China y Francia inauguran una "luna de miel"

Sarkozy y Hu cerraron acuerdos con empresas francesas por 23.000 millones de dólares

PARIS.- Cuando el presidente chino, Hu Jintao, llegó ayer a París para una visita de tres días, el gobierno francés lo recibió con gran pompa. Esos honores estaban destinados a celebrar la nueva luna de miel entre ambos países, cuya "lista de casamiento" incluyó contratos por unos 23.000 millones de dólares en beneficio de las empresas locales.

Alfombra roja, escolta de la Guardia Republicana a caballo y el presidente Nicolas Sarkozy, que se desplazó personalmente junto con su esposa, Carla Bruni, recibieron a Hu cuando llegó al aeropuerto de Orly.

Para esta segunda visita de Estado del número uno chino, el gobierno no escatimó esfuerzos para hacer olvidar todo vestigio de tensión que podría haber perdurado desde 2008, con el agitado paso de la antorcha olímpica por París y el encuentro de Sarkozy con el Dalai Lama.

Aunque no hubo conferencia de prensa, todo parece haber salido a la perfección. Como estaba previsto, la primera visita de Hu al Palacio del Elíseo concluyó con la firma de una serie de acuerdos comerciales monumentales que, según la presidencia, "superan de lejos las precedentes visitas de dirigentes europeos a Pekín o chinos al extranjero".

Esa danza de acuerdos había comenzado antes de la llegada de Hu con tres contratos para Alcatel-Lucent por US$ 1563 millones y uno para Airbus, por 36 aviones, por US$ 5373 millones. Sumados a los contratos de ayer, Francia y China firmaron acuerdos aeronáuticos por un total de 102 aviones, por un monto global de US$ 14.000 millones.

Pekín tampoco olvidó sus necesidades en el terreno de la energía nuclear. La empresa Areva, especializada en fabricación de centrales nucleares, obtuvo un contrato de US$ 3500 millones para proveer en diez años 20.000 toneladas de uranio tratado.

Pero la magnitud de los acuerdos esconde mal el desequilibrio de las relaciones económicas entre China y Europa. El déficit comercial entre ambos se elevó de US$ 93.000 millones en el primer semestre de 2009 a US$ 101.000 millones en el mismo período de 2010.

En todo caso, las ambiciones chinas van mucho más lejos que su intención de hacer buenos negocios con la Unión Europea (UE). Según los analistas, con el establecimiento de estrechos lazos comerciales, Pekín espera obtener una mayor influencia en las políticas económicas que se deciden en Bruselas.

En Europa, la crisis financiera creó excelentes oportunidades para inversores con divisas disponibles y China lidera esa corriente. Su estrategia apunta a los países más frágiles del bloque, como España, Irlanda o Grecia, así como al control de puertos, autopistas e industrias en los países del Este y del Sur, que le permiten aumentar su presencia en la infraestructura vital.

Tampoco es casual que esas operaciones se produzcan en momentos en que China intenta resistir a la presión de europeos y estadounidenses para que aprecie su moneda. Pekín considera que sus gestos de generosidad deberían convencer a los europeos de renunciar un poco a esa insistencia.

París afirma que todos y cada uno de esos elementos han sido cuidadosamente analizados. "China no debe ser percibida como un riesgo, sino como una oportunidad", declaró Sarkozy.

Las grandes cuestiones internacionales y la delicada cuestión de las monedas, justamente, debían ser el plato de resistencia de la segunda reunión entre Hu y Sarkozy, que será hoy en Niza, la ciudad mediterránea que el líder chino quiso conocer.

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