Al cerrar la sesión anual del Congreso Popular, el gobierno de Pekín declaró que prefiere no verse como una gran potencia que asume responsabilidades en el mundo. "Faltan cien años para llegar a eso", dijo el premier Wen Jiabao.
El jefe de gobierno rebajó llamativamente las expectativas al término de la sesión plenaria anual del Congreso Popular chino. La imagen que ofreció de una China pobre, que ya tiene suficientes problemas, no hace justicia a su gran influencia en el mundo. China acaba de sustituir a Alemania como mayor nación exportadora del mundo y adelantará en los próximos meses a Japón como segunda mayor economía del mundo.
Ninguno de los problemas globales –ya sea el cambio climático, la configuración de un nuevo sistema financiero, la atascada ronda de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio o las disputas nucleares con Irán y Corea del Norte– puede resolverse sin la ayuda de China. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas China cuenta desde hace mucho tiempo con derecho a veto.
"China es ahora una potencia global", concluye un estudio del Consejo Europeo para Relaciones Exteriores (European Council on Foreign Relations). "Las decisiones que se adoptan en Pekín son decisivas para prácticamente todos los asuntos globales de la comunidad europea, ya sea el cambio climático, la proliferación nuclear o la reconstrucción de la estabilidad económica". El documento no exime al líder comunista en Pekín de sus responsabilidades: "China se ha vuelto demasiado rica y poderosa como para continuar operando bajo el radar". Pero China es reacia a asumir el papel del "participante responsable" que se le atribuye.
El tira y afloja en torno a la imposición de nuevas sanciones a Irán o su presencia en África demuestran que China persigue más bien sus propios intereses. "China es un país responsable", afirmó Wen Jiabao. Los dirigentes en Pekín gustan de eludir la asunción de mayores responsabilidades con el argumento de que China ya contribuye lo suficiente al resto del mundo manteniendo su propia casa en orden.
La política exterior china parece reducirse a dos objetivos fundamentales: al desarrollo económico y la protección de su soberanía e integridad territorial –como en el caso de Taiwán, el Tíbet y las disputas con los países vecinos por el control de áreas marítimas ricas en petróleo. (DPA)
Lula hace jogo bonito mientras busca la paz en Cercano Oriente
En Jerusalén comenzó ayer Luiz Inácio Lula da Silva la primera gira de un jefe de Estado brasileño en Cercano Oriente desde 1876. Con la meta de estrechar relaciones comerciales y convertir a su país en mediador en el interrumpido diálogo de paz, Lula será recibido hoy por el presidente israelí Shimon Peres y luego por el premier derechista Benjamin Netanyahu en el Knesset (Parlamento). Allí pronunciará un discurso frente a los 120 diputados judíos antes de partir mañana hacia Belén, donde lo espera su colega palestino Mahmud Abás. A ambos les ofrecerá que negocien con "jugadores que puedan proponer nuevas ideas y tengan acceso a todos los niveles del conflicto".


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