Los trabajadores chinos empiezan a organizarse en sindicatos para reclamar por bajos sueldos. Una mejora salarial empujaría el mercado interno pero podría desacelerar las exportaciones
El disparador fue el suicidio de 10 jóvenes empleados de la multinacional taiwanesa Foxconn en Shenzhen, al sur del país. Pero más allá de las cuestiones sindicales, es claro que China está atravesando una etapa de cambios profundos que sin duda tendrán trascendencia mundial. Si bien por un lado las subas en los salarios traerán consigo un crecimiento del consumo y por lo tanto se agrandará aún más el inmenso mercado importador chino, al mismo tiempo estos aumentos implican una reducción en los márgenes de ganancia de las empresas y la consecuente posibilidad de desacelerar las exportaciones.
Son varios los factores que condicionan esta transformación de las relaciones laborales en China. Uno de ellos, señala Sergio Cesarin, investigador del Conicet especializado en Asia, es el fin de un ciclo de ’”aprovisionamiento constante de mano de obra barata proveniente de zonas rurales”. Y explica que es precisamente por esos sueldos miserables que se está frenando la migración interna.
Otro factor que también influye es la carencia de mano de obra joven por el “efecto envejecimiento” (política de un solo hijo): pocos jóvenes aspiran a ocupar miles de puestos de trabajo y la demanda laboral insatisfecha presiona al alza los salarios. Señala además que las protestas obreras “son en parte inducidas y de hecho aceptadas por el gobierno central” ya que Beijing ve en ellas un signo de descompresión social interna, ante la creciente tensión generada por la desigualdad. Y un factor de distensión externo, porque erosiona los argumentos más duros sobre los fundamentos de la “competitividad” global de las firmas que producen en China debido a los bajos costos laborales.
Algunos analistas sostienen que esta situación encubre modificaciones importantes en el escenario de negocios en China. Cada vez más, las empresas extranjeras exportadoras se relocalizarán en otros países con disponibilidad de mano de obra joven y barata, como Vietnam.
Más ingreso, más consumo
Desde otra perspectiva, Jorge Castro, director del Instituto de Planeamiento Estratégico, describe el fenómeno como el punto de inflexión al que llega China como consecuencia de la crisis global y que se basa en que las restricciones de la oferta de mano de obra obligan a un aumento salarial de los trabajadores no calificados y a un crecimiento de la proporción de la masa salarial en el conjunto de la economía. Al aumentar el nivel de ingresos de los trabajadores chinos, explica, la capacidad de consumo se multiplica y deviene en el principal estímulo al auge del mercado interno.
“Este fenómeno tiene una importancia histórica porque implica la aparición de un nuevo mecanismo de acumulación con carácter global, cuyo eje son China y los países emergentes”, comenta Castro.
En pocos años el gigante asiático ha dejado de ser una gran fábrica barata para convertirse en la segunda economía mundial. Esta nueva realidad implica, más allá de los cambios en el comercio internacional, un giro trascendental en el escenario político mundial en el que Beijing deberá asumir mayores responsabilidades
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