dimensión. Lo que parece ser una misma banda muy entrenada y profesional, diezmó campos en un mes y monedas. Un simple recuento asusta y desconcierta: “Finca Fértil” el 2 de mayo, el 15 del mismo mes estancia “La Maruja”, 15 de junio le tocó al campo “Enrique Solari”, 23 cabaña “El Chisco y las Boleadoras”, 29 estancia “La Rosa”. Y el 4 de julio los “homenajeados” fueron “Solari Hermanos” (por nombrar sólo algunos). En todos los casos la modalidad es idéntica. Cuatro hombres que operan con total impunidad, llegando incluso a tomarse el tiempo de comer en los campos y estancia asaltadas, mientras sus ocupantes son reducidos. Se sospecha que la denominada banda “nómade” (por su sagacidad a la hora de trasladarse) podría estar conformada por ex efectivos de las fuerzas de seguridad, ya que se mueven utilizando no sólo astucia sino también tecnología. La gran pregunta es: ¿Tienen datos precisos? Según afirmaron varias de las víctimas a LA VERDAD, la banda tiene seguridad de que hay dinero en la vivienda o establecimiento, pero semejante convicción obedece más a una deducción sociológica que a una fija aportada por alguien.

Si antes poníamos de ejemplo a Chivilcoy ahora, y gracias a la creciente recesión y sus derivados, la inocultable “riqueza” de aquella ciudad parece jugarle en contra a los pobladores que, tanto en las zonas urbanas como rurales, están indefensos ante una ola de delincuencia que no para de crecer y sofisticarse. Parece que una de las técnicas más utilizadas es entrar a trabajar a los campos (en negro y utilizando datos falsos) y realizar un relevamiento del terreno que después resultará muy útil a la hora del robo. También se detectaron empleados infieles que “vendieron” a sus patrones. Algunas localidades como Lobos obtuvieron buenos resultados previniendo, generando circuitos de comunicación y alerta que comprometen a los vecinos, las fuerza de seguridad y políticas. Sería interesante ver cómo esos métodos pueden reproducirse acá en Junín, porque las bandas viajan y no estamos demasiado lejos de Chivilcoy ni somos demasiado diferentes a ellos.

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