Por Edi Zunino.Si la operada de carótida hubiera sido Elisa Carrió, seguro que el lenguaraz de Aníbal Fernández habría dado por confirmado que a la chaqueña no le sube el agua al tanque.
—En el quinto piso nadie tiene pensado morirse. Así que puede ir nomás, padre –tuvieron orden de decirle los custodios presidenciales al sacerdote Juan Torrella, enviado allí por el arzobispo Jorge Bergoglio para darle a Kirchner, con presumible mal gusto, la unción de los enfermos.
La puerta del Sanatorio de Los Arcos iba tomando un color llamativo, entre un santuario y un acto de campaña. Imágenes del ex presidente y su sucesora esposa, velas, carteles de "¡Fuerza, Néstor" y jóvenes de La Cámpora (agrupación juvenil fundada por Máximo, el primogénito K) con remeras que decían "Perón vive, Néstor vuelve", que en ese contexto sonaban a "Néstor vive" y carecían del espacio suficiente para explicar que Perón volvió porque estuvo casi veinte años exiliado y no ansiando una virtual tercera reelección desde la inédita y mucho más cómoda categoría de primer caballero y flamante diputado
nacional.
Me dicen que, ya de vuelta pero en la residencia de Olivos (donde tiene indicada una dieta sin nada de colesterol y que ni se le ocurra agacharse a levantar nada), a Kirchner le llamó la atención que el más impresionado por su tajo en el cuello fuera Jorge Milton "Coqui" Capitanich, quien lo visitó durante largas tres horas el martes. Las malas lenguas pingüinas susurran que, en realidad, lo que más impactó al gobernador del Chaco fue la decisión de adelantar la reasunción de K en el PJ para el 10 de marzo en Resistencia, donde también se haría (en julio) la reunión de presidentes del Mercosur. El mandatario norteño dio las gracias, pero parece que los besucones con el Gobierno nacional ya lo alteran aún más que su ex mujer, Sandra Mendoza, empecinada en defenestrarlo: la actual diputada está armando una red por mail y mensajitos de texto para lograr que no la aparten de sus hijos.
Mientras Capitanich dejaba la quinta, los asistentes de Cristina redondeaban la visita presidencial a la inauguración de la nueva sede de la Federación Nacional de Peones de Taxis, al día siguiente. Allí, ente una multitud de tacheros con banderas y gorritas y flanqueda por Hugo Moyano y Omar Viviani, la Señora reforzó el estilo stand up de sus últimas apariciones públicas:
—Kirchner nunca se fue de la cancha ni se irá, sólo está en el banquito por unos días porque se lesionó. Don Quijote decía: "Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos". Pero voy a adaptar la frase a una versión cristinesca: "¡Ladran, Sancho, señal de que son perros!" –dijo. Curiosa la comparación entre la arteria que alimenta el cerebro y los ligamentos cruzados de una rodilla o un isquiotibial. ¿No? Curiosidad II: uno de los principales escuderos comerciales de los Kirchner se llama Carlos Sancho.
Tres taxistas que me llevaron de acá para allá esta semana (sin tener la menor idea de quién soy ni de qué trabajo) me contaron que estuvieron en el acto de su gremio y que no llegaron allí precisamente por pasión, militancia o simpatía. Para cada uno había una gorrita y una bandera. Los regentes de las principales paradas de la ciudad (que son las más rentables y en las que hay que pagar para pertenecer) eran los encargados de las "gentiles invitaciones". Les pregunté si conocían La marcha del taximetrista, compuesta por Rodolfo Sciamarella (autor de célebres tangos como No te engañes, corazón y Llevátelo todo y de la mismísima Marcha peronista). Ninguno se la sabía. A dos se las canté: "Los taximetristas / para el pueblo entero / somos mensajeros de felicicidad. / Somos peronistas / y justicialistas de verdad". No lo podían creer.






Comentá la nota